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“Investir un Gabinete, no desvestir un Gobierno”, por Fernando Tuesta

El Congreso debe otorgar el voto de confianza al Gabinete Aráoz sin ninguna duda

Mercedes Aráoz

El Gabinete de Mercedes Aráoz busca la confianza del Congreso. (Foto: PCM)

El Gabinete de Mercedes Aráoz busca la confianza del Congreso. (Foto: PCM)

El Gabinete de Mercedes Aráoz busca la confianza del Congreso. (Foto: PCM)

El Congreso debe otorgar el voto de confianza al Gabinete Aráoz sin ninguna duda. Si se lo niega, el presidente puede disolver el Parlamento constitucionalmente y convocar a elecciones parlamentarias para que se complete el mandato.

Estos mecanismos, (negar) voto de confianza y disolución del Congreso, son peligrosos en sistemas políticos con partidos e instituciones débiles. Han sido importados sin tener en cuenta los contextos y diseño de instituciones de los países en donde funcionan.

En nuestro sistema presidencialista se elige directamente a la cabeza del Ejecutivo y al Parlamento. El presidente es jefe de Gobierno y jefe de Estado a la vez. No le debe su nacimiento al Parlamento, sino a los electores. Por su lado, en los sistemas parlamentarios, el Parlamento elige al gobierno de un partido o coalición de partidos que tienen mayoría, encabezado por un primer ministro, quien se ocupa de la política interna. El Parlamento puede censurar al Gabinete y el primer ministro puede disolver el Parlamento. Eso es el contrapeso entre los poderes.

En nuestro país, si bien se tiene la figura de un primer ministro que encabeza un Gabinete, es el presidente de la República el encargado de la política interna. Es más, la Constitución de 1993 introduce la figura –la censura de ministros viene de antes– de obligar a todo Gabinete a presentarse y solicitar un voto de confianza. Si el Parlamento censura a dos gabinetes o no le otorga el voto de confianza en dos oportunidades, el presidente de la República puede disolver el Parlamento, aun cuando nunca se ha utilizado en nuestra historia.

Cuando este diseño se pone en práctica, se observa entonces sus incoherencias. El Gabinete Aráoz, como los anteriores, solicita un voto de confianza, pero ningún primer ministro ha formado el Gabinete, sino el presidente de la República. Encabeza un cuerpo de ministros que no ha formado y, lo más importante, no dirige el Gobierno, solo coordina ministros y es portavoz del Ejecutivo.

El primer ministro en los sistemas parlamentarios presenta ante el Parlamento su plan de gobierno hasta completar el período o hasta que caiga. En nuestro caso, se trata del mismo Gobierno, así pasen varios gabinetes con el mismo plan o cambiado.

En nuestro país, para conseguir el voto de confianza (realmente un voto de investidura) el Gabinete debe buscar un voto aprobatorio mayoritario, aun cuando se creó la figura de otorgar un peso especial a la abstención para eludir la potencial disolución del Parlamento. Si no se otorga el voto de confianza caería el Gabinete, pero no el Gobierno. Se podría disolver el Parlamento, pero se le haría daño a todo el sistema político.

Ante eso, no se está discutiendo el tema de fondo, sino tratando de evitar la disolución del Congreso, mecanismo de defensa del Ejecutivo, creando más requisitos. Es decir, a un diseño ya mal elaborado y peligroso se le quiere dejar al presidente atrapado en las riendas de un Parlamento que lo puede paralizar.

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