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Las encuestas que nadie vio, la columna de Maria Alejandra Campos

La propuesta de permitir la publicación de encuestas ha pasado desapercibida, pero es una de las que más impacto tendría al momento de definir al ganador de las elecciones

Encuesta

Lo que suele ocurrir con los resultados de esa última encuesta es que se filtran al instante. (Ilustración: Giovanni Tazza/El Comercio)

Una de las reformas que ha planteado la comisión Tuesta es la de permitir la publicación de encuestas hasta 24 horas antes de la elección. Hasta hoy, la ley solo autoriza la difusión de encuestas una semana antes de los comicios.

Sin embargo, que no se puedan difundir no significa que no se hayan hecho. Datum e Ipsos, que son las que normalmente publican en medios de comunicación, realizan un simulacro de votación un día antes de la elección. El objetivo de esta medición es afinar los parámetros con los que luego se utilizan para analizar la información del día de la elección: boca de urna y conteo rápido.

Lo que suele ocurrir con los resultados de esa última encuesta es que se filtran al instante. Hace unos años era con menús por Twitter “arroz con pollo a 22, chanfainita a 15, causa a 10”. Hoy, el WhatsApp difunde en segundos lo que la legislación se esfuerza en esconder. Esta situación trae consigo dos problemas. El primero es que no todos los peruanos tienen acceso a redes sociales, a mayor nivel socioeconómico, mayor probabilidad de estar conectado. Con lo cual las personas con menores recursos son las más ‘desinformadas’. Pongo la última palabra entre comillas porque el segundo problema es precisamente la calidad de la información. Como la vía de difusión no está fiscalizada, es como un teléfono malogrado con millones de participantes. Cualquiera puede coger el logo de Ipsos, pegarlo en un Power Point con las caras de los candidatos, poner los números que quiera y difundirlo en redes.

La propuesta de permitir la publicación de encuestas ha pasado desapercibida, pero es una de las que más impacto tendría al momento de definir al ganador de las elecciones. Basta con mirar las últimas tres contiendas. Si comparamos los resultados de las encuestas de la semana previa a la primera vuelta con el simulacro del día anterior, suele haber un promedio de 8 puntos porcentuales de intención de voto en juego. Es decir, las subidas y bajadas de los candidatos en la última semana promedian esa cantidad. La volatilidad del voto es alta y el resultado suele ser ajustado, así que esos 8 puntitos son vitales para definir a los que pasan a la segunda vuelta.

Algunos ejemplos de la relevancia de esa última medición y de cómo cambiaría el juego si se modifican las reglas de publicación en las elecciones del 2021: En el 2006, Lourdes Flores llegó a la última semana con tres puntos de ventaja sobre Alan García. Un día antes, el simulacro de Ipsos mostraba un empate a 23% entre ambos. ¿A dónde se hubiesen ido los votos blancos de haberse conocido esa información?

En el 2011, un día antes de la elección, Pedro Pablo Kuczynski estaba a un punto de Keiko Fujimori. ¿Qué hubiese pasado con el voto antifujimorista si no pasaba Keiko a la segunda vuelta?

En la última elección, las encuestas del domingo previo a las elecciones mostraban a Kuczynski tres puntos por delante de Verónika Mendoza. Nunca me voy a olvidar de la cara de algunos empresarios que vieron los resultados del simulacro que se hizo entre semana y que mostraban que Mendoza estaba a un punto de PPK. Pálidos. ¿Qué hubiese pasado con los votos de Alfredo Barnechea si la izquierda veía a Verónika tan cerca de la segunda vuelta?

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