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Las llaves sueltas del poder presidencial, la columna de Juan Paredes Castro

Es hora de que Kuczynski promueva, junto con el Congreso, una reforma del poder presidencial, que le permita recuperar su condición de jefe del Estado con prerrogativas claras y precisas

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Es hora de que el presidente Pedro Pablo Kuczynski promueva una reforma del poder presidencial. (Foto: Presidencia Perú)

Quien responde por el poder presidencial es el presidente. (Foto: Presidencia Perú)

Es hora de que el presidente Pedro Pablo Kuczynski promueva una reforma del poder presidencial. (Foto: Presidencia Perú)

El caso fiscal y judicial de Ollanta Humala y su esposa Nadine Heredia revela, ahora sí más gravemente, cuán débil y vulnerable es –oh, paradoja– la todopoderosa institución presidencial en el Perú, que ambos personajes manejaron durante cinco años en un cogobierno de total impunidad.

Hablamos de la condición débil y vulnerable de la mayor institución de poder de la República, no solo porque sus piezas legales y constitucionales no están en su lugar o son movedizas, sino porque las llaves que abren y cierran las puertas de Palacio de Gobierno terminan casi siempre en otras manos que no son precisamente las de quien elegimos cada cinco años. El presidente no llega a ser el jefe de Estado que necesitamos, el primer ministro no es lo que parece ser, y hasta un asesor de inteligencia o una primera dama pueden cambiar el curso de los asuntos de Gobierno y Estado.

Sobreviene, entonces –y esto nos pasa todo el tiempo–, la inevitable pregunta de quién demonios manda y nos representa en este país.

A lo largo de 25 años, desde Fujimori hasta Kuczynski, pasando por Paniagua, Toledo, García y Humala, he llamado la atención, quizás en exceso, sobre este problema (ahí está mi reciente libro “La presidencia ficticia” para confirmarlo) y hasta he advertido sobre el peligro que corre el supuestamente blindado modelo económico, al parecerse cada vez más a una caja fuerte guardada en el fondo de un banco, con las llaves colgadas en la chapa de la puerta para quien quiera tomarlas.

Lo peor de todo es que el presidente no únicamente puede perder las llaves o le pueden ser arrebatadas en el ejercicio del cargo (Fujimori a manos de Montesinos y Humala a manos de Nadine Heredia). Las puede perder o le pueden ser arrebatadas desde la campaña electoral, desde el primer instante en que rubrica compromisos que tendrá que saldar una vez llegado a Palacio.

¿Por qué quien aspira a la presidencia del país tiene que ser un recaudador de fondos (acaso no hay comités de partido que asuman esa responsabilidad de acuerdo a ley) o el hombre clave que debe abrir y cerrar negocios con esta o aquella empresa?

Claro que es una cuestión de conducta política, de moral y ética ciudadana, y de respeto a la voluntad popular, pero también es una cuestión de reglas y normas inamovibles. Quien responde por el poder presidencial es el presidente. Y por consiguiente, las puertas de ese poder no se abren ni se cierran porque un mayordomo use ganzúa ni porque una ama de llaves confunda su rol dentro de palacio.

Es hora de que el propio Kuczynski promueva, junto con el Congreso, una reforma del poder presidencial, que le permita, de un lado, recuperar su condición de jefe del Estado con prerrogativas claras y precisas, y de otro, ser un factor clave de unidad y estabilidad del país, dejando que quienes se desgasten sean sus ministros y no al revés: él, cada vez que quiere ser perdonavidas de obvias incompetencias en su Gabinete.

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