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Rosa Bartra, la mesa fujimorista está servida [PERFIL]

Rosa María Bartra completó la cuota del fujimorismo en la Mesa Directiva del Congreso. Con suma precaución, habla de ambos

Rosa Bartra, la mesa fujimorista está servida [PERFIL]

Rosa Bartra, la mesa fujimorista está servida [PERFIL]

Es nueva en el Congreso nacional, pero con bastante kilometraje en la política regional. También es nueva en las entrevistas de la tele limeña: en una resbaló en el agujero negro de nuestra historia contemporánea, el 5 de abril del 92. Le respondió a Mario Ghibellini que el golpe fue “cuestionable”. Pero, luego, buscó atenuantes, contradiciendo a Keiko, que había abjurado por completo de esa fecha seminal en el mito de su padre.

 Por supuesto, volví a preguntar lo mismo. “Creo en la democracia y la institucionalidad y nada justifica su ruptura. A insistencia del entrevistador, dije que el contexto histórico de la urgencia de tomar decisiones y el terrorismo obligaron a tomar una medida”. O sea, volvemos a lo mismo. Sin embargo, en otro momento de la entrevista, percibí una respuesta más emotiva y a la vez más razonable: “He vivido el terrorismo, he visto una bomba explotar entre mis piernas. Yo era una niña y no figuramos en ninguna lista de víctimas que tengan que ser reparadas”.    

 En 1987, el padre de Rosa María Bartra, profesor del Sutep, fue candidato a alcalde de Huamachuco por Izquierda Unida. Ella ya era una activista natural. Dos años antes, a los  13, lideró la toma de su colegio, el San Nicolás. Se reunió con otros chicos en la Plaza de Armas y optaron por la pequeña revuelta en protesta por la mala gestión. Aún era adolescente cuando el terrorismo paralizó a su región natal. ¿Por qué no dice sin tapujos que sufrió el terror y esa experiencia condiciona su respuesta ante todo lo relacionado a Fujimori, el vencedor de Sendero Luminoso para quien así quiera creerlo? Ningún político tiene todos los dilemas nacionales resueltos ni nosotros respecto de ellos.

Rosa tiene la formación y las herramientas para ser franca y hasta contundente, pero prefiere ser elusiva y protegerse, como muchos de sus colegas, hablando en primera persona plural. Quizá son sus mecanismos de defensa ante la política dura que le tocó vivir en Áncash. Le pido, ante esta región extrema, no una excusa, sino una reflexión: “Dios ha sido generoso conmigo. Esa etapa la he vivido en su esplendor, no sé cuál sería el adjetivo, ¿macabro? Fundamos el movimiento Río Santa Caudaloso en el 2004, con Guzmán Aguirre, huamachuquino como yo. Se venía el ‘boom’ de la minería. Nos aliamos con Alianza para el Futuro [el bloque fujimorista en el 2006]. Pero asumió Álvarez y yo entré como regidora a Nuevo Chimbote con Valentín Fernández [del Apra], en una miniminoría. Ahí aprendí a hacer escuchar mi voz sin necesidad de gritar. Eligieron a Álvarez otra vez y en el 2014 competí con Waldo Ríos. Me opuse a su candidatura, una persona que tenía un pendiente con el Estado no podía ser candidato”.

¿Por qué una región vota así? “Somos un pueblo bastante emotivo, el Perú en general. Las emociones han determinado muchos de los resultados”. Y si se es emotivo se es manipulable, ¿no? “Al ser emotivos y tener escasos mecanismos que regulen las campañas, tenemos poca información para elegir. Los políticos tenemos muy bien ganado nuestro desprestigio”.

Rosa ‘la hizo’ a la tercera. La propia Keiko la invitó a candidatear, ya no por Áncash, sino por La Libertad, a donde volvió para estar cerca de sus hijos. Y fue también Keiko, según cuenta, quien le propuso lanzarse a la vicepresidencia del Congreso. Y apenas debutada como congresista, ¡zas!, saltó a la primera vicepresidencia. Y la encuentro sentada en tremendo despacho de techo altísimo –¿analogía de las ambiciones que no confesará?–, pesados cortinajes y fino enchapado en madera. Le han contado que fue la oficina de la presidencia del Senado. Después de todo, el modo de ser elusiva, rinde. Al menos, hasta esta fase de carrera.

