La vicepresidenta Mercedes Araoz y el presidente Martín Vizcarra se saludan durante el desfile militar. (Foto: Alonso Chero / GEC)
La vicepresidenta Mercedes Araoz y el presidente Martín Vizcarra se saludan durante el desfile militar. (Foto: Alonso Chero / GEC)
Erick Sablich Carpio

Analista político

En los días previos a la segunda vuelta del 2016, el candidato intentó atajar con humor los cuestionamientos en torno a si su edad y estado de salud le permitirían acometer plenamente las funciones de presidente de la República: “Dicen que estoy viejo, es cierto, pero el coco y la experiencia me funcionan. Y si me pasa algo tengo dos pólizas de seguro: Martincito y Mechita, así vamos a trabajar”.

No fueron motivos de salud, como sabemos, los que precipitaron la activación de la primera póliza de su premonitoria sentencia. Ahora, luego de que su sucesor planteara sorpresivamente el recorte del período presidencial y congresal, cabe preguntarse qué rol jugará en esta crisis política el ‘seguro’ sobreviviente, la vicepresidenta .

Para ello, primero tengamos en cuenta que las reacciones iniciales de la mayoría de bancadas sugieren que la propuesta será desestimada, lo que dejaría al mandatario las siguientes opciones: (i) dar marcha atrás, lo cual luce improbable aun si el Congreso reconsiderara su posición sobre la inmunidad parlamentaria; (ii) hacer una cuestión de confianza sobre el proyecto de elecciones anticipadas, pero es debatible que el Ejecutivo pueda plantear cuestiones de confianza para reformar la Constitución y, de disolverse el Parlamento, solo se convocaría a elecciones congresales; y (iii) renunciar junto con Araoz, lo que generaría que el titular del Congreso, Pedro Olaechea, asuma la presidencia y convoque a elecciones generales (aunque algunos expertos señalan que deberían ser solo presidenciales).

El Congreso, además de tener que tomar posición en estos escenarios (incluyendo aceptar las hipotéticas renuncias de Vizcarra y Araoz), podría apuntar a un nuevo proceso de vacancia presidencial, como vienen deslizando diversos representantes de la oposición al hablar de la “incapacidad” de Vizcarra para continuar gobernando. Hasta el momento ‘solamente’ piden que renuncie.

En medio de la tormenta, Araoz ha mantenido un inusitado silencio. Se sabe que se enteró de la decisión del presidente como cualquier ciudadano al escuchar el mensaje a la nación. Y, tanto en esa oportunidad como en los encuentros con el mandatario durante la Parada Militar, fue evidente su incomodidad y el distanciamiento entre los ex compañeros de la plancha ppkausa.

Dejando de lado los desplantes de Vizcarra, el efecto de una potencial oposición (pública o privada) de Araoz a la propuesta de adelanto de elecciones complicaría seriamente las intenciones del presidente. En primer lugar, contribuiría a debilitarla políticamente, no en términos de apoyo ciudadano, pero sí entre los tomadores de decisiones en el Congreso. Principalmente, haría menos traumático un escenario de sucesión presidencial, sea por renuncia o vacancia de Vizcarra, incrementando las posibilidades de que el Parlamento opte por esta última vía.

Todos parecen asumir, incluyendo a Vizcarra, a pesar de su vasta experiencia en estos menesteres, que Araoz debe respaldar ciegamente el llamado del jefe de Estado o seguirlo en una eventual dimisión o vacancia presidencial. Lo cierto es que, como deslizó Kuczynski al hablar de sus dos “pólizas”, al menos bajo cauces constitucionales Araoz tendría todo el derecho de asumir la presidencia sin que ello la convierta en una temible ‘fujiaprista’.