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¿Cómo arreglar el desastre del referéndum?, la columna de Jaime de Althaus

Luego del referéndum nos hemos quedado sin bicameralidad y sin reelección de congresistas, el peor resultado posible

Congreso

Un Senado modera los excesos de diputados, y dos cámaras dificultan el abuso del Ejecutivo. (Foto: El Comercio)

Archivo/El Comercio

Yo supongo que la primera pregunta que se hará la comisión de reforma política es qué problemas queremos resolver, qué queremos lograr.

Es claro que tenemos un problema de gobernabilidad: si el Gobierno no tiene mayoría en el Congreso, le es muy difícil gobernar. Y si los alcaldes y gobernadores no pertenecen a partidos serios presentes en el Congreso, no hay integración política vertical sino feudalización, y así tampoco se puede gobernar. Las reformas deberían buscar que el Gobierno tenga mayoría (elección del Congreso con la segunda vuelta, por ejemplo) o que, en su defecto, pueda contener eventuales excesos del Congreso. Y si, por el contrario, el Ejecutivo se desborda, el Congreso pueda comedirlo. Y deben buscar que haya unos pocos partidos serios presentes en todo el territorio.

La bicameralidad ayudaba a estos objetivos. Un Senado modera los excesos de diputados, y dos cámaras dificultan el abuso del Ejecutivo. Pero luego del referéndum nos hemos quedado sin bicameralidad y sin reelección de congresistas, el peor resultado posible. Ahora hay que arreglar eso también. La comisión podría plantear nuevamente la bicameralidad, pero políticamente es muy difícil aprobar en el Congreso algo que ha sido rechazado por el pueblo. Solo quedaría, entonces, moderar la unicameralidad, bicameralizarla. ¿Cómo? Pues, como señaló Jorge Morelli, estableciendo que la insistencia del Congreso ante una ley observada por el Ejecutivo solo pueda ser aprobada por los 2/3 del número legal de congresistas y no solo por la mitad más uno. Y lo mismo para aprobar las exoneraciones de segunda votación o del pase del proyecto a comisiones. Y algo fundamental: crear en el Congreso una Oficina de Análisis de Impacto Económico de los proyectos de ley, para que se sepa si lo que se aprueba produce más costos que beneficios.

Y, como ha escrito Ignazio de Ferrari, aumentar el número de congresistas de la cámara única para que una parte pueda ser elegida en distritos uni o binominales, lo que –añado- sirve para eliminar el nocivo voto preferencial y reducir el número de partidos.

¿Y qué hacemos con la no reelección de congresistas, que complica la consolidación de una clase política y de un sistema de partidos? Lo primero sería que los buenos congresistas que terminan su mandato puedan reciclarse en un ‘think tank’ partidario en su período sabático, para que no desaparezcan en la nada política. Para ello cae perfecta la propuesta de Carlos Meléndez de partidos por impuestos, para que las empresas puedan financiar con parte de sus impuestos ‘think tanks’ partidarios.

Tendríamos así partidos políticos serios, dedicados a estudiar la realidad, elaborar propuestas y llegar al poder con un plan de gobierno de verdad. Y empresarios comprometidos con el país. La política tendría otro nivel. Así también comenzaríamos a lograr que los sectores más preparados se interesen por entrar a la política. Lo harían, además, si la ONPE organiza las elecciones internas para darles garantías y fuera fácil inscribir partidos (y más difícil inscribir movimientos regionales), pero fácil también perder la inscripción si no se pasa la valla congresal (gravando o prohibiendo las alianzas) y no se participa en todas las elecciones.

Tendríamos así una estructura abierta y competitiva de partidos de verdad.

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