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La reforma política ‘tondero’, por Carlos Meléndez

“En términos sustantivos no hay ningún aporte novedoso, su impacto se reduce al campo mediático”.

La reforma política ‘tondero’, por Carlos Meléndez

La reforma política ‘tondero’, por Carlos Meléndez

Tondero es una de las productoras de espectáculos más taquilleras de los últimos años. En la cultura popular (en las redes sociales virtuales), su nombre está asociado con una mirada superficial de la realidad nacional. Sus películas –al parecer– no buscan ser clásicos del cine, sino simplemente digerible entretenimiento. No van a pasar a la historia, porque están hechas para pasar el tiempo. Por eso, calza perfectamente como adjetivación para el combo de reformas políticas presentadas con reflectores y alfombra roja por el Ejecutivo. No se trata de modificaciones sustantivas que estén a la altura de los retos de la política nacional, sino un guion de comedia de situaciones hecho a partir del ‘copy/paste’ de iniciativas previas igual de cosméticas. La tecnocracia de la PCM no ha aportado un shock institucional, sino una propuesta de reforma política ‘tondero’.

La arremetida del Ejecutivo en la materia tiene dos principales debilidades, una de fondo y otra de forma. La primera tiene que ver con su superficialidad, medida en comparación con los objetivos que se propone: “erradicar la infiltración de dinero ilícito” (Asu Mare!) y “garantizar la democracia interna” de los partidos (Asu Mare 2!). No actualiza la premisa de lo que son los partidos políticos hoy: élites personalistas, sin militancia, sin vida orgánica ni enraizamiento territorial. Por ejemplo, si los partidos están controlados por cúpulas y cuentan con membresía limitada, las listas cerradas (aun con primarias) solo reproducirán este elitismo jerárquico. Dado que las marcas partidarias están devaluadas, no servirán de atajo cognitivo para el ciudadano. De hecho, se le despojará la capacidad que hoy tienen de elegir a sus representantes. Una consecuencia ingrata podría ser el declive de la participación electoral. Se estaría socavando aun más, las bases de nuestra inestable democracia.

El segundo problema con la propuesta del Ejecutivo es su figuretismo digno de karaoke (¿Locos de amor?). Ya que en términos sustantivos no hay ningún aporte novedoso, su impacto se reduce al campo mediático. Se nota que se trata de un ‘esfuerzo’ por cumplir y que no fueron guiados por especialistas sino por activistas de ONG –que no consiguen incidir por la pobreza de sus ideas (Lusers)–. Las consecuencias son de una torpeza política supina. Primero, se abren otro flanco de disputa con el Legislativo. Segundo, hacen honor a su hábito antipolítico sin incluir los aportes de sus mejores cuadros parlamentarios y sin abrir un proceso de diálogo con otros partidos. Y, finalmente, dejan en offside al presidente del partido Peruanos por el Kambio –y miembro del Grupo de Trabajo de la Reforma Electoral– que termina más perdido que Magallanes buscando justicia con sus manos.

No estamos para dispersar sino para sumar. Con méritos y deficiencias, la Comisión de Constitución, en su grupo de trabajo, ha albergado el esfuerzo más serio de reforma electoral integral. Personalmente soy escéptico del alcance de su propuesta, pero tenemos que reconocer que es el espacio legítimo para proponer, dialogar y llegar a consensos en la materia para influir positivamente en la historia. Lo demás es pasatiempo. 


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