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Los peruanos acudimos a las urnas hoy en un proceso electoral que se desarrolla en medio de una crisis. Max Hernández, médico, psicoanalista y secretario ejecutivo del Acuerdo Nacional, reflexiona sobre esta nueva etapa que se inicia con las elecciones.
Los peruanos acudimos a las urnas hoy en un proceso electoral que se desarrolla en medio de una crisis. Max Hernández, médico, psicoanalista y secretario ejecutivo del Acuerdo Nacional, reflexiona sobre esta nueva etapa que se inicia con las elecciones.
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— Hoy vamos a elecciones y la preocupación es qué país vamos a enfrentar en los próximos cinco años.
Todas las preocupaciones están centradas en la elección y estamos pensando en el día siguiente, porque las sucesivas transformaciones de la Constitución y sucesivos cambios de gobierno han creado una situación de gran fragilidad y han sacado a flote viejas grietas que estábamos intentando resolver y han aparecido con mucha fuerza.
— Después de estos 10 años de sobresaltos ¿el Perú siempre podría estar peor y de eso deben tener conciencia los electores?
Soy secretario ejecutivo del Acuerdo Nacional y médico psiquiatra y psicoanalista, lo que hace que mi perspectiva sea de intentar coordinar a veces situaciones aparentemente irreconciliables, pero que nosotros –desde el psicoanálisis– las enfrentamos con una lógica paradójica y en el AN las hacemos buscando consensos. En estos últimos diez años, hemos sufrido procesos no solo de desinstitucionalización, sino que se ha creado un ánimo destituyente: cualquiera que llegue a algún cargo es blanco de quienes se lo quieren tumbar, entonces tenemos un terreno bastante resbaladizo, precario y pantanoso. Confío en la resiliencia de nuestro país, que ha superado muchas cosas, y hay que tener en cuenta que quien salga electo lo hará con apenas un 15%. En la segunda vuelta, las cifras cambian. Quien gane tiene que ser consciente de que apenas un 15% del electorado votó por ellos, tiene que darse cuenta de que gobierna desde una posición minoritaria.
— Ante esta realidad, ¿será posible crear consensos a partir del 13 de abril?
No sé si será posible, pero es necesario. Y, a veces, la política no es solo el arte de lo posible, es el arte de enfrentar lo necesario. Quien quiera que gobierne tiene que saber que parte desde una posición minoritaria, así en la segunda vuelta alcance una cifra altísima. Leí una entrevista en El Comercio al historiador Carlos Contreras y decía que muchas de las cosas desagradables que estamos viviendo no podíamos verlas solamente como una crisis terminal de un sistema, podríamos verlo también como la respuesta adolescente a una crisis. Y así como el adolescente es un tanto matón, quiere enfrentarse a quien fuera y desconfía absolutamente de todo, decía, probablemente en nuestro país se está viviendo una terrible transición adolescente y para el politólogo Carlos Dargent, más bien la crisis es terminal. Los dos tienen razón. Entonces, ¿cómo logramos un equilibrio para darnos cuenta de que, si lo vemos como una crisis en un proceso adolescente, tenemos esperanzas, pero si lo vemos como una crisis terminal, tenemos un sentido de urgencia. ¿Cómo combinamos la necesidad de esperanza que apunta a un futuro largo con el sentido de urgencia de que hay que hacer algo mañana? Yo no creo que haya que hacer algo mañana.

— ¿No cree que afrontar la inseguridad ciudadana requiere un sentido de urgencia? Todos los candidatos ofrecen acabar con la crisis de inseguridad, y eso crea expectativa.
El problema con la inseguridad es que produce en términos internos miedo y el miedo es un pésimo consejero. Si tengo miedo, voy a optar por lo primero que me ofrezcan. El problema es que en toda esta fragmentación la gente que conoce del tema están enfrentados, y en lugar de decir vamos a ponernos en contacto todos los que conocemos a fondo del tema, queremos que nuestro punto de vista prevalezca y, además, si al punto de vista del otro le falta algo, entonces no sirve. ¿Podríamos imaginar que quien salga electo o electa vaya a convocar a la gente mejor preparada al margen de su partido?
— Muy difícil luego de una campaña donde se han dicho de todo…
Es enormemente difícil. ¿Se acuerda del dicho famoso “A grandes males, grandes remedios”? El remedio es cómo mantenemos la democracia, cómo mantenemos la amabilidad personal. Creo que los excesos verbales son terriblemente preocupantes porque como analista sé que hay cosas que las palabras hacen, no solo dicen.
— ¿De qué manera se puede superar un insulto si mañana me tengo que sentar con esa persona para gobernar?
Hay un gran pensador, Jacques Derrida, tiene un texto sobre el perdón que dice: “Si existe la palabra perdón, es porque sabemos que hay algo imperdonable. Pero ese perdón que perdona lo perdonable es un pobre perdón. Tendríamos que pensar en ese perdón capaz de perdonar lo imperdonable”. Necesitamos una profunda transformación de nuestra mentalidad para entender que gobernar un país es gobernar con aquellos que piensan como nosotros y con los que piensan contrariamente a nosotros. El gobernante tiene que tener la capacidad de situarse por encima de esas pequeñas cosas.
— La gente está harta de la corrupción. ¿Cómo enfrentar lo que venga cargando esa pesada mochila de la corrupción?
