El auto de los Humala
El auto de los Humala
Enrique Pasquel

La pareja presidencial está dispuesta a mucho para salvarse de las investigaciones sobre el dinero que pasó por sus manos en campaña. En los últimos días, el presidente despidió a la procuradora , sin importarle el masivo rechazo ciudadano que generaría sacar a una abogada del Estado por el solo hecho de intentar que se investigue a la primera dama.

El mismo Daniel Abugattás reconoció que se trata de “un disparo a los pies” y Ana Jara no vaciló en calificar de imprudente la decisión. Los Humala, sin embargo, parecen ya no estar dispuestos a restar en su contabilidad el descrédito público. 

Por supuesto, las consecuencias de las represalias contra la procuradora no se limitan a una mancha más en la credibilidad de la presidencia. Además, los Humala han torpedeado la institucionalidad del sistema de abogados del Estado, perdieron a un ministro y se arriesgaron a la interpelación de Pedro Cateriano. A esto hay que sumarle que pusieron a este último en una situación que lo llevó a mostrarse como un escudero más de sus nublosas finanzas partidarias, haciéndole perder legitimidad.

En su determinación por protegerse, la pareja presidencial también enfiló sus baterías contra el Tribunal Constitucional. Tanto sus abogados como la misma Nadine lo han tratado de desacreditar y sugirieron que sus vocales deberían ser candidatos a una acusación constitucional. Que con esos ataques pongan en riesgo la honorabilidad e institucionalidad del sistema de defensa de la Constitución les vale, en buen cristiano, un rábano.

De paso, por supuesto, cualquier acercamiento con la oposición que intentó Cateriano cuando asumió el cargo de primer ministro ha quedado truncado. Los ataques a la oposición han sido tan duros y tan personales que se ha vuelto muy difícil pensar en que el oficialismo podrá trabajar con el Apra o el fujimorismo para sacar adelante acuerdos de Estado. Cosa que, básicamente, inutiliza al oficialismo en el Congreso al haber perdido tantos parlamentarios.

Pareciera que los Humala fueran los conductores de un auto en medio de una persecución policial: intentan escapar a toda prisa y no les importa atropellar a quien se les ponga en frente.

Así las cosas, ¿qué podemos esperar de acá hasta el próximo 28 de julio? Con un gobierno distraído, deslegitimado y sin consensos políticos, resultará imposible adoptar medidas para dar confianza a los inversionistas los próximos meses, reactivar la economía, articular estrategias para paliar los eventuales efectos del fenómeno de El Niño o enfrentar cualquier otra crisis. Encima, es muy probable que los Humala presionen a sus ministros para tomar medidas populistas que les permitan conseguir los votos que necesitan para contar con una bancada que los proteja la siguiente administración.

Nuestro mejor escenario parece ser que, hasta el cambio de gobierno, las cosas se mantengan como vienen, mientras los Humala siguen escapando en su auto, el cual manejan sin importar las víctimas de sus imprudencias. Y, por supuesto, como los peruanos transitamos por la misma carretera, hay que ajustarnos bien los cinturones y rezar para que los ‘airbags’ funcionen.

MÁS EN POLÍTICA...

TAGS RELACIONADOS