SucesosEstamos acostumbrados a oír hablar del afán de China de sumar países a sus zonas de influencia. Hasta hay un nombre persuasivo, un susurro de ‘soft power’ para eso: la ‘nueva ruta de la seda’, que refuerza la conectividad terrestre de China con el resto de Eurasia a la vez que traza una vía marítima fluida con América. Ha sido, la de Beijing, una diplomacia muy activa, firmando tratados de libre comercio (con nosotros se firmó en el 2009), distribuyendo vacunas anti Covid (¡au, Sinopharm!) y alimentando promesas de megaproyectos que han rozado la fantasía: desde un canal en Nicaragua paralelo al de Panamá hasta un ferrocarril transoceánico que entusiasmó a los bolivianos. Ahora mismo los hondureños están arrobados con la promesa -¿o cuento chino?- de un ferrocarril entre el Caribe y el Pacífico; y a los colombianos se les ha metido –cuento de Gustavo Petro- que China puede financiar el metro de Bogotá.
Hasta ahí, ‘soft power’ e ilusiones. Pero el “Financial Times” la más influyente revista económica junto con “The Economist”, ha publicado, en su última edición, el artículo “US raises concern with Perú over Chinese control of infrastructure” de Michael Stott y Joe Daniels; que habla de poder chino puro y duro en el Perú. ¿Qué cosa? Primero señalan que la compra de Luz del Sur en el 2020 por el grupo China Three Gorges y, más recientemente, de Enel por China Souther Power Grid, nos acerca a un monopolio de la luz en empresas del mismo origen nacional.
Pero lo que más preocupa a Washington, traducido por el FT, es el puerto de Chancay, de propiedad de la empresa estatal china Cosco Shipping Ports (y, menor medida, del grupo Volcan, con presencia nacional). Nuestra cancillería ha negado que alguna autoridad de EE.UU. le haya manifestado alguna preocupación sobre Chancay; pero, de haberla, ella no se haría de forma explícita. La revista ha entrevistado al experto militar Evan Ellis, investigador del Colegio de Guerra del Ejército estadounidense, que afirma, sin ambages, que el puerto podría servir para repostar y arreglar naves de guerra chinas en el caso de un escenario bélico. Suena conspiranoico y también realista. Desmontemos algunos mitos.
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Cosco y los gringos
Visité la Autoridad Nacional Portuaria (APN) y conversé con su presidente de directorio, Walter Tapia Zanabria y su gerente general, Carlos Molina Barrutia. La APN, adscrita al MTC, es la autoridad que hace inspecciones del avance de obras y será quien brinde los servicios portuarios a Cosco. Ellos fueron quienes decidieron paralizar las obras cuando se reportó el hundimiento de un terreno durante la construcción del puente de 1,800mts que pasará por debajo de la ciudad de Chancay. En pocos días, la falla se subsanó y la obra se reanudó. En la zona, la expectativa por el impacto económico del puerto les gana a los temores ambientalistas.
En realidad, desde comienzos del milenio, vivimos –como en otros países y regiones cansados de la ‘unipolaridad’ estadounidense- la ilusión de que el despertar chino nos llenará de inversiones competitivas. La narrativa de ‘cuando Beijing termine de abrirse al mundo, millones de chinos vendrán a conocer Machu Picchu’, provocó un pequeño boom de estudios de lengua china, en jóvenes que soñaban con ser guías o intérpretes de esa andanada. Alan García alentó esto aún más y tuvo la oportunidad, en la cumbre de APEC 2008 en Lima, de rendir honores al entonces presidente Hu Jintao, en una vuelta en auto descapotable por la Plaza Mayor. Hasta escribió el libro “Confucio y la globalización. Comprender China y crecer con ella” (Titanium Editores, 2013). Cerrando este rizo, el puerto de Chancay –según ha anunciado Cosco y me confirman en la APN- debe ser inaugurado en la próxima cumbre de APEC en Lima, en noviembre del 2024, en presencia del actual presidente chino, Xi Jin Ping.
