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Juego de Thornes: la renuncia que no fue

Cuando todo apuntaba a la renuncia de Alfredo Thorne, incluyendo presiones del propio oficialismo, el apuro fujimorista provocó un cambio de actitud. Thorne se quedó en su trono y la crisis se prolongó

Alfredo Thorne

Thorne, en sus dos escuetas intervenciones leídas en el Congreso, no ha abundado en las razones exactas por las que soltó al contralor las expresiones que se escuchan en el audio. (Ilustración: Giovanni Tazza)

Thorne, en sus dos escuetas intervenciones leídas en el Congreso, no ha abundado en las razones exactas por las que soltó al contralor las expresiones que se escuchan en el audio. (Ilustración: Giovanni Tazza)

Thorne, en sus dos escuetas intervenciones leídas en el Congreso, no ha abundado en las razones exactas por las que soltó al contralor las expresiones que se escuchan en el audio. (Ilustración: Giovanni Tazza)

Todo empezó con una reunión que no se debió dar entre un ministro con la boca floja y un contralor con enorme rabo de paja. La cita la pidió Edgar Alarcón, pero Alfredo Thorne viajó y le pidió postergarla para el miércoles 17 de mayo. Esa notificación de cambio de fecha le ha permitido decir al contralor que él no pidió la reunión; pero en rigor sí lo hizo.

El par se vio las caras a tan solo cinco días del 22 de mayo, fecha en la que la Contraloría General de la República (CGR) emitiría su informe sobre la adenda de Chinchero. Por eso, al empezar el diálogo, Thorne hace una broma sobre el tema. Por cierto, ese humor forzado, ese afán por ser empático haciendo confidencias y su candor político son claves para entender la crisis de nervios que pronto explotó.

El contralor fue para discutir un presupuesto adicional de S/13 millones para la CGR, en razón de que el gobierno le pidió involucrarse en el control de su programa de agua y saneamiento. Pero Thorne volvió a tocar el tema de Chinchero de la peor manera, sin calcular que, a esas alturas, Alarcón ya estaba alineado con la oposición y con las dudas que en el propio oficialismo había sobre la adenda.

En este punto, cabe explicar un detalle técnico: a los visitantes de Thorne se les piden los celulares. La misma práctica existe en Palacio de Gobierno. Sin embargo, en esa ocasión el ministro salió a despedir a ejecutivos de la agencia Moody’s y se topó con Alarcón que lo esperaba. Lo hizo pasar directamente y no dio chance a que ni a él ni a su acompañante les requisaran los teléfonos.

Alarcón no iba a desafiar a la oposición con un ‘Chinchero va’. A la vez temía la reacción del Ejecutivo una vez que entregara su informe lapidario. Y temía algo peor: que tanto tiempo en el candelero despertara la curiosidad sobre su pasado y el periodismo empezara a desmenuzar su sorprendente rabo de paja, empezando por sus negocios vehiculares. Por eso, se limitó a oír, grabar y hablar con el cuidado que no tuvo su interlocutor. Y salió con una prenda para negociar, para defenderse cuando estuviese arrinconado, para morir matando.

Thorne, en sus dos escuetas intervenciones leídas en el Congreso, no ha abundado en las razones exactas por las que soltó al contralor las expresiones que se escuchan en el audio. La explicación de que cuando le dice a Alarcón que el presidente pide una ‘promesa’ se refiere a la lucha contra la corrupción y no al informe de Chinchero deja dudas y no aplacó los cuestionamientos de la oposición. Lo que sí es evidente es que el ministro blufea, exagera y hace confidencias que no se pueden tomar al pie de la letra, pues su propósito no es hacer un balance del MEF, sino ser empático con Alarcón. Por ejemplo, le cuenta que está ‘ajustando’ al Poder Judicial condicionándolo al avance de la digitalización de expedientes. Una manera muy ligera de plantear la idea del ‘presupuesto por resultados’. No se puede entender esta crisis, pues, sin tener en cuenta la franqueza e impertinencia ‘thorneanas’.

—Audios y cucharadas—
Tan pronto empezaron las reacciones airadas del Ejecutivo tras el informe lapidario de la CGR que recomendó abrir procesos penales a una decena de funcionarios, se activó la defensa del contralor. Una fuente, que podemos presumir que está ligada a él, dio a “Panorama” la transcripción de partes del audio. El programa difundió el domingo 28 de mayo un breve texto que no tuvo el impacto político que luego tendrían las grabaciones, pero alertó al equipo del MEF, que pidió oír el audio. La directora de “Panorama”, Rosana Cueva, le ofreció a Thorne oír el audio. Y así lo hicieron, en nombre de él, su jefe de Comunicaciones, Roberto Winsberg, y el jefe de su gabinete de asesores, Carlos Ganoza Durant, quien lo había acompañado en la cita con Alarcón.

