Fue muy temprano que el poder político bajó al llano empresarial, o mejor dicho, se codeó y colisionó con él, pues la historia del empresariado y los gobiernos, no ha sido ni será un lecho de rosas. La génesis de la Conferencia Anual de Ejecutivos () de 1961 fue gremial y previsora –que los cuadros técnicos y dirigenciales intercambien saberes y demandas de infraestructura y trámites–, pero muy pronto se vio natural que los políticos participaran en el encuentro. ¿A quién reclamar si no al gobierno? ¿De quién oír propuestas si no de los candidatos a la presidencia? ¿A quién invitar a cerrar o abrir el evento si no al presidente de la nación?

En 1961, el gobierno estuvo representado en CADE por Pedro Beltrán, el ministro de Hacienda (hoy Economía), un hombre muy ligado al poder político y a la prensa; un símbolo precursor del pensamiento económico liberal que se debatiría por los políticos en futuras conferencias. Su presencia parecía natural en esa primera cita en Paracas, el enclave favorito para los CADE.

Fernando Belaunde fue el primer presidente democrático en asistir a una edición de CADE. Y fue Juan Velasco el primer presidente de facto en hacerlo. En 1972, ya con la reforma agraria iniciada, nacionalización de los medios de comunicación y comunidades laborales forzadas sobre la marcha, Velasco habló ante ejecutivos que no tenían ni prensa para expresarse ni Congreso para equilibrar poderes.

La idea de CADE electoral, en que los candidatos a la presidencia resuman sus planes de gobierno, recién tomó forma en 1984, meses antes de las elecciones en las que arrasó Alan García. Precisamente en esa edición de CADE, un empresario le preguntó si estatizaría la banca y las compañías de seguros y García respondió que no. No todo lo que se dice en CADE es verdad, no todo lo que dicen los actores políticos a los económicos les sale del corazón.

Por entonces, el concepto de CADE electoral tomó forma. Nunca fue un término oficial, pero se usó en la prensa y en los corrillos del propio IPAE, organizador de los encuentros, para distinguir a aquellos foros realizados a pocos meses de las elecciones. Para decidir a qué candidatos invitar y no herir susceptibilidades que pudieran vengarse una vez que tuvieran la sartén de la nación por el mango, se invitó a quienes encabezaban las encuestas de intención de voto al momento de la convocatoria. Por supuesto, ello generó algunos problemas con candidatos que, en vísperas del encuentro, escalaban posiciones en el ránking electoral.

Alberto Fujimori, por ejemplo, no fue invitado en 1989 y sí los izquierdistas Alfonso Barrantes y Henry Pease, además del aprista Luis Alva Castro. Pero la estrella de CADE ese año fue Mario Vargas Llosa ,cuya exposición tuvo históricas similitudes con los ajustes económicos que luego ejecutara Fujimori. Él sí participó en la cita de 1994, cuando se midió con Javier Pérez de Cuéllar y Alejandro Toledo, pero volvió a estar ausente, a pesar de estar invitado, en enero del 2000, cuando hasta los empresarios más conservadores le hubieran hecho saber que su ‘re-reelección’ enrarecía el clima para los negocios. En enero del 2001, en plena campaña encendida, Toledo hizo noticia al anunciar el jale de Pedro Pablo Kuczynski en su equipo de gobierno. Alan García llegó de su exilio pocos días después de esa reunión de CADE.

Humala tampoco fue invitado en su primera candidatura  pues en las encuestas estaba en el rubro ‘otros’ a la hora de la convocatoria. Su aura antisistema se fortaleció con esa ausencia, y a pesar de que sí estuvo en el foro del 2010 y ha gobernado con tensiones de baja intensidad respecto al empresariado, no es el mejor amigo de los CADE.

Le pregunto, aquí en Paracas, a un memorioso directivo de IPAE, cómo definiría CADE electoral y me responde: El inicio del debate programático rumbo a las elecciones.

*Con la colaboración de: Archivo El Comercio.

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