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Indulto y facturas por pagar, la columna de Juan Paredes Castro

Kenji puede parecer un imberbe en política, pero es el alfil fulminante en las diestras manos del padre. No le arranca 10 valiosos votos a la bancada de su hermana Keiko a cambio de nada

Kenji Fujimori

Kenji Fujimori no ha salvado a Kuczynski de la vacancia, así porque sí. (Foto: El Comercio)

Kenji Fujimori no ha salvado a Kuczynski de la vacancia, así porque sí. Le ha procurado un perdón a plazo fijo hasta que el presidente pueda otorgarle el perdón definitivo a Alberto Fujimori.

Indulto informal por indulto formal. Todo vale en la práctica política a la hora en que se puede perder todo, como la presidencia.

Kenji puede parecer un imberbe en política, pero es el alfil fulminante en las diestras manos del padre. No le arranca 10 valiosos votos a la bancada de su hermana Keiko a cambio de nada. Si no hay indulto a Alberto Fujimori, los 10 votos volverán a tener el peso del comienzo en el eventual siguiente pedido de vacancia presidencial. El indulto informal a Kuczynski, que proviene de esos 10 votos, tiene el plazo que determinará el indulto formal al padre. Es la espada de Damocles rondando la cabeza de Kuczynski.

De pronto la ojeriza antifujimorista, como lo advierte Carlos Meléndez, se ha trasladado de la cabeza de Alberto a la cabeza de Keiko.

El antifujimorismo ya comenzó a comerse los más grandes sapos: que Alberto Fujimori, a través de su hijo Kenji, haya tenido que salvar de la vacancia a Kuczynski, que en la campaña electoral lo llenó de insultos, de ladrón y criminal para abajo; que Alberto Borea haya tenido que encuadrar en la Constitución del 93, que aborrece a morir, una defensa brillante de un Kuczynski casi indefendible; que Pedro Cateriano moviera audazmente el tema de la vacancia como un intento de golpe de Estado, con angustiantes llamados a la OEA, fue un gran gesto para las tribunas sin que pudiera opacar los 10 votos de Kenji que decidieron la salvación de Kuczynski; que el parlamentario Juan Sheput, empeñado en negar la posibilidad de un indulto, tuviera que doblarse ante Kenji en gratitud, no hace menos confirmatorio el pacto celebrado en las horas agónicas de Kuczynski.

Como sapos que comer hay también facturas que pagar y cobrar. A quién premiar y a quién castigar cuando debes formar un gobierno con los caballos delante de la carreta y no al revés y cuando debes seguir defendiéndote de investigaciones y acusaciones que no cesarán y que quizá pudieran acabar en un arresto domiciliario.

Martín Vizcarra y Mercedes Aráoz tendrán que replegarse, para ser las reservas de cualquier eventualidad de recambio presidencial. No tienen que volver a ser las piezas emocionales de una presidencia en riesgo, con rostros de velorio. Ambos encarnan una clara elección popular.

Kuczynski necesita una personalidad íntegra, honesta y con mucha esquina política para la presidencia del Consejo de Ministros. Alguien con quien desplegar diálogos y acuerdos mínimos y una gobernabilidad de ancha base. Alguien con quien elegir metas y objetivos concretos antes que un equipo de amigos a cuyos intereses deba subordinarse la suerte del país.

El manejo de la PCM es clave. Puede ser la jefatura de gobierno en el día a día, dejándole espacio al presidente para ejercer la jefatura de Estado. Siempre que el presidente, claro está, no quiera estar en otro planeta.

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