(Ilustración: El Comercio)
(Ilustración: El Comercio)
Fernando Vivas

Columnista, cronista y redactor

fvivas@comercio.com.pe

El viernes 6 a primera hora se confirmó lo que nadie había dudado: que el iba a llegar y llegó. Ni siquiera el perfil del llamado caso cero nos sorprendió, pues se parecía a otros ‘ceros’ de la región: un nacional llegado de Europa y detectado a destiempo, cuando ya había contagiado a parte de su entorno, incluidos, en este caso, a una abuela y un primo menor de edad que estudia en el caro colegio Newton.

El anuncio en boca exclusiva del presidente y los contagios del ‘cero’ marcaron el tono de lo que siguió. Las críticas a por no pasar el micrófono a la ministra de Salud, , se disiparon pronto. En realidad, la ocasión demandaba una respuesta al mayor nivel y la ministra es diligente, pero débil en liderazgo y comunicación.

El , órgano rector natural de la emergencia, no estuvo a la altura del encargo. Por ejemplo, el Newton anunció que suspendía sus clases desde el lunes 9 y esa decisión tuvo el respaldo del Minsa, pero no del Minedu. Fuentes de este ministerio me cuentan que el recién estrenado Martín Benavides fue renuente a las señales poco claras del Minsa. El mismo martes previo al anuncio, en Chimbote, dio equívocas declaraciones dando a entender que no se postergaría el inicio de clases.

La tremenda decisión de salud pública tuvo dos elementos decisivos, según nos cuentan fuentes palaciegas y del aparato de salud: las noticias de Italia acompañadas por el lamento de no haber sido drásticos en la primera fase de la pandemia; y la suma de opiniones que el lunes el presidente y varios ministros, reunidos en Palacio, empezaron a recibir de los expertos.

La razón no es la protección a la niñez, que no registra ni mortandad ni complicaciones severas. Es, como me lo explica Víctor Zamora, experto en salud pública, la consideración de que “los niños son vectores, como ‘zancuditos’; uno se contagia en el colegio y puede contagiar a su familia donde hay adultos vulnerables”.

Con las universidades hubo otras consideraciones. En respeto a su autonomía, el ministro se comprometió a conversar con sus representantes e inducirlos a que cerraran. Así lo empezaron a hacer, pero el jueves, en el anuncio del presidente junto al Consejo de Estado, dio un paso más para evitar las dudas autorregulatorias: que todos, universidades e institutos, cierren y punto.

Los niños se quedarán en casa, pero autoridades y maestros aún tienen cosas que hacer. Indecopi intentó aclarar que los colegios tienen que cumplir ciertas condiciones para cobrar el tiempo de para. El Minedu quiere que la postergación no sea un asueto y que los niños reciban orientación en casa. Sería absurdo que si se les deja sin clases para evitar que sean vectores de contagio, se comporten como tales fuera del colegio.

Nadie entra, nadie sale

En el futuro, alguien explicará a cabalidad por qué la Organización Mundial de la Salud () evita hacer recomendaciones drásticas como las restricciones a los vuelos que, al final, la mayoría de países adoptó cuando el se declaró pandemia. El principio de contención total no se aplicó en Europa respecto de China, ni en nuestra región respecto de Asia y Europa, hasta que la gran mayoría de países contaba con casos importados diseminando el virus.

Nos cuenta una fuente palaciega que, ante las confirmaciones de nuevos casos, Vizcarra subrayaba, en las reuniones que tuvo el lunes con ministros y expertos, la coincidencia de que todos estuvieran asociados a viajeros venidos de Europa. Incluso lo dijo, públicamente, el martes en un evento en Manchay.

El lunes había decidido que los ministros viajaran a las regiones que cada uno tenía asignadas en caso de desastres naturales; para que evaluaran las condiciones sanitarias y prepararan a las autoridades locales para los anuncios –aún no se sabía qué tan graves– que se harían el miércoles tras un tempranero Consejo de Ministros.

La idea de suspender vuelos rondaba, valga la redundancia, en el aire. Se optó por una menos drástica, pero más difícil de manejar: mandar a aislamiento domiciliario u hotelero a todos los pasajeros provenientes de Italia, Francia, España y China. Argentina, Chile y Colombia habían anunciado medidas similares; de modo que el Perú no tenía por qué sentirse radical.

