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Michael Reid: “En medio de todo, el Perú no está tan mal”

Experto en América Latina, este periodista de “The Economist” responde por qué el Perú ha ido tan lejos en la lucha anticorrupción

Michael Reid

Michael Reid sigue la actualidad de América Latina. El suicidio de García ha sido su último tema de análisis.(Foto: Alessandro Currarino/GEC)

Michael Reid es británico y escribe desde España sobre América Latina para “The Economist”. Vivió 10 años en el Perú. América Latina está siempre en su mente –su libro “El continente olvidado” es una sustanciosa demostración de ello– y le impactó el suicidio de Alan García. Hablamos de ello, de nuestra debilidad política, de la estabilidad económica y de cómo nos ven mejor de lo que nosotros nos vemos. 

Ex presidentes procesados y Alan García suicidado, ¿cómo nos ven: como país de corruptos o de justicieros? ¿Qué impresión tiene y qué impresión ha recogido?
Un poco de todo eso. Hay asombro de que haya sospechas de corrupción contra cuatro presidentes seguidos. Por otro lado, sí hay preocupación por algunos de los métodos, como el uso rutinario de la prisión preventiva. Es evidente que el Perú y Brasil son los únicos dos países que han tomado en serio el problema de la corrupción relacionado con Lava Jato.

¿Porque el caso ha sido más grave y asociado a la política, o por otras consideraciones?
Hay otras consideraciones. Si uno mira el acuerdo entre Odebrecht, Braskem y el Departamento de Justicia en EE.UU., se ve que la corrupción en el Perú no era más grande que en otros países, como Colombia, Venezuela o Ecuador. Creo que es mérito de la fiscalía y el Poder Judicial del Perú ir más lejos en investigar.

En un país donde el índice de aprobación de los políticos es muy bajo, ¿estos juicios no encarnan un afán ciudadano de ajustar cuentas con ellos?
Varios colegas de la prensa internacional me preguntan: ¿Por qué en el Perú se ha ido más lejos, conjuntamente con Brasil? Efectivamente, las instituciones y los partidos en el Perú son débiles. La población tiene una opinión muy baja de ellos, los medios son relativamente poderosos y hay renovación en el Poder Judicial. Todos esos factores juegan un papel y uno está tentado de decir que hay cierta sed de venganza. Eso es peligroso, porque lo que debe haber es una sed de justicia que debe ser clara, transparente y no politizada. Tener un Poder Judicial independiente y eficaz no solo es un bien en sí mismo, está vinculado a la eficiencia económica y a mayor prosperidad.

Todavía no acabamos de digerir el suicidio de García. En sus últimas entrevistas apeló al juicio de la historia. Comparando sus dos gobiernos, ¿cómo lo juzga?
Viví en el Perú los cinco años de su primer gobierno. García era parte de mi vida, una persona compleja, el político más dotado de talento de su generación, no solo por sus dotes de orador, sino por su concepción estratégica de la política; pero también era un hombre con defectos muy grandes, que sufrió depresiones. Un suicidio es una tragedia que entristece y hay que respetar, pero García era sobre todo un animal político y hay que entenderlo [el suicidio] como un acto político. Él quería que fuera entendido así: un intento de reivindicar su vida como político. Las investigaciones van a seguir, es demasiado temprano para hacer el juicio de la historia.

En su segundo gobierno respetó la estabilidad, promovió tratados de libre comercio.
Fue su gran mérito: aprender de los errores, entender que el mundo había cambiado y que el Perú tenía que ser parte del mundo. Hay una tendencia a subestimar la importancia de que el Perú ha mantenido un marco económico coherente y disciplinado mientras países como Argentina y Brasil lo descuidaron. La orientación a las exportaciones se mantuvo y profundizó, es otro gran pilar del éxito económico peruano.

Lo que dice desnuda nuestro pesimismo. ¿No estamos tan mal como nos pintamos?
Efectivamente, el Perú es un país muy conflictivo y muy conflictuado. Puedes recurrir a Max Hernández para el psicoanálisis colectivo. Por otro lado, hay motivos: el Estado no funciona bien, no ha habido una reforma seria y la población percibe que el país ha crecido y la calidad de los servicios públicos ha mejorado en algo, pero no lo suficiente.

Julio Cotler decía que nuestro pesimismo deriva de nuestras élites comparándose con Europa. Pero la globalización nos permite comparaciones objetivas y tendría que cambiar la perspectiva.
Latinoamérica está inmersa en un período de cierto peligro. El desastre venezolano que está delante, Brasil y México por la frustración de sus ciudadanos han elegido a gente que se presenta como salvadores de la patria y son populistas de distinto signo y de futuro incierto. En medio de todo, el Perú no está tan mal. La gran debilidad del Perú, aparte de la debilidad del Estado, es la debilidad política. Es un país casi sin partidos y esa es otra cosa por lo que la historia juzgará a Alan García, que en el fondo terminó liquidando al Apra. Alberto Vergara ha descrito cómo la carrera del político peruano tiene un horizonte muy corto y eso conlleva a un sentido de hacer negocios.

Si hablamos de política y negocios, veamos a PPK. Ha dicho que cometió lapsos éticos. ¿Qué quiso decir?
Lo escribí en un tuit. Indudablemente los cometió y probablemente constituyeron un delito. Él ha admitido consultorías cuando estaba en el gobierno y eso es inaceptable.

La fiscalía no solo habla de negocios incompatibles, sino de colusión con Odebrecht.
Eso sería gravísimo. [...] Hablé varias veces con PPK y siempre tuve dudas de él como presidente. Sentí que no era un político, era un tecnócrata, un hombre de negocios. Para mi sorpresa, llenó su Gabinete de gente como él y no políticos. Cometió una serie de errores.

Lo oí señalar la ironía de que López Obrador achaque al liberalismo algo que fue dirigido desde el Partido de los Trabajadores de Lula.
Es importante para la izquierda aprender de los errores de Dilma Rousseff, para no hablar de los de Chávez y Maduro, tan evidentes. Se inmiscuyó de forma cortoplacista y montó este ineficiente sistema alrededor de empresas grandes que tuvieron subsidios, algo inaceptable e inequitativo.

Una pregunta provocadora. ¿Sabe que aquí hay quienes desde la derecha acusan un giro caviar en “The Economist”?
En primer lugar, el término caviar dice más de la gente que lo usa que de la gente a la que está dirigido. Merece un estudio que no he hecho, por eso no entiendo bien a qué se refieren. Siempre hemos estado a favor del liberalismo inclusivo, que no debe confundirse con el libertarianismo de un Estado mínimo que no esté equipado para dar igualdad de oportunidades. La distribución de los recursos y las ventajas en el Perú fue hecha muchas veces fuera de la democracia. [...] Quiero agregar que el caso más dramático en las investigaciones es el de Toledo. Las evidencias contra él son mayores y ha contratado lobbistas y abogados en EE.UU. que venden la idea de que es una inocente víctima de una persecución politizada. Por eso insisto en la preocupación sobre la prisión preventiva. Si la lucha anticorrupción no se hace bien, puede haber un ‘backlash’ [una reacción] que la debilite. Es crucial que se haga bien.

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