‘Déjà vu’, la columna de David Rivera
‘Déjà vu’, la columna de David Rivera
David Rivera

Y volvemos a lo mismo. Cambian los personajes, la trama se entrelaza con variantes, pero –en el fondo– es una sola historia. Ya sea , Tía María, Conga o Santa Ana. Ya sean los Morenos, los Belaundes Lossios, los Navas o los Almeidas. La crítica puede cambiar de tono. Depende de cuán bien o cuán mal nos cae el gobierno de turno. Pero no abordamos el problema real. Para algunos es aburrido. Para otros, caviar. Casi rojito.

Ya sea con gobiernos de derecha, de izquierda, de centro o indefinidos; con gobiernos premeditadamente corruptos o no, vagos o no, la historia se repetirá. No es que no haya que señalar a quienes ahora tienen la responsabilidad de que no volvamos a caer en lo mismo. Hay que hacerlo. Pero deberíamos ir un poco más allá.

No en vano más de un politólogo señaló en la primera vuelta electoral que con la misma vara con que mides serás medido. Es necesario insistir. El problema es estructural. Tenemos un Estado que no solo es ineficiente, sino pequeño si lo comparamos con nuestros pares de la Alianza del Pacífico. ¿Cómo podemos esperar que repentinamente aparecerá un salvador, alguien que nos rescatará? ¿Es verdad tanta ingenuidad, tanta necedad?

La misma ideología que nos permitió avanzar es la que nos ha dejado en este punto. Esa que afirmaba que con libertad económica e instituciones que se encargaran de resguardarla sería suficiente para despegar. Que no era necesario más. Y aquí estamos casi por un milagro. Si la virgen (China) no se aparecía, no habría habido tanto que festejar. ¿Que hemos hecho bien parte de la tarea? Qué duda cabe. ¿Podemos esperar más? Deberíamos.

Es hora de que abramos el debate sobre el tamaño del Estado. ¿Que necesitamos uno más eficiente? Sin duda. Pero necesitamos también más Estado. Y pronto. Podemos decidir evadir el tema. Creer nuevamente en fórmulas mágicas demostradamente fallidas. Luego no nos quejemos. Dejémonos de demagogias de derecha.

Sobre los partidos, la institucionalidad, la lucha contra la corrupción, Transparencia ha dado el primer paso con sus propuestas del Plan 32. La comisión Vega seguramente también dará recomendaciones que será necesario implementar. Sin esos cambios no tendría mucho sentido soñar con que algo de fondo cambiará.

¿Queremos un país moderno? ¿Queremos menos Congas, Tías Marías, Santas Anas y Las Bambas? ¿No más Morenos, Belaundes Lossios, Navas y Almeidas? Necesitamos más Estado, más presente, más eficiente y más transparente. Necesitamos más partidos y más institucionalidad. Y mucho menos necedad.

En el mundo hay ejemplos suficientes del camino más seguro hacia el desarrollo. ¿Nos logrará encaminar la necesidad de ingresar a la OCDE? Ojalá. Aunque deberíamos esperar un poco más. Tenemos un gobierno liderado por gente honesta y de buena voluntad. Con ganas de reformar. Si no termina atrapado por dogmas, alguna sorpresa nos puede dar.

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