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El cuarto Vizcarra, la columna de Maria Alejandra Campos

Genera expectativa ver qué puede hacer el gobierno con el reclamo que muchos sectores le hacían: que invierta el capital político ganado en una agenda más propositiva

Martín Vizcarra

Vizcarra va a tener que negociar y ceder internamente con el Gabinete. (Foto: GEC)

Si algo ha demostrado el presidente en el casi año que va en el gobierno es que es una persona polifacética.

El impensado. Empezó su labor presidencial con el mote de ‘sobreviviente designado’, porque apenas unos meses antes –cuando estaba autoexiliado en Canadá– nadie esperaba verlo en el cargo.

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El perfil bajo. Desde que volvió al Perú en su cumpleaños para asumir el encargo tras la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski, optó por ser un presidente de perfil bajo. No se peleaba con el Congreso. Más bien, parecía estar alineado con el fujimorismo y este lo respaldaba públicamente. Incluso, se rumoreó que Fuerza Popular había tenido capacidad de veto en la formación del primer Gabinete Ministerial de César Villanueva. Se supo luego que el presidente se había reunido en dos ocasiones con Keiko Fujimori para discutir temas prioritarios en la agenda política.

El monolítico. El llamado al referéndum en el discurso de 28 de julio del 2018 marcó un antes y un después en la gestión de Martín Vizcarra. En este, el presidente decidió divorciarse definitivamente del Congreso y buscar legitimidad fuera del foro legislativo, en la ciudadanía. Los problemas en la relación habían empezado algún tiempo antes, tras desencuentros sobre la ley de cooperativas y la de publicidad estatal. A partir de este punto, el gobierno de Vizcarra se volvió unipersonal. El discurso de la lucha anticorrupción fue monopolizado por el mandatario, quien no contaba con más voceros en el gobierno, y le sirvió para lograr un apoyo significativo en la opinión pública.

En esta etapa, los ministros casi no aparecían. Muchos de ellos fueron totales desconocidos para la ciudadanía hasta el final de sus gestiones. Si es que había algún conflicto social, este se resolvía calladamente, cediendo siempre a las demandas del grupo de turno. Si alguna cartera tenía una postura propia respecto a una política pública, que podía resultar poco popular, el titular era removido rápidamente. Pasó en casos tan distintos como David Tuesta y el Impuesto a la Renta o Christian Sánchez y la rigidez laboral. Si había algún amago de escándalo, la respuesta era la misma: cambio. Desde Heresi –por Twitter– hasta Balbuena, a quien le quitaron la confianza cuando la acusación de corrupción en Cultura parecía perder peso en el Congreso.

¿El propositivo? El último Vizcarra que parece asomar dista de los tres anteriores. Con el Gabinete Del Solar, el presidente renuncia a tener todos los reflectores puestos en él. Entre los ministros que ha convocado se encuentran personas que o conocen muy bien el sector (Bruce, Bustamante, Morales, Pablo) o tienen un perfil político que difícilmente va a pasar desapercibido (Montenegro, Zeballos).

Ello va a implicar una dinámica distinta con los medios de comunicación y la ciudadanía, pero sobre todo dentro de Palacio de Gobierno. Vizcarra va a tener que negociar y ceder internamente con el Gabinete. También va a tener que aceptar tomar más riesgos, puesto que la agenda de los ministros no siempre va a ser popular, aunque sin duda estén convencidos de que es el camino que debe emprenderse.

Genera expectativa ver qué puede hacer el gobierno con el reclamo que muchos sectores le hacían: que invierta el capital político ganado tras el referéndum y el discurso de la lucha anticorrupción en una agenda más propositiva que esté orientada a mostrar resultados al 2021.

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