La corrupción es el más serio e importante de los problemas, hay tal cantidad de corrupción que no nos atrevemos a abrir los ojos para darnos cuenta. Sí, qué bien meter presos a estos presidentes, y qué pasa con quienes siguen corrompiendo no solo desde el Estado, sino desde la sociedad civil, desde la empresa. Enfrentar la corrupción no es solamente enfrentar la gran corrupción, es enfrentar la pequeña corrupción. Hace unos 20 años, cuando se hablaba de este problema, quien dijo “acá de lo que se trata es de freír unos cuantos peces grandes y van a ver que el miedo frena la corrupción de inmediato”, ¿cuántos peces hemos frito? Y la corrupción sigue caminando.
— Ante esta crisis de corrupción, de inseguridad, la gente se pregunta ya para qué voy a votar si todo va a seguir, ¿usted cree que hay una apatía generalizada en los peruanos respecto a las elecciones?
Soy un ferviente creyente de la democracia porque parte del concepto de que todos somos iguales y porque el poder es un lugar simbólico, vacío. El poder es la capacidad de articular los poderes, pero ese poder se ejerce en un lugar vacío que se renueva cada cierto tiempo, porque entre el inicio de la votación y el cierre de la votación, cada uno de nosotros que vota tiene el poder simbólico. Decir “esto no va a cambiar nada” es negar el valor de la democracia. Decir “todos son corruptos” es negar que la república puede vencer a la corrupción.

— Bajo esa lógica, ¿el Perú tiene esperanza?
Sí. Acuérdese del mito de Pandora. Para algunos, la esperanza fue una virtud encerrada en la caja de Pandora y para otras fue el peor de los males, porque esperar cuando no hay nada que esperar frena. Yo sí creo en la necesidad de esperar. Creo que la estructura de la psique humana mira al futuro y funciona siempre en relación con el otro.
— Como psicoanalista, ¿qué diagnóstico le daría al Perú?
El psicoanálisis más que diagnosticar permite procesar. Nuestro país está polarizado, fragmentado. Yo mismo he mencionado las viejas grietas que parecen haberse reabierto. Se ha vivido una campaña vocinglera, pero también es cierto que si no desplegamos un ápice de esperanza, no vamos a poder lograr nada. No hay peor cosa que la depresión. Entonces, aunque soy reacio a hacer diagnósticos, diría que estamos viviendo un momento en que hay rasgos depresivos.
— ¿El Perú es un país con rasgos depresivos?
En el Perú estamos viviendo algo que podríamos asimilar a un momento depresivo. Lo terrible de un momento depresivo no es que la depresión sea una acumulación de tristezas. El problema es que la depresión es una pesadumbre, es un fardo que el depresivo dice: “No puedo hacer nada por esto, no hay nada que pueda cambiar, lo único que puedo hacer es esperar que venga lo peor porque siempre habrá posibilidad de que venga lo peor”. Si nos vamos a poner así, sería terrible. Habrá quien dice cómo no estar deprimido en una situación como esta. Pero yo digo, hemos sobrevivido cosas, somos un país cinco veces milenario, un país 200 años independiente, republicano, un país cuya historia está llena de baches y dificultades, pero es una historia extraordinaria, porque es una historia en la que junta vertientes que en otros países ni siquiera han logrado coexistir.
“El 75% de los planes incluye políticas del Acuerdo Nacional”
— ¿Los planes de gobierno de los partidos incluyen las políticas del Acuerdo Nacional?
En el Acuerdo Nacional establecemos comparaciones entre los planes de gobierno, las políticas de Estado y los consensos por el Perú. En un 75% de los planes de gobierno de los partidos hay aspectos del Acuerdo Nacional y de sus políticas. Están muy presentes las políticas de seguridad ciudadana, de descentralización, de educación, de salud, de desarrollo agrario, la política de lucha contra la corrupción y la política del desarrollo infantil temprano. El tema es que son planteamientos superficiales y enunciativos, pero cuando menos sabemos que están presentes, pero también hay un conjunto de temas ausentes.
— ¿Como cuáles?
No hay una palabra sobre identidad nacional en un país donde la tensión Lima-regiones es enorme. ¿Cómo entender la identidad en un país plural de todas las sangres?, ¿cómo impulsamos un mejor conocimiento de nuestra historia? Esto es esencial para la cohesión social. En seguridad están incidiendo en las propuestas punitivas. Poco se habla de la importancia de la inteligencia para desbaratar a estos canallas. En el tema de salud, la mayoría de los planes de gobierno le da importancia a la atención primaria, pero no en la lógica que la atención primaria es la puerta al sistema de salud que debe conducir a un sistema articulado, unificado. Sobre la minería hay un vacío metodológico. Todos dicen, es necesario equilibrar la minería artesanal con la gran minería, pero nadie dice cómo, ni cómo vamos a proteger las cabeceras de cuenca. La ciencia es la cenicienta y un país que no tenga ciencia no tendrá tecnología, ni innovación. No hay planes reales.
— Debe haber sido un trabajo arduo realizar este tipo de comparaciones.
Sí, lo hacemos todo el tiempo. Hay otra política del AN que es la de vivir en riesgo. Es alarmante cómo se sigue construyendo en zonas vulnerabilísimas. Eso es absolutamente terrible, para no hablar del caos urbano y de las políticas de la sociedad del conocimiento. Si no somos una sociedad de conocimiento, no seremos una sociedad. ¿Qué vamos a pedirle a un niño que nació de una madre que no está bien nutrida, ni tuvo su ácido fólico a tiempo? Con niñitos con anemia. La anemia es el daño en la salud corporal. La falta de amor, de ternura y de apego es la falta de nutriente de la psique, del alma.
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