Triste cálculo, por Patricia del Río
Triste cálculo, por Patricia del Río
Patricia del Río

Periodista

Como en gobiernos anteriores, ahora le toca a lidiar con la posibilidad de liberar al reo más complicado del Perú. Las circunstancias son distintas a las que enfrentaron García y Humala:   ya pasó más de diez años en la cárcel y no es ni la sombra del dictador que manejó el país a su antojo. Hace unos años Carlos Raffo tenía que retocar fotos y construir la imagen de un hombre derrotado y enfermo. Hoy el maquillaje sobra, del Photoshop se encargó el tiempo. Por otro lado, PPK sabe que su  futuro político llega hasta el 2021. La edad no le da para tentar una elección futura, no tiene un partido que lo presione para no cargar con la complicada decisión y tiene que gobernar con un Parlamento de mayoría fujimorista que anda casi siempre con cara larga.

El asunto, en este contexto, parece reducirse al cómo. ¿Debe Kuczynski concederle a Alberto Fujimori un indulto presidencial, o debe apoyar una ley en el Congreso? Cualquiera sea la vía, recordemos que a Fujimori no se le debe liberar porque hizo cosas buenas (además de las malas) o porque sus seguidores crean que es inocente. Si se le saca de la cárcel, debe ser para evitarle un sufrimiento innecesario a una persona enferma, para impedir que el Estado confunda castigo con crueldad. Y salvo excepciones, como el terrorismo y otros delitos que no merecen contemplaciones, el beneficio tendría que aplicársele a cualquier peruano que se encuentre en las mismas condiciones (por cierto, Vladimiro Montesinos no está enfermo). En ese sentido, una ley impulsada desde el Congreso tendría la virtud de subsanar un vacío en nuestro sistema legal y de beneficiar a quienes lo necesiten. ¿Qué pasaría si se libera a Alberto Fujimori por un indulto humanitario? PPK se vería enfrentado a su propio electorado, violaría una promesa de campaña, y daría un pésimo mensaje de perdón y olvido en momentos en que la ciudadanía anda hasta la coronilla de escándalos de corrupción que involucran a ex presidentes.  

Parece evidente, entonces, que (que seguimos sin saber si es ex ppkausa o neofujimorista) es la mejor opción para el gobierno, y pone la decisión en la cancha de los fujimoristas, quienes por primera vez tienen la llave que abre las puertas del fundo Barbadillo. El problema es que, y acá arrancamos con la carabina de Ambrosio, ahora resulta que a los fujis el planteamiento no les ha hecho ninguna gracia. Nunca han estado tan cerca de conseguir para su líder condiciones carcelarias más satisfactorias y están furiosos. Cualquiera diría que están dispuestos a dejar que Fujimori muera preso, con tal de forzar a PPK a que haga las cosas como ellos quieren. ¿Por qué? Porque parece que hace rato el juego de liberar a Fujimori dejó de ser en el grupo más poderoso del Congreso un tema humanitario y se ha convertido en un ajedrez político, en el que si no jaquean a PPK para colocar a su reina, entonces nada tiene sentido. Así de triste.

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