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Eduardo Dargent: “Hecha la reforma, hecha la trampa”

Politólogo enuncia algunas reformas que podría presentar Martín Vizcarra a un Congreso en el que, como él sostiene, están cambiando los liderazgos

Eduardo Dargent

Eduardo Dargent Bocanegra habla del panorama posreferéndum y de la posibilidad de otra consulta popular. (Foto: Alonso Chero)

Terminando esta entrevista, Eduardo Dargent, doctor en Ciencia Política, irá a una asamblea para definir el futuro de la PUCP tras el descabezamiento de su rector. La impredictibilidad y la judicialización de las crisis impregnan hasta a la academia y, cómo no, serán materia de esta charla. Dargent es autor, entre otros libros, de “Technocracy and Democracy in Latin America”.

— El presidente convocará una comisión de reforma política. ¿Otro referéndum?
Sería raro usar la misma carta dos veces. Imagino que con el capital político ganado va a hacer una propuesta y la va a llevar al Congreso. Y es un Congreso que se ha dado cuenta de que ha perdido una batalla grande.

— Entonces, asumes que la carta realmente funcionó.
Sí. Y [si repitiera la carta], ¿qué haría? ¿Disolver un Congreso de gente que tiene ganas de irse para postular en el 2021? Sería raro, aunque a la vez sería una forma de mantener activa una imagen de reformador que le ha resultado, y mantener al público enganchado con la figura de un presidente que está haciendo cosas por encima de la política menuda.

— ¿Imagen de reformador es igual a imagen de mano dura?
Imagen de presidente con firmeza que toma decisiones y que, como es común en el Perú, se le ha presentado la piñata perfecta, un Congreso lleno de escándalos. Pensó: “Tengo un discurso anticorrupción, ¿hacia dónde lo dirijo?”.

— El Congreso ya tiene esa imagen desde hace años.
Empeoró, empezó a tener juego propio, a interpelar ministros. Ahora es un Congreso debilitado que se juega todas sus cartas de supervivencia en el mundo judicial.

— Ya no se puede entender la política sin la variable judicial.
O de lo que podría judicializarse, que es más interesante. Ocurre en todo el mundo y el debate te lleva al mundo judicial. Lo problemático es que si te excedes en esto, evitas argumentos y te concentras en criminalizar al rival.

— Y al revés, también hay politización de la justicia.
Claro, los contactos de Hinostroza con políticos, la protección a Chávarry es obviamente un intento de politizar la justicia. Y Pérez o Concepción Carhuancho son bichos raros que no obedecen a mandatos políticos.

— U obedecen a otro tipo de mandato, cierta presión popular.
Es otro fenómeno por tener en cuenta. Hay que entender que la política peruana ha fortalecido algunas áreas del Ministerio Público y el Poder Judicial, islas que han sacado de juego a políticos.

— El Apra, por tradición de partido perseguido, desarrolló un esquema de influencias judiciales.
En su momento como defensa, pero te vas acostumbrando a usarlo. Además, en esto se cuela todo un mundo de fantasías.

— Teorías del complot.
Y contradictorias en la misma semana. Si Keiko es liberada, ¿dónde quedará el país controlado por Soros?

— Volviendo a la comisión que convocará Vizcarra, ¿qué reformas podría plantear?
Temas que se quedaron en el tintero: inmunidad parlamentaria, regularla pero no eliminarla. Nuevamente la bicameralidad, voto preferencial, los criterios para perder o no la inscripción de partidos, pues la valla es muy alta. Pero quiero destacar algo que es la trampa de los reformistas: creer que se da la ley y ya. Pero, por ejemplo, quitas el voto preferencial y con lo débiles que son los partidos, vas a tener candidatos que compran su puesto en la lista. Hecha la reforma...

— Hecha la trampa.
Así es, hecha la reforma, hecha la trampa. No solo hay que hacer la reforma, sino darle seguimiento. Hay mil formas para corromper la regla, por eso es importante que las primeras personas en el organismo que creas aseguren un proceso que no sea fácil de revertir. Si el primero pone un estándar alto, es más fácil defender la reforma.

— Hagamos un ejercicio. ¿Qué reformas han funcionado?
El BCR en su momento, que fue para controlar la inflación en América Latina, ha funcionado. La Defensoría del Pueblo, el Indecopi.

— Algunos, como el Ministerio de la Mujer, se crearon en época de Fujimori. ¿Las reformas por encima de los gobiernos?
Claro y ahí tienes que nuestras reformas de primera generación, por decirlo de algún modo, fueron hechas por gente que no creía en el Estado. Cuando la receta era fortalecer al Estado, no lo hacían. Ahora pues, hay que pensar en Sunedu.

