Si no pide perdón histórico por el Lava Jato menos pedirá uno específico por ordenar la sustracción de Nadine Heredia el mismo 15 de abril en el que nuestro Poder Judicial la sentenció a 15 años de prisión. No lo oiremos porque en Brasil la Corte Suprema lo absolvió de los cargos de recibir sobornos en el marco del Lava Jato.
“Lula no va recibir fuego desde aquí. Para izquierda y derecha es un gigante literalmente pegado de espaldas a la selva peruana; y nadie quiere que se voltee para mirarnos feo sino para hacer negocios”.
Para la justicia suprema brasilera ello no solo es cosa juzgada sino, “un error histórico”. Para Lula, que purgó 580 dias en la cárcel entre abril del 2018 y noviembre del 2019, se cumplió el sueño de nuestros expresidentes judicializados: ¡caso cerrado! Luiz Inácio no va a despertar de aquel sueño por una ex primera dama peruana sin partido, ni bases, ni aliados. Si la asiló es porque ella guarda la memoria de hechos que, en la lógica lulista, es mejor que quede en Brasil.
Los hechos que ligan a Lula con Nadine no son cosa juzgada en Perú. Los reveló nadie menos que Marcelo Odebrecht, el líder de la empresa homónima, que contó allá, ante fiscales y abogados peruanos: “el ministro [Antonio] Palocci, de aquí de Brasil, me pidió, me hizo un pedido para que apoyáramos, que nosotros le diéramos 3 millones de dólares para apoyar la campaña del Sr. Ollanta Humala en el Perú (…). Sería descontado de un monto que yo había fijado con ellos para apoyar al PT [Partido de los Trabajadores, liderado por Lula] en general. El pedido fue justificado en esa época por una cuestión geopolítica, es decir, una proximidad ideológica entre el presidente Lula y el presidente Ollanta Humala”. De acuerdo a este relato, Lula tiene un vínculo de complicidad, por lo menos política, con su asilada.
Los aportes, según relato complementario de Jorge Barata, el hombre de Odebrecht en Perú, se manejaron directamente con Nadine. Años antes del asilo actual, en el 2016, hubo -recuerden- un intento de sustracción de Nadine de la justicia.
La FAO, la agencia para la agricultura y la alimentación de la ONU, liderada entonces por el brasilero José Graziano da Silva, la enroló en su aparato de comunicaciones. Graziano había sido ministro petista; de modo que la sospecha de que Lula le tendía una mano a la peruana, a través de un amigo que su gobierno ayudó a colocar en la FAO; se caía de madura.
Nadine viajó a Ginebra, pero el escándalo fue tal, que el contrato se canceló y tuvo que volver a Lima. El incidente le costó a los Humala que la fiscalía esgrima el peligro de fuga para obtener la prisión preventiva de la pareja.
Dina dio el salvoconducto a Brasil porque Lula es fuerte e hizo un guiño al homólogo que piensa, como ella, que nuestros poderes judiciales son un infierno para los políticos. Miren como se riza el rizo de Lula, Nadine y el Lava Jato: ¿Saben que senador brasileño ha promovido una moción, ya aprobada por su Comisión de Relaciones Exteriores, para que su canciller Mauro Viera acuda a dar explicaciones y se convierta en blanco de una posible censura? Pues Sergio Moro, el super juez que lideró las investigaciones contra el Lava Jato que llevaron preso a Lula, luego ministro de Justicia de Jair Bolsonaro y hoy congresista bolsonarista. Para la política y para la opinión pública, no hay cosas juzgadas que no se puedan revivir.
Lula no va recibir fuego desde aquí. Para izquierda y derecha es un gigante literalmente pegado de espaldas a la selva peruana; y nadie quiere que se voltee para mirarnos feo sino para hacer negocios. Las relaciones bilaterales están en buen estado. Ejemplo de ello es que la embajada brasilera en Caracas asiste a nuestros compatriotas en Venezuela.
Para Lula, el fuego provocado por el asilo es interno. A la moción de Moro se suma un pedido para que el TCU (equivalente de la contraloría) audite el vuelo militar que trasladó a Nadine y a su hijo menor desde Lima a Brasilia, y otras mociones -20 suma mi colega Víctor Reyes en un informe en El Comercio- que reprochan el asilo. Sin embargo, Lula aún tiene suficiente respaldo en su Congreso para retener a su huésped hasta que en el 2026, ya cumplidos 80 años, se despida, quizá definitivamente, del poder.