PerúPedro Castillo tiene la costumbre de ofrecer el mismo puesto–sea paje o premier- a más de un candidato a la vez. Cuando le ofreció la PCM a Aníbal Torres a fines de enero, también se la ofreció a Daniel Abugattás, a Hernando Cevallos, a Róger Nájar y, con entusiasmo de su gabinete en la sombra, a Roberto Sánchez. El elegido no fue ninguno de ellos, sino Héctor Valer. Solo tras la inmediata caída de Valer, volvió a la opción de Torres, en pacto con Vladimir Cerrón.
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Una vez que acordó, ya meses atrás, que Torres se iría antes del mensaje a la Nación (es lo que nos contaban nuestras fuentes), pensó en más de un candidato. Alejandro Salas ex de Cultura, Félix Chero aún de Justicia, Roberto Sánchez aún de Comercio Exterior y Turismo y Betssy Chávez, censurada de Trabajo pero querida operadora castillista; son los nombres que nuestras fuentes, sin estar seguras de lo que finalmente decidiría el presidente; nos mencionaban como los candidatos naturales. Al presidente acorralado, con poco serenidad y margen de maniobra, las perspectivas de la Patria se le reducen a lo que tiene a mano.
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Dimitri y Gonzalo
A pesar de la estrechez de Castillo sí hubo un candidato con el que se reunió varias veces. Algunas constan en el registro de visitas, otras no. Pero fueron varias, antes y después de que se hiciera pública la carta de renuncia de Aníbal Torres, el miércoles 3. Me refiero al censurado ex ministro del Interior, Dimitri Senmache. Este, según fuentes allegadas a él, le planteó ideas sin llamarlas condiciones; pero así se podían entender: que Castillo hiciese ver que concebía esta etapa como una ‘transición’ (es decir, que diera una señal pública de que asumía que su gobierno no daba para mucho más); hacer cambios en Defensa, Interior, Economía, Producción y Vivienda; olvidarse de Vladimir Cerrón y de las cuotas; y dar mensajes de conciliación al Congreso, a la prensa y a la opinión pública.
Senmache, al ver la indecisión de su interlocutor y presumir que no era el único ‘mecido’ con la posibilidad de ser premier, le llegó a sugerir a Pedro Castillo que lo nombre de una vez, informalmente, para darle el respaldo necesario para convocar cuadros. No pasó nada de eso. Castillo convenció a Torres de quedarse y no hizo los cambios que sugería Senmache y que hubiera sugerido cualquier otro dispuesto a introducir ciertos atenuantes al macabro cuadro de corrupción e ineficiencia del gobierno.
Por supuesto que Dimitri no era el único en conversaciones con el presidente. Hay otro carta de parte del entorno, Gonzalo García Núñez. Fue candidato a la primera vicepresidencia de Humala en el 2006, cuando perdió ante Alan García. Es ingeniero, empresario, y frustrado candidato a alcalde de Lima del humalismo. Desde el 2021 se acercó al gobierno (tiene 3 visitas registradas al despacho presidencial el año pasado) y, según mis fuentes de izquierda, entabló en las últimas semanas una relación más estrecha con el presidente, a través del asesor Alberto Mendieta, quien también estuvo en la órbita humalista.
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Es más, Castillo ya ha hecho algunos cambios que están en la línea de lo que complacería a García Núñez, como fichar a Kurt Burneo en el MEF, otro ex funcionario del humalismo (fue ministro de Producción). La ortodoxia de Óscar Graham, severo guardián de la caja fiscal, ya había llegado al copete al castillismo. Burneo promete una heterodoxia que, cree el entorno presidencial, estará más acorde a las circunstancias.
Otros cambios, como Mujer y Ambiente, al parecer estaban evaluados pero no se concretaron. Que Geiner Alvarado saliese de Vivienda, también lo estaba pero no que fuera al MTC. Ese tránsito es el más fresco e irresponsable de todos: Alvarado está en la mira de varias investigaciones de corrupción que involucran a Vivienda y se sabe desde el 2021 que su fichaje corresponde a la cuota del entorno chotano. Pasarlo al MTC, que fue el epicentro de la corrupción, es una confrontación.
Una sorpresa, incluso para mis fuentes diplomáticas, fue la salida de César Landa de cancillería. Me aseguran que este recién fue avisado de su cambio horas antes. Miguel Ángel Rodríguez Mackay ha llegado por una ruta curiosa al gobierno. Me la contó unos meses atrás cuando era asesor del fugaz ex ministro de Agricultura, Javier Arce Alvarado. En la campaña apoyó a Keiko y fue un duro crítico de Castillo. Gustavo Pacheco, excongresista toledista, bautizado como ‘chauchiller’ por su pomposa oratoria al mando de la Comisión de Relaciones Exteriores, fue candidato triunfador al Parlamento Andino (PA) por Renovación Popular y fichó a Mackay como asesor.
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En el PA, Mackay trabó amistad con Arce, que es parlamentario por Perú Libre y este lo jaló a Agricultura. Desde entonces, el académico y frecuente invitado como analista de temas internacionales en la TV, ha orbitado el gobierno. Su caso ha de ser el del académico que quiere probar, con todo derecho, la intensidad del poder. Perdonen la figura, pero es irreprimible: en el gobierno de Pedro Castillo, el asesor del ‘chauchiller’ se convirtió en canciller.
No sé si García, en caso se concretara su fichaje o, cualquier otro, apostaría a mantener en el Interior a Willy Huerta, un ministro que hace méritos para ser imputado como obstructor de la Justicia. Tampoco sé si el ingeniero César Paniagua ha puesto condiciones de limpieza en Vivienda. Llamé a García, conversé brevemente con él y no descartó ni confirmó la posibilidad de ser premier.
Enroques
Meses atrás cuando preguntaba a amigos del gobierno por ajustes posibles de gabinete, me decían que no descartara la posibilidad de que no se fichara a nadie, y que los fichajes fueran en realidad enroques. Pasar a Alvarado al MTC no es un enroque, sino una reposición de la influencia chotana a esa cartera. Pero pasar a Alejandro Salas de Cultura a Trabajo, y a Betssy Chávez que había sido de Trabajo, pasarla a Cultura; es un enroque clásico, nada menos que con los ministros más incondicionales.
En Trabajo están comprometidos cambios normativos importantes para el clientelismo sindical del gobierno. Los gremios empresariales ya se han retirado del Consejo Nacional de Trabajo, y Castillo ha optado por tener allí a un ministro obediente. De la misma forma, en Cultura, Salas aprobó a norma polémica que incluye a los ronderos en la lista de comunidades originarias. Chávez, sin duda, protegerá esos cambios.
El Congreso esperé, primero a tener lista su nueva mesa directiva; luego, a que Castillo ajustara su gabinete; para revisar que armas de fiscalización usa dentro de su arsenal opositor.
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