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Listas para la igualdad: paridad y alternancia

El Ejecutivo propone incluir 50% de mujeres y 50% de hombres en las listas de candidaturas a cargos de elección popular de manera alternada, así como eliminar el voto preferencial.

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Una de las propuestas de reforma política del Ejecutivo sometidas a cuestión de confianza se refiere a la paridad y alternancia de las listas de postulantes a cargos de elección popular. El primer ministro, Salvador del Solar, pidió a inicios de julio a la Comisión de Constitución del Congreso que la iniciativa sea discutida por separado de la propuesta de democracia interna, que ya fue aprobada en el grupo. 

La Comisión de Constitución debatirá este miércoles a partir de las 9:30 de la mañana esta propuesta. 

 Junto con especialistas resolvemos las dudas más frecuentes en torno a la medida.

1- ¿En qué consiste?
La paridad es una medida que busca garantizar la participación equitativa entre hombres y mujeres en espacios de poder público. Esto no significa obligar a las mujeres a participar, sino eliminar barreras para que accedan en igualdad de condiciones a los cargos políticos.

La alternancia, por su parte, es un mandato de posición que obliga al partido a ordenar la lista de candidatos a una elección bajo una secuencia varón-mujer. El proyecto obliga también a establecer la paridad en los órganos de dirección de los partidos.

2- ¿Por qué es necesaria la paridad?
No hay ninguna gobernadora regional en todo el país. Y de 196 alcaldes provinciales, solo 7 son mujeres. Por su parte, de 1.666 alcaldes distritales, solo 86 lo son. A nivel nacional, de 130 congresistas, 36 son mujeres (27,7%).

Las cifras revelan que aún es baja la presencia de mujeres en cargos de elección popular. En el Congreso es la segunda cifra más alta de la historia, pero sigue siendo una infrarrepresentación. El punto de quiebre se dio con la ley de cuotas de 1997, que obligó a los partidos a colocar un mínimo de 25% mujeres u hombres en sus listas de candidatos. Se aplicó por primera vez en el 2000 y el número de mujeres se duplicó (ver cuadro).

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Hoy es de 30%, pero según Violeta Bermúdez, abogada especialista en temas de género y autora del libro “Género y poder” (Palestra, 2019), la medida ha sido insuficiente: lo que, en principio, era un mínimo, terminó siendo un techo. “En las elecciones locales, además, escogen a una mujer joven e indígena para cumplir las tres cuotas en uno”, señala.

3- ¿Y la alternancia?
Dado que el orden de la lista lo establece el partido, según un estudio citado en el informe de la Comisión de Alto Nivel para la Reforma Política, más del 70% de las mujeres son ubicadas en los tercios medios e inferiores y un 41% termina en los últimos números de la lista. Las mujeres que ocupan los tercios superiores, según Infogob, apenas son el 20-25%, porcentaje que se asemeja al resultado final de elegidas (ver cuadro).

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Colocarlas al final ha sido una manera de excluirlas ya que, si bien el voto preferencial ha podido favorecer a candidatas reconocidas, al ser listas cerradas y bloqueadas, un importante número ingresaba en función del orden en la lista. Sin alternancia, las posibilidades de acceder a una curul son menores.

4- ¿Cómo se articula la medida con las elecciones internas?
La propuesta del Ejecutivo no dice cómo conciliar la paridad y alternancia con la modificación de la Ley de Organizaciones Políticas que sugiere que el resultado de las elecciones internas sea obligatorio para fijar el lugar de los candidatos en la lista.

Según Ana Neyra, ex secretaria técnica de la comisión de alto nivel, la fórmula debe ser la siguiente: se realizan las elecciones internas abiertas (con afiliados y no afiliados) y se elige a los hombres más votados y a las mujeres más votadas. De ello, se selecciona al 50% del total de postulantes para integrar la lista final.

En el caso del Congreso, si son 300 precandidatos a las internas de un partido, este debe elegir solo 65 de los hombres más votados y 65 de las mujeres más votadas y luego intercalarlos en una lista de 130. Para Bermúdez, basta que el Parlamento apruebe el mandato de paridad y alternancia en las listas de candidatos al elector final y la fórmula sobre cómo alcanzarlo puede establecerla el JNE. La medida debe ir acompañada de la eliminación del voto preferencial.

