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La historia de los vicepresidentes que marcaron distancia o se alejaron de sus gobiernos

David Waisman

(Foto: GEC).

“El pueblo nos eligió para llegar al 2021”, ha dicho la única vicepresidenta de la República, Mercedes Araoz, en su última entrevista con El Comercio. Una declaración que se entiende diametralmente opuesta al pedido de adelanto de elecciones hecho por el presidente Martín Vizcarra en su discurso de 28 de julio. 

Aunque Araoz ya ha tenido discrepancias con este gobierno, no se trata del único caso de ‘choque’ entre un jefe de Estado y los encargados de reemplazarlo durante su ausencia. Alejandro Toledo y Ollanta Humala terminaron sus mandatos con un solo vicepresidente, con el que además tenían disputas constantes, y Máximo San Román cortó vínculos con Fujimori cuando decidió disolver el Congreso.

El propio Vizcarra, tras su censura como ministro de Transportes y Comunicaciones, tuvo una relación distante con el hoy vacado Pedro Pablo Kuczynski. Esta es la historia de una posición que, en los últimos años, parece haber ganado más importancia política que nunca.

Máximo y la banda de Belaúnde
Uno de los primeros opositores al gobierno de Alberto Fujimori fue su primer vicepresidente, Máximo San Román. Empresario industrial de origen cusqueño, San Román no solo integró la plancha ganadora en las elecciones de 1990, sino que fue elegido presidente del Senado con la más alta votación registrada hasta ese momento.

Máximo San Román

(Foto: GEC).

Para cuando Fujimori decidió disolver las dos cámaras que componían aquel Parlamento, el 5 de abril de 1992, el periodo de San Roman al frente del Senado ya había terminado. Sin embargo, 16 días después, el 21 de abril, y ya sin poder sesionar en el local del Congreso, los congresistas resolvieron nombrarlo presidente constitucional de la República.

La banda que recibió aquella vez acababa de salir de la casa del ex presidente Fernando Belaúnde. Su sobrino Raúl Diez Canseco —entonces empresario y diputado— se la había pedido para usarla en la ceremonia de juramentación de San Román. Por eso, luego de terminada la ceremonia, volvió a las manos del ex presidente.

La presidencia de San Román fue tan efímera como la tenencia de aquella banda. Ni la comunidad internacional ni las Fuerzas Armadas lo reconocieron en el cargo que había asumido, según reseña una crónica de El País. En poco tiempo, su figura como presidente fue eclipsada.

Años después, en el 2002, San Román declaró que Fujimori sabía sobre el accionar del Grupo Colina y, en el 2008, que conocía la “clase de persona” que era Montesinos. Desde entonces, ha postulado tres veces más a la vicepresidencia sin éxito, incluida una en la plancha de Pedro Pablo Kuczynski, en el 2011.

Diez Canseco y el ‘pecado’ del amor
“Resulta que ahora el tener sentimientos, querer o dejar de querer, es un pecado”, declaró Raúl Diez Canseco cuando tuvo que renunciar a la primera vicepresidencia del gobierno de Alejandro Toledo. “Mi único error fue enamorarme”, dijo después.

Raúl Diez Canseco

(Foto: GEC).

El noviembre del 2004, Correo denunció —en un reportaje titulado "Los pecados de Raúl"— que Diez Canseco había contratado a su actual pareja, Luciana de la Fuente, y a dos primos suyos en Prompex. Aquella entidad dependía del Ministerio de Industria, Turismo, Integración y Negociaciones Comerciales Internacionales que él presidía. Correo también denunció beneficios tributarios para el padre de De la Fuente. Esta última denuncia fue desestimada por la Corte Suprema. 

Ante estas denuncias, Diez Canseco, sobrino del expresidente Fernando Belaúnde y fundador de la USIL, tuvo que dejar primero el ministerio y luego la vicepresidencia. En su faceta empresarial había traído franquicias como Pizza Hut, KFC y Burger King al Perú, las cuales perdió durante su proceso de divorcio. Siempre negó que hubiera cometido actos ilícitos.

El año pasado, más de una década después del escándalo, Diez Canseco declaró que postularía a la presidencia de Acción Popular. “Fernando Belaúnde me aconsejó: ‘no vivas con odio, perdona, pero nunca olvides a los que te traicionaron”, dijo sobre el tema. 

Waisman y el despacho cerrado
Tras la renuncia de Diez Canseco, el único vicepresidente que le quedó a Toledo fue David Waisman, con quien había compartido la campaña presidencial y marcha de los Cuatro Suyos. La relación entre ambos, sin embargo, fue siempre tirante.

David Waisman

(Foto: GEC).

“Cuando quedaba a cargo de la vicepresidencia, me dejaban el despacho cerrado con llave”, ha dicho después Waisman. “Yo empleaba el baño de los soldados de Palacio”, agregó. Años después, la pelea se ha hecho mucho más explícita. En entrevista con Canal N, Waisman llamó al ex presidente “personaje despreciable” y “enfermo de la mentira”, y criticó su excesivo uso del avión presidencial.

