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Dos botones, la columna de David Rivera

Posibilidad de evaluar una ley que controle las fusiones ha abierto el debate sobre los pros y contras de una regulación así

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La posibilidad de que en el Perú se evalúe una ley que controle las fusiones ha abierto el debate sobre los pros y contras de una regulación así. Quienes se oponen han recurrido a los clásicos fantasmas: discrecionalidad del regulador, impacto sobre las inversiones y el crecimiento, justificación del costo de implementarla. Hay dos debates de fondo.

El primero tiene que ver con la capacidad del mercado para generar beneficios lo más equitativos posibles en la sociedad. Desde los 90 se instaló en el Perú la idea de que el mercado lo podía casi todo. Y si no era así, si, por ejemplo, permanecía un monopolio, era porque el tamaño del mercado solo daba para eso.

No es cierto que la existencia de monopolios, duopolios u oligopolios sea necesariamente reflejo del tamaño de un mercado. Pudo serlo en los 90. Ahora no. Veamos, por ejemplo, lo sucedido con las telecomunicaciones. Durante dos décadas se hicieron esfuerzos (como la licitación de bandas) para que existieran tres operadores de celulares. La historia solía terminar con la compra de alguno de ellos por una de las empresas dominantes. Eso cambió cuando el Ministerio de Transportes y Comunicaciones y el Osiptel decidieron implementar una serie de regulaciones que, si bien afectaban el duopolio, favorecían el acceso al mercado de un tercer operador, Entel. Es cierto que el crecimiento económico y de la demanda interna han jugado un rol en ello, pero sin esas regulaciones ese mayor mercado hubiese terminado en manos de Telefónica o Claro. ¿Se han caído las inversiones? No, la mayor competencia las ha estimulado. Y hoy los consumidores gozamos de más oportunidades y menores tarifas.

Lección. El mercado puede estar preparado para más empresas, pero se necesita un Estado enfocado en la competencia y en los consumidores para crear las condiciones adecuadas para la inversión. Cuando eso sucede, ni una ley que controla las fusiones es una limitante para la inversión. Si no, veamos lo ocurrido en el sector eléctrico.

En un informe de Moisés Navarro publicado en la revista “Poder” en junio, se da cuenta del conflicto suscitado entre los principales jugadores del sector eléctrico por la intención de Luz del Sur de participar en la licitación de la central de Quillabamba. Las demás empresas se valieron de la ley que regula las fusiones solo en este sector para oponerse y pedir que, de ser el caso, LDS formase una empresa independiente y que esta licitase la energía generada, tal como sucedió cuando Endesa (hoy Enel) terminó de dueña de Edelnor.

El informe de Navarro revela además que Indecopi ha revisado cerca de 15 casos de concentración en el sector eléctrico y que la mayoría han sido permitidos. ¿Eso ha desincentivado la inversión? No. Por el contrario, el drama del sector eléctrico hoy en día es el exceso de oferta existente. Porque las buenas regulaciones, y entre ellas una que controle las fusiones, no desincentivan la inversión. Lo que hacen es promoverla a través de una mayor competencia.

Para llegar a esa conclusión solo hay que mirar al propio mercado, a las propias empresas y a los consumidores. Y, claro, hay que mirar al mundo. Algo que, de un tiempo a esta parte, nuestros “ideólogos” del libre mercado no suelen querer hacer.

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