5- ¿Es contraria a la meritocracia?
La paridad en cargos de representación busca reflejar la conformación de sus representados. En el Perú, las mujeres son la mitad. En este escenario, señala Bermúdez, no estamos ante un concurso de méritos, sino cargos de representación. Y añade que a ningún congresista, por ejemplo, se le evaluó para acceder a una curul según sus capacidades personales.

Beatriz Llanos, abogada especialista en la materia, señala que este discurso siempre aparece cuando se habla de cuotas o paridad, lo que refleja un estereotipo de género donde el mérito suele estar asociado a lo masculino –por ende, se da por sentado–, y solo a las mujeres se les exige demostrarlo en estos escenarios. “Acá estamos abriendo el acceso a la representación que estaba cerrado y después, dependiendo de sus capacidades, evaluaremos a cada uno de los representantes”, señala.

6- ¿Hay suficientes mujeres?
Los partidos son los que presentan la oferta de candidatos para los procesos electorales. Según el Registro de Organizaciones Políticas (ROP), al 2018, el 48% de las personas inscritas en un partido son mujeres. En otras palabras, la mitad de la militancia lo es.

En la mayoría de los partidos, el porcentaje se ubica entre 45% y 55%. De estas, sin embargo, al año 2018, solo el 29% del total ocupa algún cargo como dirigente. De ahí la propuesta del Ejecutivo de revertir la situación estableciendo la paridad también en órganos directivos. Como sostiene Llanos, en el interior de los partidos, en la medida en que el poder aumenta, la presencia de las mujeres disminuye.

7- ¿En qué otros países se ha aprobado ?
América Latina es la región del mundo en la que más países han adoptado la paridad: Argentina, Ecuador, México, Bolivia, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y Panamá. Llanos destaca el caso de Bolivia, que ocupa el tercer lugar en el mundo de los países con mayor representación de mujeres (53,1%) y el de México que está cuarto (48,2%), según el ránking de la Unión Interparlamentaria.

“Cuando la medida ha estado bien diseñada y hay una buena compatibilidad con el sistema electoral, con lista cerrada y bloqueada, en países como Bolivia, México, Costa Rica, hemos visto los mayores números de mujeres electas en la historia”, sostiene.

En el libro ‘Género y Poder’, Bermúdez destaca el caso de Francia como país pionero en instalar esta medida. El resultado se vio, acorde al Alto Consejo de la Igualdad entre las Mujeres y Hombres, en “numerosas leyes que han reformado las elecciones en la esfera política”, así como en el hecho de que, tras la reforma, “la paridad también comenzó a extenderse a nuevas áreas: negocios, servicios públicos, educación superior e investigación” (2019: 95).

La especialista, sin embargo, advierte que, a pesar de hay más mujeres representantes, nuevos desafíos aparecen en países como México y Bolivia. A nivel de sus elecciones locales, se descubrió que a las mujeres candidatas se les hacía firmar un acta comprometiéndose a renunciar al cargo para que la reemplace un accesitario hombre. Para evitarlo, en México, por ejemplo, se aprobó una política de supleción por género, donde se obligó al partido a garantizar que las accesitarias de las postulantes mujeres sean también mujeres.

8- ¿Con la paridad van a legislar más mujeres a favor de una agenda pro género?
Que existan más mujeres en espacios de toma de decisión no es garantía por sí sola de que impulsen una agenda a favor de la igualdad de género. Por eso, es necesario distinguir dos niveles. Explica Llanos que, una cosa es que las mujeres superen las barreras de acceso que tienen para llegar a espacios de poder predominantemente masculinos y así, garantizar el derecho a la igualdad y no discriminación de participar en la esfera pública; y otra, que esto se traduzca en políticas a favor de las mujeres representadas. 

Si bien es deseable que ocurran ambos, explica, la paridad y la alternancia ataca lo primero, las barreras de acceso, y puede contribuir a lo segundo, pero no siempre es así. “A este espacio pueden llegar mujeres de centro, izquierda, liberales, conservadores; está bien que las mujeres sean diversas en sus atributos y en su ideología”, señala.

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