—El partido—
Su candidatura a la vicepresidencia fue consensual. La mesa fue elegida por 87 votos, la exacta suma de los 73 fujimoristas, los 9 apepistas y los 5 apristas. Lo que no cuadra es que muy pocos de los 73, alrededor de una docena, sean militantes efectivos de FP. “Fuerza Popular tiene el padrón cerrado y debe abrirse los próximos días. Ahí ingresaré como militante. FP es un partido nuevo”.

 Un partido joven ha capturado un poder del Estado con mayoría absoluta. Y se preocupa por dar trabajo a sus cuadros, los de ahora y los de antes. Por ejemplo, Rosa tendrá de asesora a Martha Chávez. “En esta vicepresidencia hay dos funciones importantes, aquí llegan los proyectos de ley y hay que evaluarlos y derivarlos [a comisiones]. La Dra. Chávez tiene los conocimientos y la experiencia necesaria”. ¿Usted la llamó o el partido se la sugirió? “Una serie de profesionales estaban propuestos para ser designados y dentro del partido se determinó quiénes reunían el perfil”.

  Ya que hablamos de FP, pregunto por un parteaguas en el fujimorismo. El indulto. “Es un tema completamente definido. Fuerza Popular no va a usar el poder político para beneficiar a nadie. Keiko ha suscrito un compromiso de honor con el país”. Y así como hay temas zanjados en mancha, los hay librados a la conciencia de cada cual. ¿Despenalización del aborto por violación? “Nada justifica atacar a la vida más vulnerable, del no nacido”. ¿Unión civil o matrimonio igualitario? “Estoy de acuerdo con la unión civil o patrimonial, pero también debemos debatir el matrimonio igualitario”.

—El origen—
Rosa cuenta que el origen de su afán político empezó antes del terrorismo, antes incluso que la toma de su colegio. “Me recuerdo pequeña en el distrito de Sanagorán, que hasta hace poco era uno de los distritos más pobres del Perú, donde trabajaba mi madre de profesora. Somos 6 hermanas, ya éramos 4 y veo a mi madre, es el recuerdo que más ha marcado mi vida, con mi hermanita muerta en sus brazos. No había posta. Mi madre trataba de revivirla, era un proceso de negación del hecho. Recuerdo que ese día juré que nadie más se tenía que morir porque faltara un medicamento o un médico. Ahí empezó mi carrera política”.

Tuvo otro hermano, me cuenta después, que sufrió una discapacidad al nacer y falleció años después en un hospital. El primer relato surgió como una teoría sobre sí misma, el segundo fue más dramático. En ambos casos, aquí está la política que prefiere enraizar sus motivos en carencias vitales, antes que en afanes de poder que da miedo verbalizar.

El fujimorismo anda a tientas. Después de la derrota, Keiko recién reevalúa a sus tropas. Rosa Bartra evita respuestas más allá de que esperarán al pedido de investidura y de delegación de facultades para ver qué hacer. Cuando le pido su autodefinición, opta por la “centroizquierda”. Pero no es cuento. En su caso, viene con agenda ambiental: “El tema doctrinario debe ponerse en vigencia. Como modelo ideológico, sería el de desarrollo sostenible”. ¿De todo esto ha conversado con Keiko? “Será interesante que el pueblo peruano conozca la posición de Fuerza Popular. Va a ser un debate enriquecedor”. De esta respuesta, deduzco que, para ella, la doctrina de FP está en construcción. Rosa se apunta con este soplo a la centroizquierda: “El modelo neoliberal a ultranza no se puede aplicar a todos los sectores. Hay mercados imperfectos que no se rigen por las leyes del mercado, como salud, educación. Hay que retomar el debate ideológico para la construcción de políticas públicas”. 

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