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El garante y el garantizado, la columna de Héctor Villalobos

Hoy, alejados del poder, acorralados por los procesos judiciales, los aliados del ayer son protagonistas de una paradoja

El garante y el garantizado, la columna de Héctor Villalobos

A fines de marzo del 2011, cuando los resultados de las encuestas electorales  mostraban  un repunte del hasta entonces rezagado candidato Ollanta Humala, su competidor Alejandro Toledo vio una oportunidad propicia para marcar la cancha de una eventual segunda vuelta y recuperar los puntos que estaba empezando a perder.

“Quiero estabilidad en democracia. Señores: no regresemos al pasado. No demos un salto al vacío”, dijo en aquel entonces Toledo en una conferencia de prensa que más parecía un mensaje a la nación. El ex mandatario, que buscaba un segundo período, advertía a la población del peligro de optar por un modelo estatista y la instaba a elegir el modelo que, según él, era representado por su opción política: el del crecimiento sostenido.

Toledo repitió la muletilla del “salto al vacío” hasta el último día de aquella primera vuelta de la campaña. Sin embargo, como por arte de magia, su temor al abismo, al chavismo y a los modelos trasnochados se disipó en cuestión de horas. El 10 de abril del 2011, casi inmediatamente después de difundirse el flash electoral que confirmaba que la segunda vuelta la disputarían Humala y Keiko Fujimori, Toledo se despojó rápidamente de su vincha y se puso el polo rojo que por aquel entonces todavía distinguía el líder nacionalista. Al final, lo único que saltó al vacío fue la carrera política de Toledo, quien cumplió para Humala el rol que Fernando Olivera cumplió para él en el 2006. Quien había ostentado durante cinco años la máxima investidura del país decidió convertirse en el ‘Popy’ de Ollanta, todo con tal de mantener una cuota de poder.

Tras el triunfo de Humala, el líder de la chacana se autoproclamó “garante de la democracia en el Perú, sin ser presidente” (entrevista con el diario “La Tercera” de Chile del 26/7/2011).

Durante los cuatro años siguientes tuvimos el cogobierno del garante y del garantizado. La alianza entre Gana Perú y Perú Posible era negada casi con vergüenza por sus propios integrantes pero era gritada a voces en cada votación consensuada entre olla y chacana en el Congreso, y en el bloqueo cómplice de cualquier iniciativa fiscalizadora que involucrara al gobierno nacionalista o al líder peruposibilista. Humala agradeció el apoyo de Toledo nombrando en su primer Gabinete a Daniel Mora y Rudecindo Vega y posteriormente a Carmen Omonte.

La alianza comenzó a perder peso cuando los transfuguismos en ambas bancadas minaron sus capacidades numéricas en el Parlamento. Ya no se necesitaban el uno al otro. A medida que se acercaba la campaña electoral del 2016, a ninguno le convenía cargar con la mochila ajena. El divorcio fue inminente.

Hoy, alejados del poder,  acorralados por los procesos judiciales, los aliados del ayer son protagonistas de una paradoja. Humala, quien está en el país, no puede salir de él salvo que un juez le dé permiso. Toledo, quien está fuera del Perú, podría retornar de manera forzosa si es que un juez decide ordenarlo.

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#PPK supervisó ensamblado de puente en autopista Ramiro Prialé ►https://t.co/ezRUr1bf5s pic.twitter.com/d6Vt9vGUWd— Política El Comercio (@Politica_ECpe) 7 de febrero de 2017

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