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Los últimos reductos del café orgánico en la selva de Puno [CRÓNICA]

Un grupo de 20 pequeños caficultores del sector Cruz Pata, en la provincia de Sandia, cultivan este grano en una zona privilegiada. Ellos aspiran a seguir obteniendo galardones por su producto

El café de la marca Quechua, que este año ganó el Premio Mundial al Mejor Café de Calidad, en la categoría pequeños productores, de la feria Global Specialty Coffee EXPO Seattle 2018, realizado en Estados Unidos, no es un triunfo exclusivo de Vicentina Phocco Palero, productora puneña de esta bebida.

Unos 20 pequeños caficultores del sector Cruz Pata, anexo al centro poblado Quiquira, en el distrito Alto Inambari-Masiapo, provincia de Sandia, región Puno, quienes son vecinos de Vicentina, se sienten identificados con el logro y tienen la seguridad de que esa zona privilegiada para el cultivo de un café orgánico de calidad seguirá obteniendo nuevos galardones.

El último martes, El Comercio fue testigo de cómo estos 20 socios de la Cooperativa Túpac Amaru, al que pertenecen los productores de Cruz Pata, visitaron la parcela de Vicentina Phocco y su esposo Pablo Mamani Apaza, para felicitarlos por su triunfo.

Todos ellos se sienten más motivados para participar en esa clase de concursos y ganar. “En realidad hace años debimos ganar estos premios. Nos adelantaron nuestros vecinos de Putina Punco (Wilson Sucaticona y Raúl Mamani, anteriores ganadores de premios mundiales). A partir de ahora, nosotros ganaremos”, dice Lorenzo Quispe Mamani, vecino y productor cafetalero del lugar.

“Mi café alcanza 85 puntos de calidad, me falta un poco más de manejo para mejorar y ganar como mi vecina. Ahora voy a poner más empeño, necesito más capacitación y apoyo técnico para superar ese nivel”, manifiesta otra productora de café, Estela Luque Chipana.

La seguridad de don Lorenzo y doña Estela, así como la de otros vecinos, se basa en el hecho que esa zona, debido a su altitud, no fue tan golpeada por la plaga de la roya amarilla, que sí diezmó los cafetales en distritos vecinos como Yanahuaya, San Juan del Oro y Putina Punco, donde un 80% de las plantas fue afectado fuertemente.

En Cruz Pata también se presentó esta plaga, sin embargo, no fue tan devastador y la cosecha del café mantiene mejor nivel de producción, tanto así que varios productores de Putina Punco les compran para atender la demanda de sus clientes.

Otro factor positivo es la escasa presencia de cultivos de hoja de coca en toda esa zona. “Aquí no podemos sembrar coca, la tierra no es adecuada. Tampoco es posible por la altura donde nos ubicamos (2.040 m.s.n.m)”, indica Primitivo Apaza Quea, otro productor del lugar.

En buena cuenta, las áreas elevadas de Alto Inambari como Cruz Pata, parecen los últimos reductos para la producción de café orgánico de calidad lejos de la coca. En cambio, en las partes bajas donde están los productores cafetaleros de Putina Punco, San Juan del Oro e incluso el mismo Alto Inambari, los cafetales están prácticamente asfixiados por los cultivos de coca.

Esta premisa es confirmada por el ingeniero supervisor del Proyecto Café que impulsa la Municipalidad Distrital de Alto Inambari-Masiapo en convenio con la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida), John Iberos Apaza. “Por la condición fisiográfica del terreno, la coca no se adapta aquí en las partes altas de Alto Inambari”, precisa.

-Café en las nubes-

“Estoy muy contenta y feliz. Ahora seguiremos adelante buscando nuevos mercados, pero necesitamos apoyo para participar en las ferias”. El rostro de Vicentina Phocco refleja con intensidad su alegría. Agradece la ayuda de todos quienes la apoyaron en su logro. “Mis familiares y algunos vecinos me apoyan en ayni (sistema ancestral andino de apoyo comunal) durante las labores de cosecha y post
cosecha”, refiere doña Vicentina.

Desde hace 25 años están dedicados a la producción de café, una actividad heredada de sus padres. En 3,5 hectáreas de terreno producen unos 65 quintales de café al año y junto a su esposo, desde hace ocho años, son proveedores exclusivos de empresas norteamericanas como Equal, Aleco’s, entre otras.

En realidad, el café Quechua con el que ganaron en EE.UU., es una marca de la Central de Cooperativas Agrarias Cafetaleras de los Valles de Sandia (Cecovasa), quienes enviaron la muestra para el concurso en el país norteamericano. El nombre del café que cultivan y comercializan Pablo y Vicentina es 'Café de las Nubes' y ellos desean que así sea reconocido.

Para llegar hasta la parcela de la familia donde se produce este café, se debe ascender por una estrecha trocha rodeada de una densa vegetación durante unos 30 minutos. No tienen energía eléctrica y toda la producción es artesanal. Por ejemplo, el despulpado del fruto se efectúa en un molino con manija manual.

La pareja vive acompañada de uno de sus hijos menores, mientras que su otro hijo, el mayor, estudia en un colegio ubicado en la lejana ciudad de Putina, en la provincia de San Antonio de Putina.

El único ingreso económico de la familia es producto de la venta del café. Antes también generaban sus ingresos produciendo y vendiendo rocoto, pero esa actividad decayó por la fuerte presencia de la mosca de la fruta que ataca y daña principalmente los cultivos de cítricos y
que ahora se extendió al fruto de los rocotales.

“Nuestro secreto para hacer buen café es cosechar solamente en luna llena, pero sobre todo hacer una cuidadosa selección de los frutos antes del despulpado y luego volver a seleccionar los granos antes del fermentado y secado”, revelan ambos.

-Mayor inversión-

El supervisor del Proyecto Café que ejecuta la comuna de Alto Inambari y financia Devida, señala que en total son 62 beneficiarios en el sector Cruz Pata, en un área aproximada de 30 hectáreas.

El ámbito de acción del proyecto es todo el distrito de Alto Inambari, donde se tienen más de 1.000 productores, habiéndose invertido hasta el momento un monto superior a S/ 4,2 millones en una primera etapa y más de S/4,9 millones en una segunda etapa, exclusivamente para el café.

Sin embargo, aclara que la cifra resulta insuficiente para ampliar las áreas de cultivo de café y acciones de prevención de plagas como la roya amarilla, que afectó la zona en un 40% de las plantaciones.

“Estamos en proceso de rehabilitación de cafetales dañados por la roya. Esto implica la siembra de variedades más resistentes a las plagas”, refiere Iberos Apaza. También dice que capacitan a los productores en la rehabilitación de plantones con 10 años de antigüedad a través de una poda adecuada y mantenimiento de plantones en producción.

Incrementar las áreas de producción permitiría satisfacer la demanda existente de café, principalmente desde Norteamérica y Alemania, que es de 40 a 50 contenedores de 20.7 toneladas cada uno. Actualmente, se abastece con apenas seis contenedores.

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