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La aprobación del presidente continúa en picada y este se va quedando sin recursos para revertir la tendencia

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(Foto: Reuters)

Los resultados de la última encuesta de El Comercio-Ipsos revelan que más de la mitad del país quiere que PPK deje la presidencia. (Foto: Reuters)

La aprobación del presidente continúa en picada y este se va quedando sin recursos para revertir la tendencia. No es solo un asunto de popularidad. Lo peligroso del Caso Kuczynski es la pérdida de confianza en quien dirige el destino de los peruanos cuando el país busca recuperar la esperanza y un líder que, efectivamente, lidere. ¿A dónde vamos?

Los resultados de la última encuesta de El Comercio-Ipsos revelan que más de la mitad del país quiere que PPK deje la presidencia. El 54% considera que debería renunciar y permitir que Martín Vizcarra gobierne hasta el 2021. Es una posibilidad más apreciada que la vacancia, pero ello no significa que el actual jefe del Estado goce al menos del privilegio de la duda. Ni siquiera el indulto le ha sumado puntos. Un 54% aprueba la medida, sin embargo, Kuczynski cae por segunda vez desde diciembre, cuando se otorgó la gracia presidencial. Pierde seis puntos porcentuales hasta llegar a 19%, su nivel más bajo en un año. No cabe duda de que esto se debe a la forma burda en que se concedió la libertad a Alberto Fujimori a cambio de que fujimoristas descontentos con su dirigencia lo salvaran de una inminente vacancia.

Negociar la salida de prisión del ex presidente, faltando a su palabra, ha sido de lejos el peor negocio de su gestión hasta ahora.
Supongamos que fuera cierto que como le dijo a CNN estuvo barajando la posibilidad desde que estaba en campaña, entonces PPK mintió cuando en respuesta a una entrevista que le hizo el diario “El País”, unos días después de ajustarse la banda presidencial, señaló: “Si el Congreso saca una ley de inspiración general que le permita cumplir su sentencia en casa, yo la firmaré; pero no lo voy a indultar” (publicado el 31 de julio del 2016).

En la misma entrevista, y seguramente pensando en voz alta, Kuczynski delató sus ganas pero también la necesidad que tenía de “jalarse” a algunos congresistas del fujimorismo. “Si no lo hacemos va a ser difícil trabajar en el Congreso”, acotó después de analizar –también en voz alta– que “no todos los integrantes de la bancada de Fuerza Popular son militantes del partido, habrá como 30 que se subieron al carro creyendo que ella [Keiko Fujimori] ganaba y que recibirían una prebenda”.

Bueno, pues, su deseo se hizo realidad aunque a un precio muy alto. Puede que haya agotado incluso su línea de crédito. Tiene 10 nuevos aliados en el Congreso, pero le ha costado perder a tres de los suyos. Y mientras la oposición deshoja margaritas e intenta ponerse de acuerdo para someterlo nuevamente a un proceso de vacancia, PPK y los ‘avengers’ supervisan juntos los avances de la reconstrucción. La izquierda se muerde la lengua ‘dialogando’ con Salaverry. PPK le pide a Clayton Galván que convenza a otros del grupo de cambiarse la camiseta. Dicen que unos ocho más podrían hacerlo. La pregunta es la siguiente: ¿qué va a ofrecer ahora el presidente? ¿Qué sucederá si la Corte IDH recomienda revocar el indulto? Cuidado, que el sobregiro puede significar intereses más altos que los del contrato de Chinchero. Lo que es peor, una anunciada y lamentable bancarrota.

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