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Todos en campaña, por Diana Seminario

El presidente Ollanta Humala aún no convoca elecciones, pero el ambiente electoral ya se vive desde hace rato

Todos en campaña, por Diana Seminario

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El presidente Ollanta Humala aún no convoca elecciones, pero el ambiente electoral ya se vive desde hace rato, empezando por el propio mandatario, quien no dudó en desempolvar sus discursos de campaña.

“Hemos roto con el viejo poder de los poderes económicos [...] Se los dije a los de arriba: voy a gobernar para los de abajo. Los de abajo me eligieron, probablemente los de arriba no quisieron, tuvieron otros candidatos”. Humala pretende remontar su alicaída aprobación apelando al discurso fácil y populista que lo colocó en el 2011 en la segunda vuelta.

Sabe que esa receta le funcionó, pero ignora que ahora es presidente y no puede seguir dirigiéndose a la población como candidato. “El viejo poder económico” no es otro que aquel que, ejercido de manera responsable, paga sus impuestos y financia la caja fiscal con la que precisamente los gobiernos están en la obligación de hacer obras y generar progreso para sus pobladores.

Keiko Fujimori, tratando de copiar la receta populista, renuncia a lo que fue una de las columnas vertebrales del gobierno de los 90, y quizá los pocos méritos que a este se le reconoce.

 “A mí no me interesa que el gran empresariado me respalde porque yo tengo el respaldo y el cariño del pueblo, que será quien me lleve a la victoria”. Este es el discurso electoral de Keiko Fujimori, en el cual ignora que si bien lo que llama “el gran empresariado” no define una elección, es el que sostiene el crecimiento de un país, y ese “cariño del pueblo” buscará ser correspondido con obras, lo que solo se logra de la mano de la inversión privada y el buen uso de los recursos. Keiko, en su comprensible esfuerzo de desligarse de todo lo que signifique el gobierno de su padre, intenta marcar distancia de la empresa privada, cuando fue precisamente en los 90 que la política de privatizaciones de Alberto Fujimori nos permitió dar un salto cualitativo.

“Queremos reducir la pobreza y ofrecemos que, al terminar el gobierno en el 2021, esta será menor al 10%, es decir, al mismo nivel de los países desarrollados”. Este fue uno de los puntos centrales del discurso de Alan García durante el lanzamiento oficial de su candidatura.

Es una promesa arriesgada, teniendo en cuenta que las grandes inversiones se han paralizado y nadie asegura que el ambiente internacional sea el más favorable para cumplir este deseo. El reclamo ante el ofrecimiento incumplido suele ser peor que la ilusión generada.

Pero García no solo sueña con un Perú con 10% de pobreza, sino que propone regular las AFP. “¿Cómo es posible que por tener más edad a uno le den una menor pensión? Necesitan regulación”. Propuesta efectista y de pronóstico reservado. El ex mandatario también apuntó a las tarjetas de crédito, con “más de 100% de interés”, tocando nervio en el consumidor peruano.

Si bien García apeló a las necesidades del ciudadano de a pie, le faltó poner énfasis en la innovación. En su intento por ser presidente por tercera vez, es momento de que esa experiencia de la que hace gala la combine con innovación y un discurso que le dé cercanía con los jóvenes, los nuevos votantes que casi siempre suelen definir una elección. Y esto recién comienza.

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