Hasta la fecha, Odebrecht no ha reconocido actos de corrupción en el Gasoducto Sur.(Foto: Archivo El Comercio)
Hasta la fecha, Odebrecht no ha reconocido actos de corrupción en el Gasoducto Sur.(Foto: Archivo El Comercio)
Diana Seminario

Analista política

En el Perú lo que no polariza no existe. Hace demasiados años se ha instalado una absurda lucha de ‘buenos’ contra ‘malos’, donde lo que menos importa es alcanzar la verdad y la justicia.

El último episodio de esta guerra ha sido la revelación hecha por un grupo de jóvenes periodistas que sacaron a la luz las mentiras de . Es decir, que por el Gasoducto Sur, concesionado durante el gobierno de Ollanta Humala y Nadine Heredia, también se habría pagado dinero irregular.

Según el portal Convoca, Odebrecht hizo 17 pagos relacionados al tres meses después de que se otorgara la buena pro. Las transferencias de dinero sumaron un total de US$3’070.000 en el 2014 y tuvieron como destinatarios a 10 personas.

Andersson Boscán, el periodista ecuatoriano del portal La Posta que dio la primicia sobre el gasoducto, trabajó junto con un equipo de investigación durante un año. Según Boscán: “Odebrecht no fue sincera y lo expuesto revela que entregó de manera selectiva la información a las autoridades”.

Y la justicia peruana se ha hipotecado a esa empresa en un tratado de colaboración oleado y sacramentado la semana pasada. A quienes nos opusimos a ese lesivo contrato, en el que el único beneficiado es la empresa, nos dijeron de todo, que se estaba “haciendo el juego a la corrupción”. “Los corruptos tiemblan” decían entonces los mismos que ponían las manos al fuego por Susana Villarán, encumbraron a Alejandro Toledo y se la jugaron por Ollanta Humala.

Lo cierto es que el acuerdo de colaboración con Odebrecht no incluye el Gasoducto Sur, pese a que la Comisión Lava Jato dio sobradas evidencias de la corrupción en esta obra.

Los mismos de siempre descalificaron el trabajo de ese grupo parlamentario porque lo presidía la fujimorista Rosa Bartra y porque su informe final no incluyó a Keiko Fujimori. Solo para que se informen que el nombre completo de la comisión conocida como Lava Jato es: Comisión Especial Multipartidaria Encargada de Investigar los Presuntos Sobornos, Coimas y Dádivas que hubieran recibido funcionarios públicos de los diferentes niveles de gobierno, en relación a concesiones, obras y proyectos”. Entonces, si Keiko Fujimori nunca ha sido gobierno ¿qué tendría que hacer en las conclusiones de esa comisión?

La empresa, “rehabilitada” para algunos, sigue haciendo de las suyas, y a nadie le pareció sospechoso que en diciembre del 2016 la constructora brasilera dijera que dio sobornos hasta por 29 millones de dólares, cuando se sabe que solo al ex presidente Alejandro Toledo se le pagó una coima de 35 millones de dólares.

Los defensores del acuerdo, de los fiscales del equipo especial y del gobierno, inventan mil figuras posibles para salvar la “colaboración”. Una de ellas es que se firmen más convenios cada vez que se descubran nuevos sobornos.

Se podrán dar muchos argumentos, y seguro veremos a diligentes abogados ensayar las fórmulas más creativas para defender un acuerdo de colaboración eficaz que nació muerto.

Es lamentable comprobar que en temas como este, para muchos es más importante tener la razón antes que la verdad. Sin embargo, por antipática que resulte, la verdad es inocultable y va llegando de a pocos, moviendo los cimientos de los falsos moralizadores.