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Bigotes en remojo, la columna de Héctor Villalobos

El Caso Odebrecht nos dejó el fin de semana un detenido, un primer prófugo, y se trajo abajo una carrera política

Bigotes en remojo, la columna de Héctor Villalobos

El Caso Odebrecht en el Perú nos dejó el fin de semana un primer detenido, un primer prófugo de la justicia, y se trajo abajo una carrera política. Edwin Luyo Barrientos, ex miembro del Comité de Licitación de la línea 1 del metro de Lima, pasará los próximos 18 meses en el penal de Ancón. Jorge Cuba Hidalgo, ex viceministro de Comunicaciones, se encuentra fugitivo de la justicia tras haber abandonado el país el pasado 24 de diciembre. Finalmente, Enrique Cornejo, ex ministro de Transportes y Comunicaciones, se aferra a su candidatura a la secretaría general del Apra pese a que, por lo menos, le alcanzarían responsabilidades políticas en este caso.

Muchos apristas vieron a Cornejo como una esperanza de recambio en la agrupación, y muchos limeños lo consideraban una opción interesante para el sillón municipal en el 2018. Hoy esas expectativas se han diluido. Alguien con aspiraciones electorales no puede ponerse a resaltar las cualidades profesionales de un prófugo de la justicia, tal como lo hizo el domingo al hablar de Cuba, quien fue su mano derecha cuando estuvo al frente del MTC.

Aun suponiendo que las consecuencias legales no lo alcancen, Cornejo, en el mejor de los escenarios, quedará como un ingenuo o un negligente por haber colocado en puestos claves al hoy fugitivo.

Lamentablemente, al sector que quería una renovación en el Partido Aprista solo le queda buscar una nueva figura que los represente o resignarse a seguir siendo dirigidos por la cúpula de siempre.

Las constantes postergaciones que sufrieron las elecciones internas en la agrupación de la estrella, y que hasta hoy no tienen una fecha definida, generan ahora la válida sospecha de que en Alfonso Ugarte ya sabían lo que se venía.

“La pita se rompe por el lado más débil”, dijo Luyo, dando a entender que hay lados más fuertes de la pita que aún no se desenredan. Tal como informó Graciela Villasís el domingo en El Comercio, la fiscalía todavía no ha determinado el destino de US$5,6 millones que gastó Odebrecht en coimas por el metro de Lima (fuera de los US$2,5 millones que cobraron Luyo y Cuba) ni los nombres de los funcionarios que recibieron ese dinero.

Ni Luyo ni Cuba son militantes apristas. No los une a la estrella ningún código de disciplina ni lazos de fraternidad partidaria. Ninguno estará dispuesto a inmolarse en prisión para blindar a ‘compañeros’ que puedan tener responsabilidad en el caso. Eso es lo que convierte a la posible colaboración eficaz de Luyo en una seria amenaza para los personajes que aún permanecen en la sombra.

A todo esto, ¿cuál fue la reacción de Alan García? El ex presidente se limitó a ponerse de costado y a reciclar el calificativo de “ratas” que utilizó cuando estalló el escándalo de los ‘petroaudios’. Nada más. Como si con él no fuera la cosa. Como si los actos de corrupción los hubiesen cometido personas ajenas a su segundo gobierno. Como si el queso no se lo hubiesen comido entre varios roedores.

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Caso #Odebrecht: #EdwinLuyo fue trasladado a penal Ancón I ►https://t.co/qv2bIdDesG pic.twitter.com/sbeMzpmImE— Política El Comercio (@Politica_ECpe) 24 de enero de 2017

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