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¿Y si negaban la confianza?, la columna de José Carlos Requena

“Seguramente el ánimo ciudadano tenía la expectativa de un Congreso disuelto, acicateado por influyentes opinantes”

Salvador del Solar

El primer ministro Salvador del Solar en la sesión del pleno en la que solicitó la cuestión de confianza. (Foto: PCM)

PCM

Frente al caótico desenlace que se avizoraba en torno a la cuestión de confianza, salió a relucir el peso de las negociaciones entre voceros de distintas tiendas, que logró una relativa, momentánea calma. La votación fue sorpresivamente holgada: 77 votos a favor, 44 en contra y 3 abstenciones.

Hasta la noche del martes 4, cuando se suspendió la sesión para retomarla la mañana siguiente, fuentes parlamentarias anticipaban un desenlace estrecho. La presencia de los congresistas-ministros –Vicente Zeballos (Liberal) y Gloria Montenegro (APP)– en el hemiciclo para ejercer su derecho a voto confirma esta percepción de un final de fotografía.

¿Qué pasó entre la presentación de la hostil carta de Salvador del Solar y su presentación en el pleno? Fernando Vivas juntó información de diversos frentes: primó un ánimo que evitaba el uso de las “armas letales” (El Comercio, 8/6/2019).

María Alejandra Campos precisaba hace unos días los tres escenarios (El Comercio, 1/6/2019). Aunque como en todo ejercicio de ucronía se corra el riesgo de ser audaz, puede decirse que los respectivos desenlaces se presentaban sombríos. La poca prolijidad que el Ejecutivo ha mostrado en estos quehaceres hubiera generalizado la duda hasta un caos riesgoso.

1) Renuncia del Gabinete Del Solar y disolución del Congreso. Vizcarra hubiera tenido que convocar un nuevo grupo de ministros, algo no tan fácil si sirven de guía los recientes recambios ministeriales, en que la parsimonia y el aparentemente bajo poder de convocatoria han jugado un rol importante.

La disolución del Congreso hubiera obligado un nuevo proceso electoral, preñado de vacilación. Un Congreso elegido con las mismas reglas que ahora se quieren cambiar, seguramente originaría un resultado muy similar al del 2016. No se tendrá la primacía de un solo grupo político, pero sí un archipiélago de intereses ajenos al afán de servicio.

2) Renuncia del Gabinete, aunque sin disolución del Parlamento. En esta opción se ahorra la incertidumbre electoral, pero no la ministerial. Por lo demás, tendría al Ejecutivo en una debilitada situación: aquella de la amenaza estridente con una ejecución titubeante.

3) El Congreso declaraba improcedente el pedido de cuestión de confianza. Al hacerlo, hubiera forzado una contienda de competencias ante el Tribunal Constitucional. Como se sabe, este proceso pudo tomar un plazo relativamente prolongado, en el que no se sabría qué podría haber pasado.

Estos espacios de incertidumbre se evitaron en diálogos reservados, con actores lejos de las cámaras y los micrófonos. Vivas menciona a los congresistas César Villanueva, Juan Sheput, Javier Velásquez, Jorge del Castillo, Víctor Andrés García Belaunde, Luz Salgado, Luis Galarreta, Juan Carlos del Águila, Mauricio Mulder y Miguel Torres.

Seguramente el ánimo ciudadano tenía la expectativa de un Congreso disuelto, acicateado por influyentes opinantes. Pero la realidad obliga a pensar en todos los desenlaces, que –como se ve– eran nada alentadores.

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