Martin Hidalgo Bustamante

Subeditor de la Unidad de Análisis Político

martin.hidalgo@comercio.com.pe

A diferencia del 2016, la izquierda se presentó a estos en tres bloques distintos: el , partido liderado por ; , la alianza entre y Yehude Simon; y Perú Libre, agrupación de Vladimir Cerrón. Esto originó la dispersión del voto izquierdista, y el único partido que logró representación congresal fue el Frente Amplio (FA). El de Arana es el mejor posicionado con miras a las elecciones del 2021, en las que podría convertirse en la única organización de izquierda que logra mantener una representación en tres períodos consecutivos desde 1993, año en el que se adoptó el sistema unicameral.

El Frente Amplio tendrá una bancada de nueve miembros. En comparación con el 2016, pierde 11 escaños, aunque en la práctica estos ya los había perdido durante el período pasado tras la separación del bloque de diez legisladores del , en el 2017. El grupo de Verónika Mendoza, candidata presidencial del FA en el 2016, rompió su acuerdo político y formó su propia bancada. A esto se sumó la renuncia del legislador Jorge Castro. Entonces, el FA mantiene la misma representación que tenía al disolverse el Parlamento.

En esta elección –atípica, sin candidato presidencial y con un período corto de campaña–, la votación del FA se redujo en 21 de las 26 circunscripciones electorales. En representación, esto se traduce en perder presencia en casi todo el centro del país (de 3 a 0 escaños) y retroceder en el sur (de 11 a 3). En el norte y en la capital, la representación del FA se mantiene igual.

“El FA no es perdedor ni ganador, se ha mantenido a flote. Ha sacado solo 1,42% de diferencia con Juntos por el Perú [que no pasó la valla]. Tenían financiamiento público, y eso implica que tenían más recursos y con ello más posibilidades de hacer una buena campaña. Ese diferencial no aparece en la votación, no han podido rentabilizar ese dinero electoralmente”, señala Carlos Alberto Adrianzén, docente de Ciencias Políticas en la PUCP y en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.

Adrianzén desarrolló, a través de un método de inferencia ecológica, una matriz de transferencia de votos entre los resultados electorales del 2016 y 2020. Según sus resultados, el voto del FA en el 2016 se dispersó de la siguiente manera en el 2020: 40% se fue a Unión por el Perú, 15% a Democracia Directa, 8% a Perú Libre y 3% a Juntos por el Perú.


—La ansiada inscripción—

Pese a que en un inicio Juntos por el Perú indicó que esperarían los resultados oficiales y dijo confiar en que podrían pasar la valla, Verónika Mendoza ya anunció que su movimiento Nuevo Perú buscará su inscripción electoral con miras al 2021.

Juntos por el Perú, como vehículo electoral, no es la mejor opción para Verónika Mendoza. Si terminan en otra alianza sin tener inscripción, seguirán debilitados. El problema de esas alianzas es que terminan en cuoteos de grupos que llevan a campañas fragmentadas y competencias internas. Más allá de los errores, Verónika es la candidata más carismática, con más jale, de la izquierda”, señala Javier Torres, analista y director de NoticiasSer.

Pero Mendoza corre el riesgo de quedar aislada, según Adrianzén. “O Verónika Mendoza aísla a , o él la aísla a ella. Mendoza tiene que formar alianza con [Vladimir] Cerrón, con [Gregorio] Santos o con Democracia Directa. Necesita socios en la disputa para fortalecer su posición”, dice el autor de la tesis “Izquierda y postpolítica en el Perú”.

Torres advierte que la fragmentación en los grupos de izquierda también produce que el mensaje que intentan comunicar no sea claro en la campaña, lo que abre espacio para otras agrupaciones con mensajes más radicales. “Tienes a UPP diciendo que quieren una nueva Constitución para fusilar a corruptos y modificar el presupuesto para la educación, problemas concretos de fácil comprensión. Nuevo Perú te habla de que quiere una nueva Constitución para cambiar el modelo. Eso del ‘modelo’ es griego para los electores, sobre todo en las zonas donde la izquierda suele tener buena performance. Entonces tienes poca claridad en el mensaje, sumado a las idas y vueltas de sus alianzas”, afirma el antropólogo.

Julio Arbizu postuló por Juntos por el Perú y es allegado al bloque de Nuevo Perú. Tras el anuncio de Verónika Mendoza sobre la búsqueda de inscripción electoral, Arbizu escribió en su cuenta de Twitter: “Empezamos un camino que representa una alternativa al modelo que ha venido empobreciendo más a los trabajadores peruanos y haciendo más ricos a los grandes empresarios”.


—Con miras al 2021—

La estrategia del FA va por otro lado, desde la óptica de Adrianzén, y no tiene que ver con ganar una elección presidencial sino con “levantar” su agenda y mantenerla en el espacio legislativo. “Si al FA le va bien o regular en el 2021, se va a consolidar con miras al 2026 y se termina convirtiendo en el partido de la izquierda. Verónika intenta jugar a eso, pero cuesta arriba. Hay partidos que quieren ganar la presidencia y hacen lo que sea para lograrlo; otros tienen una agenda y buscan levantarla. A veces, el FA juega más a lo segundo, le importa menos ganar [una presidencia] que levantar su bandera de izquierda”, sostiene.

Otro factor que juega a favor del FA es la consolidación del grupo de Tierra y Libertad, la estructura orgánica creada por Marco Arana y que sirvió como base. El manejo de Tierra y Libertad estuvo en disputa en el 2016, pero tras la salida de Nuevo Perú, se afianzó el poder del grupo que rodea a Arana. Por ello, Arana hoy es voceado como el candidato presidencial del 2021.

Javier Torres cree que mientras Nuevo Perú busca su inscripción y nuevas alianzas, el Frente Amplio intentará sumar a los sectores de la izquierda no partidizados, que son la mayoría. “El FA no tiene un candidato que sea carismático, pero tiene otras virtudes. Ellos van a continuar apuntalando el FA, eso no puede darte una opción de presidencia, pero sí mantenerte en el Congreso, quizás con una representación que crezca”, sostiene Torres en la misma línea que Adrianzén.

Pese a la victoria congresal por ser el único partido de izquierda que pasó la valla electoral, no todo ha sido celebración en el FA. Esta semana tuvieron su primera crisis, cuando se reveló que su cabeza de lista y virtual legislador Enrique Fernández Chacón se reunió con un colega de Unión por el Perú, Posemoscrowte Chagua, y declaró que Antauro Humala Tasso era un preso político. La reacción fue rápida y el Frente Amplio emitió un comunicado colegiado en que descartaba un posible apoyo a una medida a favor del preso Humala Tasso.

El viernes 14, la bancada tendrá una segunda reunión para definir la vocería. De los nueve miembros de la bancada, solo cinco son militantes: José Luis Ancalle, Yván Quispe, Absalón Montoya, Lenin Bazán y Lenin Checco. Este último, de Apurímac, es el voceado para ser el portavoz del grupo.