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Aislar a las barras bravas, la columna de Jaime de Althaus

El insulto es la excusa perfecta para abandonar la tarea común, la vía de escape perfecta a la obligación de producir resultados

CNM

No se entiende que se haya eliminado la disposición transitoria que autorizaba al nuevo CNM a revisar las designaciones de jueces y fiscales hechas por los consejeros removidos. (Foto: USI)

Archivo El Comercio

Al mismo tiempo que el presidente Vizcarra criticaba al Congreso desde Cajamarca diciendo que no tenía sentido de urgencia porque no avanzaba en las reformas, Rosa Bartra anunciaba que el predictamen de reforma del CNM ya estaba listo y se debatiría al día siguiente, y que la Comisión de Constitución había aprobado un cronograma de trabajo que permitiría llevar al referéndum de diciembre todos los temas.

Por supuesto, las barras bravas pueden terminar enconando a las partes de tal forma que al final logren el propósito de demostrar que no hay voluntad de acuerdo para así forzar una cuestión de confianza que pudiera terminar en la disolución de este Congreso –que es lo que algunos quisieran– o, peor aún, en el adelanto de elecciones. Los ataques provocan contraataques y las invectivas y acusaciones solo provocan más invectivas y acusaciones en una espiral que puede terminar destruyendo el proceso.

Por eso, el presidente debería convocar a Keiko Fujimori y el primer y gran acuerdo debería ser el de dejar en suspenso las hostilidades extremas y limitar el debate –por más áspero que sea– a los temas mismos, a los proyectos de reforma, por lo menos hasta el 12 de octubre, fecha de aprobación del último dictamen según el cronograma aprobado, o hasta el 5, como se propone ahora, fecha que requerirá un esfuerzo y colaboración extremos. Pero claro, dedicarse a los temas mismos exige más de trabajo y pensamiento, algo aburrido o difícil. El ejercicio conspirativo es de lejos más entretenido y el insulto es la excusa perfecta para abandonar la tarea común, la vía de escape perfecta a la obligación de producir resultados. Es la coartada para no hacer nada.

Por eso, la Comisión de Constitución sorprendió con su avance, porque los congresistas sí son más adversarios que enemigos y colaboran más de lo que se piensa, pero su predictamen, si bien salva lo esencial –la elección meritocrática de los consejeros–, disponía la elección de los jefes de la ONPE y del Reniec por el Congreso sobre una terna propuesta por el Ejecutivo, algo que revelaba, cuando menos, falta total de inteligencia política. Felizmente esa disposición, luego de la crítica, fue retirada. Si era el CNM el que los elegía, ahora con mayor razón sí tendremos un CNM nuevo y mejorado.

Pero, además, el predictamen ya no considera a Servir, sino a una secretaría ad hoc –que siempre se puede manipular– para dar el apoyo técnico a la mencionada comisión especial. Y lo que definitivamente no se entiende es que se haya eliminado la disposición transitoria que autorizaba al nuevo CNM a revisar las designaciones de jueces y fiscales hechas por los consejeros removidos. ¿A quién se quiere proteger? No solo debería mantenerse esa autorización sino que debería agregarse la de designar una nueva Corte Suprema de alto nivel –para regenerar el cuerpo judicial desde la cabeza–, redesignar a los presidentes de cortes superiores por una vez y adelantar las ratificaciones de todos los jueces superiores. Necesitamos una reforma de verdad. Cambiar todo. Es ahora o nunca.

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