‘Dinileaks’ y el hombre invisible, por Enrique Pasquel
‘Dinileaks’ y el hombre invisible, por Enrique Pasquel
Enrique Pasquel

Que este gobierno y los dos anteriores utilizaron nuestros tributos para financiar que armaba expedientes de inteligencia sobre políticos, empresarios y periodistas es ya un hecho probado y conocido. Uno tan claro como que este minucioso y prolongado trabajo no cumplió ninguna finalidad relacionada con la seguridad nacional, lo cual resulta una perversión de los servicios de inteligencia. Y ya se puede imaginar usted, señor lector,  para qué fines poco pudorosos.

Frente a esta revelación, cualquier gobernante que mantenga la capacidad de ruborizarse haría sus mayores esfuerzos para revelar, procesar y encarcelar a los responsables  últimos de que sus agentes de inteligencia metiesen sus entrometidas narices donde no les correspondía. Pero no es lo que ocurre en nuestro querido Perú. Aquí, el hace alarde de su inagotable capacidad para desviar la mirada y pretende cerrar el asunto destituyendo a jefes de inteligencia que fueron nombrados posteriormente a que ocurriese la mayor parte de estos vergonzosos hechos. Es decir, a funcionarios que comparten la responsabilidad pero que no pueden haber sido quienes dieron la orden, en última instancia, de usar la en contra de los ciudadanos a quienes debería estar protegiendo. Y probablemente –como se rumorea– la próxima semana se pretenda poner punto final a los cuestionamientos que hoy no dejan respirar al oficialismo con la renuncia de Ana Jara, quien es responsable política de no haberse dado cuenta de que se usaba perversamente al servicio de inteligencia, pero a quien tampoco se le puede achacar más responsabilidad que esa, pues ella también se encuentra en la lista de los espiados.

Diese la impresión de que el señor Humala no es consciente de que si no se revela al real responsable de estos sucesos, probablemente no nos quedará más que pensar que es él  quien ordenó estas execrables acciones. De hecho, lo que muchos peruanos ya se preguntan es: ¿Si el presidente no estuvo involucrado, por qué no pone a derecho a los verdaderos culpables? ¿No es sospechoso que el señor Humala no supiera de esto si él llenó a la DINI de su gente? ¿Y será mucha coincidencia que él decidiese elevar los gastos reservados de esta institución en 776%?

Por supuesto, que el presidente no sea responsable es una posibilidad. Podría ser una víctima de un poder paralelo que espía a los ciudadanos a sus espaldas. Pero, en ese caso, no está haciendo todo lo posible por convencernos de esa versión de los hechos y de que quiere atrapar a los culpables. Se encuentra, más bien, pasmado. Como creyendo que si cierra los ojos y lo desea con mucha fuerza se volverá invisible para la opinión pública. Pero lo cierto es que el don de la invisibilidad es uno que, pese a sus denodados esfuerzos, aún no ha desarrollado. Y, así, todos los ciudadanos lo vemos tal como está: congelado y sin saber exactamente qué hacer.

Apena que el presidente esté colaborando a la causa de quienes buscan que se convierta en un asiduo visitante del Palacio de Justicia una vez que deje el poder. Aunque, para ser francos, lo más probable es que no sea exactamente pena el sentimiento que despierte esta última posibilidad a quien vea los hechos con un poco de suspicacia.

PD:  Señores García y Toledo,  ¿qué hacen tan callados, no creen que también nos deben explicaciones?

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