Acto de contrición, por Diana Seminario
Acto de contrición, por Diana Seminario

Hoy debe definirse la suerte política de la primera ministra , y con ella el futuro del gobierno, la transición democrática y sin sobresaltos al 2016, y también la estabilidad necesaria que tanto reclaman –y requieren con justa razón– los inversionistas.

La oposición, hasta el cierre de esta columna, no contaba con los 66 votos que exige la Constitución para censurar a Ana Jara y con ella a todo el Gabinete.

El Apra (a través de la bancada de Concertación Parlamentaria), el fujimorismo y, en menor medida, el PPC y Acción Popular, son los baluartes en el pedido para censurar a la ministra. Los disidentes nacionalistas (Dignidad y Democracia), Perú Posible y, sobre todo, Solidaridad Nacional son los que tienen la sartén por el mango al momento de la definición.

Es innegable que a la oposición le sobran motivos para censurar a Jara. Es injustificable bajo todo punto de vista el ilegal seguimiento hecho desde la Dirección Nacional de Inteligencia a políticos, empresarios y periodistas. No es una buena respuesta alegar desconocimiento de la situación, pues revela poca capacidad para manejar asuntos de Estado.  Resulta inaudito escudarse en que estas malas prácticas tienen larga data. Con este razonamiento, no trataríamos de mejorar los niveles de pobreza, porque esta existe desde que el mundo es mundo. Esas no han sido buenas respuestas políticas y, persistir en ese error, sería un desatino. Hechos como este requieren de responsables políticos. Así lo reclama la oposición,  y eso es a lo que inevitablemente se debería llegar.

Siendo realistas, sería muy difícil alcanzar los votos  para dejar a Jara fuera de juego, pero esto no debería darle un respiro al Gobierno, que desde ya debe asumir que no se trata de un “perdonavidas”, sino de aritmética pura.

La figura de Jara es casi una paradoja en la política: genera consensos en la oposición para darle el tiro de gracia, y a la vez sus dotes personales y don de gentes generan tanta simpatía como voluntad de censura. Basta leer a Marisol Pérez Tello “Qué pena que sea Ana Jara, es buena persona y de los mejores cuadros del nacionalismo”. Pero igual apuesta por la censura.

Es momento entonces de asumir errores y poner todos los medios para superarlos. Es hora de un auténtico acto de contrición con verdadero ánimo de enmienda. Es difícil pedirle esto al Gobierno. No dudamos que Jara estaría dispuesta a hacerlo, pero nadie podría asegurar que el presidente y su esposa estén de acuerdo con esta medida.

El panorama es difícil, tanto para el gobierno como para la oposición, que si logra los votos, tendría que reorganizarse el Gabinete ¿con quiénes?, ¿Gabinete de consenso con figuras independientes?, ¿acaso tiene el Gobierno esa voluntad?

La única salida viable que tendría la primera ministra es pedir disculpas al país por la DINI, por los excesos verbales del presidente Humala, por la injerencia de la primera dama en asuntos de Estado y asumir el compromiso de un gobierno que tienda puentes, sin petardos desde el mismo Ejecutivo, que esté dispuesto a hacer los cambios que haya que hacer y que Jara garantice una transición democrática y ordenada.

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