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#ModoOdebrecht, la columna de Cecilia Valenzuela

Si Odebrecht está diciendo la verdad, todos los contendores de las segundas vueltas entre el 2001 y el 2016 habrían recibido dineros ilícitos para sus campañas

Marcelo Odebrecht

“Odebrecht contó, a pinceladas, la estrategia que usó para infiltrarse en los sucesivos gobiernos y candidaturas en el Perú”. (Foto: AFP)

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El domingo, en la reunión que sostuvo con los obispos peruanos, el papa Francisco preguntó: “¿Qué le pasa al Perú que cada vez que sale un presidente lo meten preso?”. Ayer, en la traducción oficial del testimonio que Marcelo Odebrecht ofreció el 9 de noviembre a fiscales peruanos en Curitiba, publicada en El Comercio, se esbozó una respuesta: la moral y la política en el Perú están reñidas, son enemigas.

Si Odebrecht está diciendo la verdad, todos los contendores de las segundas vueltas entre el 2001 y el 2016 habrían recibido dineros ilícitos para sus campañas, no bancarizados ni declarados a la ONPE. A cambio, la constructora de ‘Marcelinho’ y sus consorciadas se hicieron con la mayoría de obras de infraestructura realizadas en el Perú durante esos años. Cobraron, literalmente, lo que les dio la gana.

Hace dos meses, con total desfachatez, el mayor corruptor de los últimos tiempos en América Latina contó, a pinceladas, la estrategia que usó para infiltrarse en los sucesivos gobiernos y las candidaturas políticas con posible éxito en el Perú. Ratificó que el pie se lo dio siempre su alianza con el gobierno socialista del Partido de los Trabajadores del Brasil (PT), y le endosó a su otrora gerente en Lima, Jorge Barata, los detalles y las precisiones.

Lo de Toledo ha sido contrastado por la fiscalía. El “sano y sagrado” habría sido el más audaz: según Odebrecht y Barata, este les pidió un soborno de US$35 millones por entregarles la licitación de la Interoceánica Sur y, después de regatear, terminaron dándole US$20 millones.

Lo que pasó en el gobierno de Alan García requerirá rigor en los interrogatorios a Barata. Sin embargo, recordó una conversación muy particular: “Alan García, él siempre decía que no. [Me dijo un día] mira, Barata me está apoyando, lo agradezco… ¿sí?, ¿ok?... el apoyo de ustedes”. Y concluyó así: “No sé si [se refería] directamente a la campaña de él o a la campaña de congresistas de su partido”.

En cambio, cuando habló de Ollanta Humala –“El aporte que yo [personalmente] manejé”– dejó en claro cómo fueron avanzando sus inversiones en los partidos y gobiernos del Perú. Señaló que los US$3 millones que le entregó a Humala a iniciativa de Lula da Silva fueron algo así como su mejor inversión “al saber que nosotros éramos personas de confianza del Gobierno Brasileño, eso, de cierto modo, te abre las puertas y permite que uno tenga más acceso a él para influir”.

La frase permite entender por qué invertía tanto en el oficialismo como en la oposición: Odebrecht no solo necesitaba que los gobiernos fueran obsecuentes con sus intereses, también requería que los congresistas no se opusieran a sus andanzas.

Esa estrategia hace verosímil lo que ha dicho sobre el fujimorismo: “Tengo casi la seguridad de que le dimos alguna contribución a Keiko en su campaña y al partido”. Y como quien no quiere la cosa, ha recordado que Barata no quería que nadie se enterara de que estaban apoyando a Humala en el 2011.

Sobre PPK todavía nada contundente: que lo contrataron como consultor y conferencista cuando dejó de ser ministro de Toledo, y que no puede precisar si Barata le dio dinero cuando el actual presidente se presentó a las elecciones.

Pero si se comprobase un gran aporte a una de sus campañas, ya podría Martín Vizcarra alistar su regreso al Perú.

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