Desde su departamento en La Punta, Carmen McEvoy investiga sobra la historia republicana. (Foto: Hugo Pérez / El Comercio)
Desde su departamento en La Punta, Carmen McEvoy investiga sobra la historia republicana. (Foto: Hugo Pérez / El Comercio)
Fernando Vivas

Columnistas, cronista y redactor

fvivas@comercio.com.pe

persigue la historia de la república desde el presente (“Perú: reflexiones sobre lo cotidiano y la historia”, Peisa, reúne varias de sus columnas periodísticas, y se presenta este miércoles a las 8 pm) y desde las ideas de peruanos ilustres y atribulados (“En pos de la república”, IEP, reedición aumentada de ensayos sobre Sánchez Carrión, Pardo, Valdelomar, entre otros que pensaron la patria, se presenta el viernes 2 a las 5 pm).

Le preguntamos a Carmen, que además preside la Comisión del , qué nos dicen las últimas noticias sobre lo que ha pasado en 200 años.

— Llegamos al año víspera del bicentenario con todos los presidentes vivos complicados penalmente. ¿Algo dice esto sobre nuestra idea de república?
Que es una república en crisis que esta confrontando todos los problemas que los que la construyeron avizoraron. La corrupción, para ellos, es la enfermedad de la república. Para usar una palabra decimonónica, también esta la anarquía de una sociedad sin rumbo, con gran delincuencia, donde volteas y a un presidente lo detienen. Es una república sin buenas noticias. (...) Veo la ausencia de un proyecto nacional donde digas ‘esto es lo que yo quiero’.

—En el gobierno de García se dijo ‘el Perú avanza’. ¿Hay allí una idea?
¿Hacia dónde? Lo que hemos visto son las puertas giratorias, esta línea entre lo privado y lo público que se cruza por servidores que piensan que la hacienda pública es su chacra. Ha fracasado el proyecto de construcción de un Estado sólido. Lo que tenemos no es una economía liberal de mercado, sino un ‘crony capitalism’, el capitalismo de los amigos. Ahí tienes el club de la construcción, pagas tu cuota y divides con los amigos, los honestos quedan fuera.

—Probablemente creían en ‘el Perú avanza’.
Para ellos avanzaba. Con un crecimiento tan alto, el colmo hubiera sido que no se disminuyera la pobreza.

—Y la idea del avance de la patria no es solo indicadores económicos, ¿no?
Exacto. Es estabilidad, predictibilidad, es felicidad. La promesa de la república es felicidad y ahora estamos angustiados.

—Pero está la idea de estamos limpiando algo.
Sí, y además el pensamiento dialéctico está instalado desde temprano, ahí está ‘Viadarre contra Vidaurre’ [el jurista Manuel Vidaurre escribió en 1839 una obra rectificando sus opiniones]. Me recordaban que Unanue era sabio y dueño de esclavos. Y los liberales se asociaron a Castilla y fueron golpistas.

—Si se juzga el pasado con estándares de hoy, habría tanto racista y acosador.
Vidaurre entre ellos, porque tiene toda esta fantasía con una pupila muy joven y empezó a confesarlo en la Inquisición. Pero no vamos a desaparecer al codificador de la ley, al que formó la Corte Suprema. Los seres humanos están llenos de contradicciones y tienen sus luces. Unanue tiene mucha luz.

—La participación de intelectuales en política se ha vuelto muy débil.
Hay un purismo, no quieren exponerse. Ven las catástrofes que se suceden unas a otras, y no se arriesgan.

—Al revés, salvo García, los últimos presidentes no sabían de historia. Paniagua sí tenía una obsesión con Manuel Pardo.
Fue un rebrote republicano. ‘Firme y feliz por la unión’, dijo en su discurso inaugural. Paniagua tenía el sentido de que era un eslabón en la cadena histórica.

—Hizo lema de austeridad.
Austeridad y no demandar ningún tipo de privilegio. Eres el Estado y actúas en bien del Estado, no gastas excesivamente. Y lo que hemos vivido es una ‘orgía financiera’ que es el nombre de un libro del siglo XIX de Arnaldo Márquez, que murió pobre.

—Y a Paniagua lo sucedió Toledo con sus coimas.
La corrupción se ha llevado por delante la austeridad, se ha llevado por delante una burguesía en el sentido weberiano. Las reformas tienen que ir de la mano de una actitud de vida, y la actitud en nosotros es, desgraciadamente, la pretensión, la grandiosidad.

—La lucha contra la corrupción obliga, entonces, a imponer otros valores.
Sí, y en eso tenemos que celebrar. Nos ven como país capaz de enfrentar a sus demonios, que no mete la basura bajo la alfombra. Hay una herencia de justicia noble. Hay una generación con fiscales como las del Callao, servidores públicos que respetan su profesión. Es la defensa del Estado, eso me emociona. Fiscales, periodismo de investigación, asociaciones civiles; eso sí funciona.

—Ha revivido un fuerte conservadurismo, asociado a grupos evangélicos. ¿Algo puede haber ahí de esa ética protestante que alabó Weber?
Para nada, es un fanatismo y exclusión del otro. Te dicen ‘con mis hijos no te metas’. En el mundo weberiano del protestantismo te define tu trabajo y tu mérito, acá te define si eres más o menos creyente.

—Ya van tres meses de la muerte de Alan García. Aún no lo digerimos, ¿no?
Todavía no lo terminamos de asimilar. Por algún lado oí que no era relevante. ¡No! Marcó para bien o para mal a la política, pero entre una noticia y otra no hemos tenido tiempo para reflexionar, para sentarse a pensar.

—¿Hay una idea de república en Vizcarra?
Creo que sí. Viene de Moquegua. Hay una historia allí de clase media emergente y pequeña, está entrenado en la cultura de conversar con todos. El tema es que le falta ver el bosque, no se percibe un proyecto nacional. Quizá llegó tarde [al gobierno]. La lucha anticorrupción no es un invento de él.

—Se subió en esa ola.
Y después de eso, ¿qué? Eso tiene su propio camino, con fiscales y jueces. Pero, ¿cuál es su gran visión del Perú?

—Será del que venga.
Será cruzar el puente de años difíciles, dejar el Estado más o menos funcionando. (...) [Necesitamos] un republicano con la tecnología que tenemos y con las emociones de 200 años difíciles. Después de todas estas tragedias necesitamos empatía. Eso sí, soy dura contra los que nos robaron, porque quitaron oportunidades; pero no con estos personajes que construyeron la república. Es muy diferente el presidente ladrón que el decimonónico que duda de si nos quedamos o no con la monarquía. (...) Tenemos esperanza de que hay una nueva generación,la necesitamos para el tercer centenario, para volvernos a encontrar como sociedad solidaria y tratar de mostrar otro ángulo de lo que somos, no esa ambición desmedida que lleva a la cárcel.