(Ilustración: Giovanni Tazza)
(Ilustración: Giovanni Tazza)
Cecilia Valenzuela

Hoy debería llegar a Lima una marcha convocada inicialmente por la versión peruana de Los Pueblos Originarios. Esta organización de origen chavista tiene presencia en casi todos los países latinoamericanos, pero en el Perú su bucólico nombre nunca ha causado gran efecto; quizá por ello los políticos de izquierda como , Verónika Mendoza, Vladimir Cerrón o Walter Aduviri se suben a sus convocatorias, le cambian de nombre a sus marchas y colocan sus fotografías en primer lugar.

Todavía no se conoce el éxito de la jornada. El pretexto es la protesta contra el indulto humanitario otorgado a Alberto Fujimori, la corrupción y la Constitución que rige el Perú, pero en realidad lo que los dirigentes de la izquierda están haciendo es aprovecharse de la situación. Han radicalizado su narrativa con la intención de adelantar las elecciones. Están ensayando una alianza que no pudieron concretar en el 2016, y están midiendo liderazgos a costa del entusiasmo de los medios; pero también están experimentando una fórmula para incluir al Movadef, es decir, al nuevo Sendero Luminoso, en su frente político.

En noviembre pasado, dirigentes de la izquierda radical y dirigentes senderistas se reunieron en Abancay. En su agenda estaban las próximas elecciones regionales y municipales, pero también la consolidación del Fentep, la Federación Nacional de Trabajadores en la Educación del Perú, que planea desplazar al Sutep, el Sindicato Unitario de Trabajadores en la Educación del Perú. Eso quiere decir que los dirigentes de la izquierda que marchan para adelantar las elecciones y cambiar la Constitución están negociando con Sendero Luminoso para quitarle el magisterio a Patria Roja.

El volumen está alto, los decibeles de la beligerancia podrían terminar contaminando el ambiente político más allá de lo imaginado.

Mientras se esfuerzan por sacar adelante a sus familias, sus emprendimientos, sus proyectos, la gran mayoría de peruanos escucha hablar, hasta el cansancio, sobre la crisis política que acecha al país. La imagen es recurrente y repetitiva, no solo porque no hay uno que recuerde una época en la que el Perú no haya estado en crisis, sino porque los que participan en la agudización de la crisis son los mismos de siempre y en idéntico orden. Lo único novedoso es que estos mismos políticos se están concentrando en los extremos.

La derecha ultraconservadora que representa Keiko Fujimori no tolera ni al hermano de su lideresa; mientras la izquierda radical empieza a hacerle quecos al nuevo rostro de Sendero Luminoso.
Tanto la derecha como la izquierda han optado por abandonar el centro.

La gran mayoría de los peruanos, los que históricamente votan y eligen por candidatos de centro, no se sienten representados en este escenario.

Los candidatos que encabezaron los partidos políticos que se presentaron a las últimas elecciones, hace solo 18 meses, han preferido agazaparse en el silencio. Creen que nadie se da cuenta de que callan volviéndose cómplices del desconcierto que asfixia y niega garantías elementales para seguir trabajando.

En España, hace 12 años, en medio de un desgaste con sus propias características, surgió el movimiento Ciudadanos. Pronto no solo se extendió por todo el país, sino que sus jóvenes y refrescados dirigentes comenzaron a desplazar a los de siempre. ¿Podemos los peruanos aspirar a un movimiento político joven que reúna cuadros nuevos, íntegros y serios? La tarea es ardua, pero la oportunidad es ahora.

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