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Tras más de siete años de realizado el 23 Congreso Nacional del Partido Aprista, en marzo del 2010, el 7 de julio pasado pudo por fin reunirse el 24 Congreso, tras tres años de haberse vencido el mandato de la dirigencia anterior.

Ante circunstancias como esas no es de extrañar que dos tercios de los delegados presentes hayan venido irreductiblemente a buscar una abierta y radical renovación. El período 2010-2017 incluía para su examen dos procesos electorales desastrosos para el aprismo. El del 2011 con la deplorable pugna pública contra la candidata presidencial de parte del mismo secretario general y la posterior renuncia de esta, llevando a que el partido pasara de 37 parlamentarios a solo 4. Y el segundo, el del 2016, en el que fuimos incapaces de percibir que la alianza que se formó no sumaba ni pudimos revertir la inmensa campaña en contra que soportamos por cinco años en todos los medios de comunicación. Si hubiésemos tenido más congresistas en el período que fenecía y no solo cuatro, otro podría haber sido el resultado, aunque el trabajo de estos superara a bancadas mucho más grandes.

¿Cómo podían los delegados de las bases apristas soslayar ese examen? ¿Cómo podían algunos dirigentes suponer que sus responsabilidades no irían a ser evidenciadas? ¿Cómo es que cuajados dirigentes no pudieron percibir que en toda gestión hay un desgaste?
Los delegados, en proporción de dos tercios, pensaron lo que cualquiera haría en su agrupación: buscar nuevas gestiones y reimpulsar vigorosamente su institucionalidad.

En ello juega el papel de los nuevos secretarios generales: Elías Rodríguez, de 42 años, tres veces elegido en primera votación por la región La Libertad, y Benigno Chirinos, presidente de la Confederación de Trabajadores del Perú, que es una vuelta a la esencia fundacional de frente de trabajadores y de los liderazgos sociales de base.

Los que resistían esa corriente no ofrecían nada nuevo. Como nada nuevas son sus reacciones, típicas denuncias basadas en tinterilladas, demostrativas de su orfandad social y de su debilidad ideológica. Pues es evidente que el trasfondo del debate interno y su resultado fueron consecuencia de una amplia corriente de izquierda democrática cansada del exceso de burocratismo y de la falta de horizontes tanto en lo interno como en lo que se refiere al país. La toma de posición política era por ello más importante que la elección misma.

El Apra le está diciendo al Perú que basta ya de gobiernos que no generan empleo ni reducen pobreza, basta de gobiernos lobbistas que dilapidan millones en elefantes blancos y nos endeudan cada día más, basta de gobiernos que pisotean los derechos de los trabajadores al punto de esclavizarlos, basta de gobiernos y presidentes corruptos y malversadores vendidos a intereses extranjeros.

Ese es el tema de fondo, no el meramente electoral. Los partidos muchas veces pierden perspectiva al supeditar sus congresos al cambio de dirigentes cuando lo que deben es reactualizar sus posiciones políticas. Las bases han votado por una propuesta democrática, provinciana y de profunda raigambre popular. Saltando hacia adelante como decía Mao, con la esencia de lo que viene de atrás.

(El congresista Mauricio Mulder es columnista invitado)

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