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"Renovar no siempre es mejorar", por José Carlos Requena

Tiene que ver en ello que el Congreso es reflejo de la sociedad que representa

Renovar no siempre es mejorar, por José Carlos Requena

Renovar no siempre es mejorar, por José Carlos Requena

JOSÉ CARLOS REQUENA

Analista político

Si se sigue la tendencia de los últimos años, el Congreso que inicie funciones en julio del 2016 será pródigo en nuevos nombres. La novedad, sin embargo, no garantiza mejora. Augura que tendremos que habituarnos a asumir el costo del ensayo-error de nuestros bisoños parlamentarios.

Mientras nuevos rostros comienzan a poblar la contienda presidencial, disputas intrapartidarias sobre la formación de listas congresales empiezan a salir a la luz. En las regiones revisten particular importancia: 95 de los 130 congresistas se eligen fuera de Lima. Muchos de los nuevos nombres asumen responsabilidades importantes, de las que quizá no son conscientes.

Si se sigue la tendencia prevaleciente desde el 2000, será una minoría la que logre la reelección. La renovación congresal ha bordeado el 80%. La mayor tasa de renovación se dio en el 2006, cuando el 87% de congresistas eran elegidos por primera vez. Como es comprensible, muchos de los rostros nuevos provienen de las regiones.

El período parlamentario que se cierra en julio próximo trajo nuevos rostros de las regiones (y consolidó a otros ya conocidos) al primer plano de la política nacional. Congresistas reelectos (como Víctor Isla de Loreto o Fredy Otárola de Áncash) o principiantes (como Ana María Solórzano de Arequipa) llegaron a ocupar la presidencia del Parlamento. Y la prensa tuvo que habituarse rápidamente a nombres como Josué Gutiérrez (Huánuco) o Gustavo Rondón (Arequipa), voceros en su momento de sus respectivos grupos políticos.  

Pero, como se dijo antes, renovar no siempre es mejorar. Tiene que ver en ello que el Congreso es reflejo de la sociedad que representa. Si alguna falencia ha tenido la sociedad peruana desde el 2000, ha sido el gran deterioro de la política: el político profesional ha sido sustituido en su gran mayoría por advenedizos con intereses diversos.

En las regiones, dicho deterioro se grafica de manera inequívoca en la gran cantidad de gobernadores regionales, actuales o de gestiones pasadas, que enfrentan problemas con la justicia. Un informe reciente de la contraloría presenta al menos a 11 autoridades regionales en problemas, desde casos pendientes de resolución hasta personas purgando condenas o fugitivas.

Además, en vez de premiar la experiencia, el electorado peruano ha preferido optar por la incertidumbre de la novedad. Contribuyen a ello gestiones alienadas de la necesidad de la población. No es extraño ver a congresistas que cambian de región a representar sin mayores reparos. Aducen que “hace mucho viven en Lima”, pero lo cierto es que sus electores originales, aquellos que viven en las regiones que los llevaron al Parlamento, les han perdido la confianza, y cada vez cuentan con más animadversión que apoyo.

En las elecciones del 2016, los casos de parlamentarios que intentarán representar nuevamente su región son pocos (Juan Carlos Eguren en Arequipa, Javier Velásquez Quesquén en Lambayeque, o Rolando Reátegui en San Martín, por nombrar algunos), y quizás insuficientes.

Sobre todo considerando el poco cuidado que tienen los “políticos renovadores” en convocar a sus cabezas de lista en las regiones (por ejemplo, las decisiones de PPK en Áncash son muy cuestionadas en dicha región; o el hecho de ver las disputas en torno a la propulsora de la campaña Chapa tu Choro, en Junín), que los hará convivir con advenedizos de los que se sabe poco o nada.

Las sorpresas que trae la campaña electoral a nivel presidencial hacen que este otro espacio de poder, tradicionalmente desprestigiado, esté pasando desapercibido. No vale llorar sobre leche derramada.

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