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La encrucijada de la dinastía Fujimori, por Fernando Tuesta

Keiko ha logrado que Fuerza Popular canalice organizativamente la identidad fujimorista. Se ha beneficiado del apellido del padre, pero ha ido más allá

Keiko Fujimori

(Foto: Archivo El Comercio)

Si Keiko Fujimori es la única candidata del fujimorismo en el 2021, sus posibilidades de ganar son óptimas. Pero si ella pierde por tercera vez en el 2021, a Kenji, la cabeza de ‘Los Vengadores’, se le abrirían las puertas como la alternativa que la dinastía Fujimori necesitaría para su supervivencia.

Keiko es por ahora la figura de la dinastía que no puede estar fuera del juego. Es que ella ha logrado que Fuerza Popular canalice organizativamente la identidad fujimorista. Se ha beneficiado del apellido del padre, pero ha ido más allá. Construir un partido que, nutriéndose del pasado, está viviendo de las expectativas del futuro. Eso la diferencia del hermano, quien, siendo más liberal que Keiko, está anclado en las añoranzas del gobierno de los noventa y difícilmente construirá otro partido.

La dinastía fijada por el apellido no es nueva en nuestro país, que mostró ejemplos exitosos (Prado, Pardo) como fracasados (Piérola, Leguía, Odría). En cualquier caso, lo que pocas veces se observa no es la lucha por la sucesión entre hermanos, sino la ruptura en relación con el padre fundador, como es el caso de Keiko en relación con Alberto Fujimori.

Lo más parecido lo encontramos en Francia, con Marine Le Pen, hija del fundador del Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen. Marine lidera el Frente Nacional luego de que su padre lograra alcanzar la segunda vuelta en el 2002, para luego ser derrotado por Jacques Chirac. Marine Le Pen experimentó igual derrota el año pasado, a manos de Emmanuel Macron. Y es que el rechazo al conservadurismo y la xenofobia que encarnaba Jean-Marie Le Pen siguió pesando en el Frente Nacional.

Por su lado, Keiko Fujimori acompañó a su padre cuando reemplazó a su madre como primera dama, en 1994, para luego ser congresista y dos veces derrotada candidata presidencial. En ambas oportunidades por un creciente antifujimorismo, anclado en temas de rechazo a la corrupción y la violación de los derechos humanos.

En ambos casos, las importantes votaciones legitimaron sus respectivos liderazgos. Pero Marine y Keiko necesitaron ampliar el radio de acción de sus respectivos partidos a sectores que antes rechazaban a sus padres. Para ello se presentó la imperiosa necesidad de cambiar el alcance y la imagen de un partido más abierto. Eso llevó a cuestionar la figura del padre, que se convirtió en el límite para alcanzar el poder. Tanto Jean-Marie Le Pen como Alberto Fujimori se resistieron al cambio.

En el caso francés, Marine resolvió la crisis expulsando a su padre del Frente Nacional y reinventó la dinastía. Keiko Fujimori no tiene que llegar tan lejos, pues Alberto Fujimori no es miembro de Fuerza Popular, pero lo que sí hizo es desplazar y luego excluir a los ‘albertistas’ de la dirección del partido, así como de las candidaturas. Hoy, con más firmeza, se enfrenta a un padre limitado de salud y, por el tipo de indulto, obligado a tener un perfil bajo. Por eso está muy cerca de separar a Kenji y a sus seguidores de Fuerza Popular.

El capítulo aún no se cierra, pero Keiko Fujimori se juega su futuro en estos días. Quizá esté pensando en una difícil solución intermedia, pues si rompe abiertamente con el padre, podría perder un sector de su electorado. Si no lo hace, podría perder nuevamente la elección. Pero ella ya debe saber que el arte de la política es tomar decisiones.

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