Congreso descontó más de S/ 33 mil por inasistencias - 1
Congreso descontó más de S/ 33 mil por inasistencias - 1
Fernando Tuesta Soldevilla

Profesor de Ciencia Política de la PUCP

Es algo que nunca se ha escuchado en el Congreso, pese a que tenemos treinta y seis representantes, el mayor número en todo el país. No los vemos en problemas cruciales de Lima, como el de los peajes en Puente Piedra, ni en estos días en San Juan de Lurigancho, por el desborde del río Huaycoloro y menos en Chosica y Chaclacayo, dos distritos castigados por las inclemencias de la naturaleza. Pero si tuvieran pronta e inmediata presencia, se estorbarían unos a otros. Más que resolver, crearían problemas.

Por un lado, en estos temas se demanda la presencia de los alcaldes o ministros. A los parlamentarios, no. Es más, un parlamentario que quisiera cumplir su función de representación no sabría por dónde empezar. Por Ancón, Villa El Salvador, Breña, Miraflores u otro de los cuarenta y dos distritos y, a lo más, harían visitas fugaces. Por eso nuestros parlamentarios limeños discuten sobre los llamados problemas nacionales (Lava Jato, censura presidencial) y no los que aquejan a los habitantes de la capital.

Esto sucede cuando muchos (36 parlamentarios) representan a otros muchos (poco menos de siete millones de electores). Según la última elección, se tiene un parlamentario limeño por cada 191 mil electores, índice de relación extremadamente alto. Se podría dividir Lima en agrupamiento de distritos, teniendo una docena de ellos con unos tres parlamentarios, a través de los cuales se puedan canalizar los intereses y demandas de sus representados.

Sin embargo, la alta relación se mantendría. Para que esto mejore, se requiere aumentar el número de parlamentarios que así podrían representar a menos electores. En este escenario difícilmente un parlamentario escapará de su función y la semana de representación no será, para los limeños, un tiempo informal de vacaciones o paseos por otras circunscripciones que no les corresponden.

Los parlamentos crecen cada cierto tiempo en la medida en que sus poblaciones lo hacen, de lo contrario se convierten en subrepresentativos, como el nuestro. Si a inicios de los noventa un diputado representaba a 55.629 electores, en la actualidad un congresista representa a 176.923 electores. Tres veces más. Por donde se lo mire, un Congreso de 130 parlamentarios no tiene relación con una población de cerca de 32 millones y un electorado de 23 millones. Crecer para mejorar la representación es una necesidad ineludible.

Si mejorar la representación por el lado poblacional resulta importante, es igualmente fundamental hacer lo propio con la representación territorial. Así, con independencia de la población y tamaño geográfico, debemos tener parlamentarios, dos o tres por cada circunscripción. Esto podría ser el origen del Senado, como el anterior con una Cámara de Diputados. En pocas palabras encaminarnos al bicameralismo. Se puede conseguir un buen edificio institucional, pero por sí mismo no puede garantizar la calidad del Congreso. Lo importante es quiénes lo habitan. Esa es tarea de los electores. Nadie puede suplirlos, pero tampoco estos pueden eludir su responsabilidad.

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