La norma era defectuosa. No consideraba otros puntos de partida igual de riesgosos, y el control en el aeropuerto era muy precario, en realidad aleatorio. El jueves, EE.UU. anunció la suspensión de los vuelos desde Asia y Europa. Era momento de completar la decisión a medias; pero había que tomar otra drástica e interna: cambiar la cabeza.

De la PCM

La rectoría de la lucha contra el virus pasó del Minsa a la PCM, y se formó una comisión multisectorial (la idea ya se había esbozado desde el lunes). Como coordinadora y vocera está Desilú León, la secretaria general de la PCM que ahora se dedicará a tiempo completo a esta misión.

La ministra Elizabeth Hinostroza no se resistió a que la rectoría de la lucha contra el virus pasara del Minsa a la PCM. (Foto: Juan Ponce /GEC)
La ministra Elizabeth Hinostroza no se resistió a que la rectoría de la lucha contra el virus pasara del Minsa a la PCM. (Foto: Juan Ponce /GEC)

Me cuentan que la ministra Hinostroza no se resistió al cambio, pues reconoció sus limitaciones. Sin embargo, se asume que el Minsa será el soporte de la emergencia, ampliando su capacidad de atender los casos y –esto es muy importante– su capacidad de hacer pruebas para confirmar o descartar el virus. Conversé con Desilú León y me contó que están en camino de superar el cuello de botella del INS (Instituto Nacional de Salud, el único que realiza las confirmaciones), descentralizando laboratorios (ya empezaron en algunas regiones) y, pronto, adquiriendo la tecnología para hacer tests rápidos, como en Corea del Sur. El propósito, más que llevar la cuenta, es identificar los casos para aislarlos.

León también nos contó que se han estado reuniendo con alcaldes y gobernadores para hacerlos partícipes de las estrategias de prevención. En la comisión se ha instalado la idea de que la evaluación es constante y de un día para otro, si no en horas, se pueden madurar decisiones que lleven a tomar nuevas medidas. Todas las medidas son provisionales, corregibles y prorrogables. Es probable que hoy se anuncie, junto a nuevos casos, un paquete de restricciones.

Por ejemplo, el cierre de fronteras terrestres no está considerado ahora, pero podría darse, como muchas otras, drásticas, que se vienen adoptando en países europeos. Si se ha demorado la ejecución de la restricción de vuelos de Europa y Asia (recién operará desde mañana), es porque han querido dar chance al regreso de varios peruanos. Por cierto, ya hubo un antecedente de suspensión de vuelos en el 2009, esa vez provenientes de México, cuando estalló la pandemia de la gripe H1N1.

El aeropuerto ha sido una fluida coladera de infecciones y la comisión se ha propuesto mejorar ostensiblemente la capacidad de detectar fiebres y, más allá de eso, la trazabilidad de los pasajeros.

Hay muchos frentes con soluciones todavía por importar o por fabricar localmente, como las mascarillas escasas. El temor a aplicar medidas drásticas que provoquen la resistencia de gremios empresariales se puede disipar con la severidad de las noticias europeas.

Aún no sabemos si la emergencia y la dureza de las restricciones mellen la aprobación presidencial, pues el espíritu es muy cambiante y falta medir el efecto de unidad nacional en la crisis que se logró, por ejemplo, durante la emergencia de El Niño en el verano del 2017. El actual Gabinete es débil y novato como para repetir lo que hizo el de Fernando Zavala y Jorge Nieto, pero tendrá la oportunidad de probarse a sí mismo.

Pero los desastres son oportunidades políticas y la comisión multisectorial está abierta a sumar fuerzas. Por ejemplo, León me dijo que el Congreso –cuya instalación será opacada por el virus– podría tener una silla en ella. Antes de cerrar esto, me entero de que Vizcarra y el Gabinete tuvieron una reunión extraordinaria superponiéndose a la comisión. No hubo anuncios graves, pero la idea es que los puede haber en cualquier momento e, incluso, a través del Twitter.

De las crisis se puede salir golpeado pero unido. Como dijo, con gravedad operática, el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, al anunciar sus medidas más sombrías: “Hay que distanciarnos hoy para luego abrazarnos más fuerte”.