Martos, provinciano cajamarquino y militar, sí fue humilde, pero para buscar el abrazo del Congreso. (Foto: PCM)
Martos, provinciano cajamarquino y militar, sí fue humilde, pero para buscar el abrazo del Congreso. (Foto: PCM)
Jaime de Althaus

Analista político

Según un gráfico del “Financial Times”, el Perú ya es el país del mundo con más muertes por millón de habitantes. Y uno de los que ha tenido la mayor caída económica. Ante golpes de la realidad de esta magnitud, no cabe sino reaccionar con humildad, reconocer los malos resultados y buscar ayuda para enmendar estrategias.

El presidente no lo hizo en su mensaje de 28 de julio. Cateriano anunció que gremios empresariales se incorporarían en el Comando COVID-19, pero no ha ocurrido. Limeño, abogado y liberal, su largo discurso lleno de proyectos despertó expectativas en los sectores económicos pero, sin inteligencia política, pasó por alto el tema sanitario y las angustias inmediatas.

Martos, provinciano cajamarquino y militar, sí fue humilde, pero para buscar el abrazo del Congreso, y lo logró, a costa de esconder el tema minero, como si el gran remedio que necesitamos fuera un veneno, claro síntoma de la gravedad de la enfermedad ideológica que afecta a lo que queda de la clase política.

Pidió ayuda a los congresistas para trabajar junto con los ministros encargados de cada región. Eso estuvo muy bien, pero en la estrategia sanitaria que presentó no aparecen el sector privado ni la sociedad civil para ayudar con organización social, tecnología de seguimiento y logística a fin de que la Operación Tayta, por ejemplo, alcance mucho más potencia de la que tiene. Se insiste en cargar en la población y los negocios el peso de las responsabilidades, y no se pide ayuda para dar la batalla con éxito ni en el plano sanitario ni en el económico.

Porque tampoco se le pide al sector financiero que ayude en la distribución del segundo bono universal –que debió darse hace dos meses- por medio de billeteras electrónicas que eliminen aglomeraciones y traigan inclusión financiera. Ni se convocó al sector privado para diseñar una estrategia de recuperación, que no existe. Se necesita grandes proyectos de inversión y facilitar la pequeña y mediana actividad. La economía no se va a recuperar a través de programas y proyectos estatales, ni beneficiando con compras estatales a 14 mil mypes, que son el 0,5% de las 3 millones que hay, ni con más programas sociales y de empleo.

El mejor programa social es una recuperación económica acelerada que genere empleos rápidamente gracias a la simplificación de regulaciones y la flexibilización de la contratación de personal. Esto, sin embargo, tiene que ser una demanda de las desorganizadas mypes y para eso sí podría funcionar la “Mesa Ejecutiva para el desarrollo de las mypes” que el primer ministro anunció, para resolver las barreras y “aspectos de regulación”. ¡Ojalá!

El abrazo del Congreso mejoró el clima, pero puede convertirse en el abrazo del oso. Donde la víctima, si se aprueban los proyectos de ley en curso, va a ser la recuperación económica nacional. Como decía ayer Diego Macera, es fácil destruir pero difícil reconstruir. Y si a la destrucción ocasionada por la pandemia sumamos los efectos deletéreos de leyes populistas, la reconstrucción será muy difícil y traumática.

Para que el abrazo no sea mortal, Martos debió convertirlo en un acuerdo para sacar una agenda legislativa conjunta, constructiva. Tiene que hacerlo.