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No es más que un hasta luego, por Cecilia Valenzuela

Las mentes autoritarias creen que no tienen por qué rendir cuentas, que están exentas de responder por los dineros públicos que gastan

Liliana La Rosa

El hecho no fue un exabrupto de los hombres encargados de la seguridad de La Rosa; al contrario, ellos actuaron en consecuencia con su jefa. (Foto: Difusión)

El lunes, en un evento en el que la ministra de Desarrollo e Inclusión Social, Liliana La Rosa, inauguraba una ventanilla única, la periodista Stefanie Medina de Canal N fue maltratada físicamente por los guardaespaldas de la titular del Midis. Pero el hecho no fue un exabrupto de los hombres encargados de la seguridad de La Rosa; al contrario, ellos actuaron en consecuencia con su jefa, con la prepotencia con la que la ministra respondió a una incómoda pregunta planteada por la periodista.

No hay subjetividad, lo vimos en vivo. El primer empujón lo ejecutó La Rosa, sus matones actuaron inmediatamente después. La reportera de Canal N le preguntó a la ministra por qué su despacho despidió a la abogada Lesly Shica, una funcionaria del Midis que declaró en contra de la congresista de su partido, el Frente Amplio, María Elena Foronda, quien tuvo guarecida en el Congreso a la encargada de cuidar a los secuestrados del MRTA en la década del 80.

Cuando la periodista acercó el micro, La Rosa le retiró el brazo con desdén y violencia, y con una sonrisa bastante cínica la dejó a merced de sus guardias.

Una semana antes, el presidente del Congreso, Luis Galarreta, había reaccionado de manera similar: amenazando con una ley contra la prensa cuando un periodista le preguntó por la compra de frigobares y televisores para los congresistas en vísperas del Mundial.

Las mentes autoritarias creen que no tienen por qué rendir cuentas, que están exentas de responder por los dineros públicos que gastan, que sus decisiones deben convenirles a sus gestiones y no a los ciudadanos a los que involucran.

Desde el poder –Ejecutivo y Legislativo– los periodistas, hoy en día, enfrentamos actitudes poco democráticas. En los extremos de la política, el Frente Amplio y Fuerza Popular, los actores se miran el ombligo y responden insuflados cuando una pregunta incómoda les solicita que abandonen su autocontemplación.

Se podría decir que no son buenos tiempos para la prensa, pero la verdad es que no hay mejor tiempo para un periodista que los malos tiempos.

Enfrentando el ventarrón crece la garra. La violencia, la prepotencia, el abuso son vitaminas para un espíritu crítico. Nos hacen más fuertes, más audaces, más irreverentes, más útiles. Es cuando nuestra labor se hace más necesaria para nuestra sociedad.

Hoy que me toca despedirme de estas páginas queridas –dejo mi columna de opinión política en El Comercio para asumir el cargo de directora de “Perú 21”–, recuerdo como nunca la convicción que me llevó a convertirme en periodista y la pasión que me remueve las tripas cuando veo y entiendo cuál es mi deber.

Quiero agradecer a mis colegas de esta sección por la solidaridad constante y la paciencia.

A mis directores Fritz Du Bois, Juan Paredes Castro y Fernando Berckemeyer por los tiempos compartidos, los buenos y los malos, los que habitarán siempre en la memoria y el corazón.

Y cómo no, al directorio del Grupo El Comercio por confiar en mí y encomendarme la responsabilidad de dirigir el joven pero no menos entrañable “Perú 21”.

Un abrazo a mis lectores, no me extrañen, ya saben dónde encontrarme.

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