— Quizá la más importante reforma hecha con PPK.
Venía de antes, pero se mantuvo y requiere fortaleza para comprarse pleitos e ir adelante.

— ¿Qué reformas de segunda generación podrían plantearse ahora?
Nombrar a un nivel de personas de tal calidad en la Junta Nacional de Justicia que el gobierno no se meta con ellas. El Poder Judicial recibe mucho más dinero que antes y hemos desperdiciado varios años de crecimiento económico con mafiosos nombrando jueces.

— Decía que Vizcarra quiere mantener viva la imagen de reformista con firmeza. ¿Qué mas pretende?
PPK entró con un discurso bonito y luego se puso a hacer lo que sabía, destrabar, atraer inversiones y poner bajo la alfombra sus vínculos empresariales que le iban a estallar en la cara. Creyó que su modelito podía funcionar. [...] Entró Vizcarra, pensé que era lo mismo y sin discurso, y que iba camino a la irrelevancia, y sorprende con el discurso de 28 de julio.

— Ese fue el ‘turning point’.
Mi impresión es que, por convicción o no, ha encontrado un espacio cómodo para decirle a la población “estoy gobernando por ti”, y quiere que la receta le dure. Falta más gobierno, pero la lección es que no hay gobierno que levante popularidad sin política. Ahora es momento para un Vizcarra que levante temas de grandes reforma del Estado en educación, salud, seguridad. Me molesta oír en cada CADE a empresarios que centran la competitividad en la reforma laboral, que es difícil, complicada, políticamente costosa, y no dicen que hemos pasado por un escándalo de corrupción por ausencia de regulación.

— Lo que pasó con la ‘ley pulpín’ generó un trauma al hablar de reforma laboral.
Exacto. Ahí hay un diagnóstico que dice que si bajo derechos, florece la formalidad, y no es tan fácil. Por otro lado, la izquierda que cree que con más fiscalización florecerá la formalidad. Tampoco.

— ¡Y que más estabilidad es mejor empleo!
Esos son dinosaurios setenteros. Hay temas que requieren un gran pacto nacional y que se sienta que nadie está perdiendo del todo.

— ¿Villanueva es el complemento que necesita Vizcarra o Vizcarra no piensa en complementos?
Estaría tentado de decir que es ‘demasiado Vizcarra’, que ya quedó muy subordinado al presidente y no le va a servir de válvula de escape, pero creo que algo habrá hecho para calmar regiones y prevenir conflictos.

— ¿Hay riesgo de caudillismo con ese primer ministro y un Gabinete sin aplomo político?
Para evitar el riesgo del caudillismo necesitas un Gabinete de pares, que se jueguen su prestigio. Se requiere un mix de políticos y técnicos que lo complemente [a Vizcarra], un Gabinete que pueda dejar sentado que no está casado con el empresariado [que era la percepción de PPK] y dé confianza en que trabaja en las demandas de la mayoría.

— Y el fujimorismo. ¿Cambiarán el chip obstruccionista como prometieron?
Creo que hay cambio de liderazgos. Mucha gente en el Congreso ya vio que el barco se quemó y que se necesita no solo un cambio de mente, sino de quién manda. Pero hay que poner paños fríos a los que dicen que el fujimorismo ya se acabó, porque en el Perú basta que consigas un candidato que haga un mea culpa y zanje con el pasado y porque además se ha consolidado en un espacio representativo de sectores conservadores populares.

— El conservadurismo es un factor clave para explicar el fujimorismo de los últimos años, ¿no?
Sí y ese mundo dialoga con sectores de élite que van a buscar ese discurso por interés algunos y por convicción otros. Es una alianza amplia que no está bien diagnosticada ni desde la izquierda ni desde la derecha liberal. Ahí hay un espacio que si no lo toma el fujimorismo, lo toman otros.

— ¿Qué les queda a Julio Guzmán, a Verónika Mendoza y a los que se guardan porque creen que una candidatura temprana desgasta?
Sí, pues. Se ha establecido la conducta de hablar poco, esperar el momento y dar el batacazo de la personalidad novedosa. Y está la idea de que cualquiera puede llegar a la segunda vuelta. “¿Para qué aliarse y ceder si me puedo guardar y ser la novedad?”, piensan. Son muchos los que piensan así, y Guzmán y Mendoza van a ver luego a otros que se les meten en el mismo espacio con fronteras difusas. Vamos a más fragmentación, porque el incentivo para fragmentarse es muy grande. Lo malo es que no se arman equipos leales para llegar al poder.

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