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No es fácil, para Washington, por tanto tiempo la única potencia de referencia en la región, entender la normalidad con la que el Perú acepta la presencia china. De ahí que manejen la hipótesis militarista. Cuando le planteé esto a los funcionarios de la APN, me dijeron, sonriendo: “Para que un barco militar extranjero ingrese al Perú necesita contar hasta con permiso del Congreso”. En la APN me dijeron, además, que Chancay no ha obligado a ningún ajuste normativo ni ruptura de esquemas: “Ya contamos hace años con inversiones extranjeras en puertos, incluso de capitales chinos, como el de Shougang [mina de hierro] en Marcona”. También hay inversiones de EE.UU. en puertos peruanos y Cosco tiene tres puertos en Estados Unidos; para que veamos lo globalizado que está el mercado portuario.
Cosco (iniciales de China Ocean Shipping Company) es una empresa estatal, como la mayoría en un país de comunismo reformado donde aún no se generaliza la propiedad privada de empresas. La legislación peruana no discrimina el origen estatal o privado de las inversiones extranjeras (ojo, acá no hablamos de concesiones, porque se trata de una obra 100% construida por capitales ajenos al estado peruano). Pero sí es cierto que la presencia dominante china en el mercado de la luz y el ingreso tempestuoso de empresarios chinos en la construcción (con casos de corrupción develados en los procesos contra el expresidente Pedro Castillo y el ex ministro de Transporte Juan Silva, entre otros); plantea preocupaciones de distinto orden.
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Aguas profundas
Para buscar una mirada distante, ni pro Beijing ni pro Washington, consulté al español Juan Pablo Cardenal, experto en la internacionalización de China (tiene tres libros al respecto) y director del proyecto Análisis Sínico (por ‘sino’, prefijo de China). Le pedí antecedentes de inversiones chinas que hayan despertado hipótesis conspirativas. Me citó el caso del puerto de Hambantota en Sri Lanka que, ante la aguda crisis económica y política en ese país, quedó en manos enteramente chinas. Más cercano a nosotros, está el caso de la central espacial en Neuquén, Argentina, rodeada de especulaciones sobre presuntas intenciones chinas de usar la investigación espacial con fines militares. El gobierno argentino no tuvo tiempo para pensar en esas especulaciones: afrontaba un serio problema de deuda externa y China lo ayudó en el rescate.
Coincidimos con Cardenal en que el Perú no está en situación de dejarse romper la mano para salir de un apuro financiero. Más bien, me dice: “La barra libre financiera ya ha acabado, Chancay es como una excepción. Ahora, China será más selectiva”. El experto me dice que el manejo de infraestructura en puertos como El Pireo (Grecia), Hamburgo (Alemania), o Pakistán, también arquea cejas en Europa y Asia. No solo Washington es presa de la paranoia ‘sínica’. Mientras, en países como el Perú prima una casi unánime confianza de brazos abiertos. La derecha sigue el confucionismo de García y la izquierda no se rasga las vestiduras ante el imperialismo si es de color rojo.
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Juan Pablo termina la conversación con una suerte de advertencia: “Echo en falta un análisis más amplio. Siendo Chancay el puerto de aguas profundas [16mts naturales, sin dragado, según la APN] más importante del Pacífico Sur, ni siquiera el impacto social y ambiental ha tenido eco. Tampoco las connotaciones geopolíticas. Todo el discurso es en clave optimista”. Le recuerdo a Cardenal que otro punto a favor del optimismo es que nuestra colonia china es la más importante de la América Latina que mira al Pacífico. Me replica. “No pongo en cuestión el consenso peruano de economía abierta. Pero veo ausencia de análisis crítico del derrotero de la relación con China, por esa narrativa que han hecho suyas las élites, donde China juega un papel fundamental en el futuro y hay que procurar que no se enfade. El propósito de Chancay y otras inversiones es básicamente comercial, ¿pero se está poniendo sobre la mesa qué pasa si sucede algo de lo que especula el artículo del “Financial Times”, en qué posición queda el Perú?”. No son cuentos chinos, sino peruanos.
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