El ministro fue invitado al programa del domingo 4 de junio, pero prefirió hacer por teléfono sus descargos puntuales. Un día después, el programa de Milagros Leiva aireó otras partes del audio, inofensivas para Thorne. Cueva dijo luego que presumía que uno de los asesores de MEF lo había grabado en su oficina. Por cierto, en esta guerra de audios hay otro que pasó casi inadvertido porque su contenido no era letal para nadie: el de la reunión del viernes 19 de mayo entre Alarcón y Martín Vizcarra en el MTC. Bien podemos presumir que quien grabó es el mismo Alarcón, pero Vizcarra no pisa el palito.

En una estrategia algo contradictoria, el ministro reclamó públicamente la difusión del audio íntegro. “Panorama”obtuvo una versión limpia de ruidos que colgó en su web el domingo 11 de junio.

Thorne se equivocó cuando pensó que los 32 minutos de la conversación completa lo favorecerían. Por el contrario, generó en el oficialismo el pánico por lo que, francote y deslenguado como se muestra ante Alarcón, podría decir en el interrogatorio ante la Comisión de Fiscalización presidida por el fujimorista Héctor Becerril. Él mismo había manifestado su interés en asistir, pero su viaje a Europa con PPK obligó a postergar la cita. Fue citado para el miércoles 14, pero pidió una nueva fecha, pues su vuelo llegaba pocas horas antes. El viernes 16 sería la cita decisiva. Y lo fue, con una variante inesperada.

—La Bolichera—
Por fuentes oficialistas sabemos que el miércoles 14 la bancada ppkausa buscaba la renuncia de Thorne para evitar la cita del 16. Se lo dijeron al primer ministro y, aunque este no parecía convencido, se comprometió a hablar con el presidente para tomar una decisión definitiva. Tarea difícil para Zavala, pues los celos de economista pesan en su relación con Thorne. Por cierto, Zavala se quedó encargado del MEF durante el viaje de Thorne y podría recibir nuevamente el encargo tras la censura o renuncia.

No sabemos qué acordó Zavala con el presidente, pero el jueves 15 todo cambió cuando el vocero fujimorista Luis Galarreta anunció la moción conjunta con el Apra y Acción Popular para convocar a Thorne ipso facto. Al parecer, Galarreta quiso ganar, con la venia de Keiko, una iniciativa que sorprendió –se delató en la transmisión en vivo– a la propia Luz Salgado. Quizá leyó el miedo oficialista y quiso forzar la renuncia que los ppkausas no habían obtenido por las buenas.

Pero así, por las malas, el resultado fue el inverso al que pretendían. Los ppkausas reaccionaron indignados ante el apuro y, aunque en un primer momento llamaron a Thorne para que compareciera, respetaron su negativa. Es más, toda la bancada almorzó con él en La Bolichera (así le llaman a la sala de reuniones del ministro). Zavala se sumó al almuerzo y también fue contagiado del espíritu de Thorne y de su equipo, que no quería que este asistiera ni que renunciara. Un miembro de su entorno me contó que durante media hora se negó a contestar las llamadas de Luz Salgado. Hasta trataron de localizarlo llamando al celular de uno de sus guardaespaldas.

Lo que siguió fue una guerrita de nervios y posiciones. Thorne tuiteó que estaba ocupado y que iría el viernes a Fiscalización, como estaba acordado. Becerril canceló esa reunión y la Junta de Portavoces acordó que aceptaba la posición del ministro, pero que en lugar de la comisión iría al pleno. Esa nueva decisión debía ser comunicada por carta, que llegó luego de las 4:30 p.m., cuando la mesa de partes estaba cerrada. Siguió una escaramuza entre funcionarios del Congreso conminando al MEF a que recibiera la carta y gente de Thorne que se puso treja. Cuando Luz Salgado estaba a punto de explotar, el ministro tuiteó aceptando la invitación.

Se notó en sus ojeras del viernes que el ministro no descansó. Había pasado por un extenuante ‘media training’ donde hubo asesores que hicieron las veces de congresistas mordelones. La sesión del pleno fue incruenta y, aunque no salvó la crisis ni pudo responder el meollo del audio, salvó el honor. Su equipo sintió que había tenido su pequeña épica de despedida. Una fuente del MEF dijo con ironía: “Los tecnócratas les dimos una lección a los políticos”. Cambiaron el chip derrotista del oficialismo para que este plantee que el costo político de la salida de Thorne no lo asuma solo el Ejecutivo, sino también el Congreso al censurarlo. Aunque sigue la crisis, sigue la agonía y sigue abierto un nuevo espacio de negociación.

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