Alejandro Sánchez Sánchez en la entrada a la casa del jirón de Sarratea, hoy incautada como parte de las investigaciones en torno a Pedro Castillo.
Alejandro Sánchez Sánchez en la entrada a la casa del jirón de Sarratea, hoy incautada como parte de las investigaciones en torno a Pedro Castillo.
Por Héctor Villalobos

La sorpresiva detención de Alejandro Sánchez en Estados Unidos –no por méritos, tenacidad o un paciente seguimiento de las autoridades peruanas, sino por un hecho fortuito– debe haber generado nerviosismo en la Dinoes. El amigo, asesor en la penumbra y, según las investigaciones fiscales, presunto cómplice del detenido golpista Pedro Castillo, es una pieza clave para desenredar la maraña de corrupción que se tejió en el anterior gobierno.

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