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¿Fujimorismo sin Fujimori?, la columna de Enrique Pasquel

Si al nuevo fujimorismo no lo une un pensamiento o programa y, además, rompe con Alberto Fujimori, ¿qué lo mantiene pegado?

Alberto Fujimori

El hijo del ex presidente recrimina a sus copartidarios el haber aprovechado el nombre de Alberto Fujimori para salir elegidos y, luego, dejarlo olvidado en prisión. (Composición: El Comercio)

El hijo del ex presidente recrimina a sus copartidarios el haber aprovechado el nombre de Alberto Fujimori para salir elegidos y, luego, dejarlo olvidado en prisión. (Composición: El Comercio)

El hijo del ex presidente recrimina a sus copartidarios el haber aprovechado el nombre de Alberto Fujimori para salir elegidos y, luego, dejarlo olvidado en prisión. (Composición: El Comercio)

Alberto Fujimori está relegado en los corazones de muchos que hoy conforman Fuerza Popular. El partido no ha puesto mayor empeño en lograr su indulto y dejó pasar la oportunidad de aprobar una ley que le hubiese permitido continuar con su sentencia en casa. Incluso, algunos congresistas naranjas han sugerido que preferirían que se retirase de la vida pública. Úrsula Letona, por ejemplo, señaló a este Diario que “si Fujimori fuese indultado debería optar por no hacer política”.

Esta situación se ha evidenciado con mayor notoriedad en la última semana a raíz de la sanción que la mayoría de esta bancada impuso a Kenji Fujimori. Como se sabe, el hijo del ex presidente recrimina a sus copartidarios el haber aprovechado el nombre de Alberto Fujimori para salir elegidos y, luego, dejarlo olvidado en prisión. Esto habría motivado las repetidas y públicas críticas que les ha venido realizando en diversos frentes, lo que derivó en su suspensión. A raíz de esto, Alberto Fujimori tuiteó en defensa de Kenji que este último solo “ha estado luchando como buen hijo por la libertad de su padre” y “¡creo que los infraternos y desleales son otros!”.

Las principales voces del fujimorismo, inmediatamente, reaccionaron dejando en claro a quién realmente responden. Rolando Reátegui le sugirió a Alberto Fujimori “que se tranquilice y tome agua de azahar”. Luis Galarreta dijo que Kenji “está en la línea donde la institucionalidad no interesa […] [tiene] el chip de la parte negativa de los 90 […] tal vez hay viejas costumbres que las compartirá quizá con el [ex] presidente”. Héctor Becerril precisó que “Alberto es el líder histórico de Fuerza Popular, pero la lideresa, por quien existe, es Keiko”. Martha Chávez, por su parte, apuntó, en crítica a Kenji, que el “protagonismo personal […] no cabe en una organización política. Disciplina y reconocimiento al liderazgo son fundamentales”. Y Carmen Lozada sentenció que “lealtad al fujimorismo es […] respetar a quien hoy ejerce su liderazgo, Keiko Fujimori”. De esa manera, la cúpula del grupo naranja ha dejado en claro que no tiene problema en desembarazarse de su líder histórico si este cuestiona el poder de su propia hija en el partido.

Esto, sin embargo, plantea un problema: ¿puede existir el fujimorismo sin Alberto Fujimori?

El ex presidente es su nexo con un pasado que exhibe éxitos importantes. Aquel del gobierno que alcanzó la recuperación económica y derrotó al terrorismo, logros que mantienen la fidelidad electoral de un importante grupo de peruanos. Sin esta figura histórica, ¿queda algo que identifique a los miembros del partido naranja entre ellos y con sus electores? Claramente no es un ideario, pues si de algo carece hoy Fuerza Popular es precisamente de eso. En materia económica, dispara incoherentemente, pudiendo el lunes promover el libre mercado y el martes votar con el Frente Amplio. Y en materia social, en campaña vimos a la Keiko ‘progre’ de la presentación en Harvard tratando de apuntar a un votante medio, pero hoy sus congresistas responden a los intereses de las iglesias más conservadoras. No hay un norte ideológico.

Si al nuevo fujimorismo no lo une un pensamiento o programa y, además, rompe con Alberto Fujimori, ¿qué lo mantiene pegado? Pues, aparentemente, lo mismo que al resto de partidos peruanos: un candidato carismático con el potencial de ser una locomotora electoral. Ahora, el problema es que su candidata, al romper con su padre, pone en riesgo el apoyo de su núcleo electoral duro. Y, así, por defender su liderazgo de esta manera, la locomotora puede estar lanzando por la ventana el carbón que todo este tiempo le ha servido de combustible.

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