Las rencillas entre ambos se hicieron públicas en el 2006, cuando Perú Posible preparaba la candidatura presidencial para las elecciones de aquel año. Prohibida la reelección de Toledo, Waisman —también ex ministro de Defensa— se perfilaba como el candidato natural. Sin embargo, el partido optó por la independiente Jeannete Emmanuel, quien finalmente renunció.

Tras la reciente captura de Toledo en Estados Unidos, como parte del caso Odebrecht, Waisman declaró: “esta noticia nos ha colmado de felicidad y satisfacción a los 32 millones de peruanos, porque ansiábamos que la impunidad no se siga imponiendo”.

Chehade y el andar derecho
“¿Tan difícil es caminar derecho?”. Con este tuit empezó la pelea entre Ollanta Humala y su vicepresidente Omar Chehade, que terminó con la publicación de un libro —de Chehade— titulado La Gran Usurpación. El tuit había sido publicado por la entonces primera dama Nadine Heredia, quien participaría en este y otros conflictos internos del gobierno.

Omar Chehade

(Foto: GEC). 

Foto: GEC

En octubre del 2011, Chehade había sido acusado por el general en retiro de la policía Guillermo Arteta de haber organizado una reunión con otros altos mandos policiales para planear el desalojo de los trabajadores de la azucarera Andahuasi, vinculada al Grupo Wong. Chehade aceptó que hubo reuniones en el restaurante miraflorino Las Brujas de Cachiche, pero negó que se hubieran dado con fines ilícitos.

Pese a ello, Humala siguió la misma línea discursiva que su esposa y declaró que “en lo personal, pienso que haría bien en dar un paso al costado, pero eso debería nacer de él”. Luego de varias semanas, Chehade solicitó “licencia” de su cargo como segundo vicepresidente y, en enero del 2012, renunció.

Ese mismo mes, sin embargo, el Congreso rechazó su desafuero como parlamentario, tras una ajustada votación. Lo que sí aprobó fue aceptar su renuncia.

Los constantes ‘choques’ de Marisol Espinoza
Con Chehade fuera, la única vicepresidenta que quedó para asumir el gobierno en ausencia de Humala fue Marisol Espinoza. Pero durante los últimos años, su relación con el presidente y su esposa fue más que distante.

Marisol Espinoza

(Foto: GEC)

Espinoza, incluso, renunció al Partido Nacionalista en septiembre del 2015, mediante una carta enviada a su presidenta, Nadine Heredia, y publicada por el semanario Hildebrandt en sus Trece.

“La no identificación de Marisol con lo que representa el nacionalismo era más que evidente”, declaró el entonces congresista Daniel Abugattás. A principios de ese año, la revista Correo Semanal había revelado que la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI) realizaba trabajos de reglaje a diversas figuras políticas, entre ellas la vicepresidenta.

Durante el gobierno nacionalista, Espinoza también tuvo choques con el ex presidente del Consejo de Ministro Pedro Cateriano, el exministro de Economía Luis Castilla —a quien acusó de “no atender al pueblo”— y, sobre todo, con Heredia, cuando era primera dama. “Hay que tener cuidado y garantizar que la figura fundamental es la del presidente”, declaró sobre ella.

Martín Vizcarra y la lealtad
Quien también atravesó por un periodo de distancia con su gobierno fue el actual presidente, que hasta hace dos años era primer vicepresidente de Pedro Pablo Kuczynski.

Pese a haber sido una figura muy cercana durante la campaña presidencial, la cual llegó a dirigir, la crisis política por el aeropuerto de Chinchero dio lugar a un periodo de alejamiento.

Pedro Pablo Kuczynski y Martín Vizcarra (Foto: Archivo El Comercio)

Pedro Pablo Kuczynski y Martín Vizcarra (Foto: Archivo El Comercio)

Luego de que Vizcarra renunciara al Ministerio de Transportes y Comunicaciones para evitar una inminente censura —y que el gobierno decidiera no hacer cuestión de confianza por él—, la distancia se materializó en términos físicos. Vizcarra fue nombrado embajador del Perú en Canadá y observó el proceso de vacancia a PPK desde allí.

“Yo espero que pronto salga a plantear el tema, porque considero que es un hombre leal al presidente, al gobierno y a la gobernabilidad del país”, declaró sobre él Mercedes Araoz. “Mira, yo quisiera escuchar su voz, pero finalmente me dice que está trabajando. Me mandó un chat”, agregó.

Lo que Araoz reclamaba era que Vizcarra se pronunciara públicamente sobre el proceso de vacancia a PPK y sobre si renunciaría o no de llegar a concretarse. El vicepresidente, sin embargo, se mantuvo en silencio hasta que le tocó asumir la presidencia.

“Decir públicamente que no voy a renunciar se podía haber interpretado como falta de lealtad al presidente”, se justificó luego Vizcarra en entrevista con ATV.

Y sobre su ahora vicepresidenta, agregó: “[Me dijo] que renuncie. En ese punto sí había discrepancias”.

Hoy, dos años después, un nuevo 'choque' de declaraciones vuelve a poner a quien ejerce la vicepresidencia en las antípodas de la posición gubernamental. Y nuevamente a Araoz frente a Vizcarra. Los actores políticos ya toman posición. 

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