“La hora de Zavala”, la columna de Diana Seminario
“La hora de Zavala”, la columna de Diana Seminario
Diana Seminario

Analista política

Si creíamos que con el fin del turbulento año electoral y con la reunión del Acuerdo Nacional la última semana del 2016 podríamos tener una tregua en nuestras continuas controversias políticas, estamos equivocados.

El año no solo concluyó con el ansiado encuentro entre el presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) y Keiko Fujimori, que pese a los dislates posteriores del mandatario nos trajo la ligera esperanza de que es posible llegar a acuerdos, sino que también se despidió con una tormenta.

Las revelaciones de actos de corrupción por parte de la empresa Odebrecht, que involucran a los tres últimos gobiernos del Perú, sugieren que, si creíamos que ya lo habíamos visto todo en cuanto a escándalos, parece que los mejores capítulos de esta telenovela brasileña recién están por venir. Y las consecuencias de su contenido podrían ser nefastas no solo para la vida política del país, sino también para la gobernabilidad y la tan esquiva estabilidad.

Lo que hasta ahora sabemos es que los sobornos confesados por Odebrecht ascienden a US$29 millones, 20 millones de los cuales se dieron durante la administración 2001–2006 (gobierno del presidente Alejandro Toledo).

La mala noticia es que precisamente durante ese período el actual presidente de la República fue ministro de Economía y presidente del Consejo de Ministros. Bajo ningún punto de vista estamos sugiriendo algún acto indebido cometido por PPK, pero lamentablemente el tema le salpicará.

Como anotó la semana pasada Aldo Mariátegui en una de sus columnas, cuando Kuczynski fue ministro de Economía se exoneró del SNIP a la carretera Interoceánica del Sur, obra ejecutada por Odebrecht que inicialmente costaba US$800 millones, pero al final costó el triple.

Según recordó Mariátegui, PPK no firmó la norma de exoneración por encontrarse de viaje. El entonces viceministro de Hacienda Luis Carranza renunció por oponerse a la medida.

Los funcionarios de los gobiernos de Alan García y Ollanta Humala también deberán ser exhaustivamente investigados y los culpables asumir sus responsabilidades. Pero el hecho de que el presidente Kuczynski haya sido uno de los más importantes funcionarios del gobierno en el que se dieron las coimas más abultadas lo pone en una delicada situación. Dada su investidura, generará no solo ruido político, sino que también podría crear una peligrosa inestabilidad si la actual administración no tiene los reflejos políticos necesarios.

Hacerle frente al escándalo que se viene requerirá no solo cintura política, sino también un impecable manejo de crisis. Ha llegado la hora de que el primer ministro Fernando Zavala se despoje de su traje de técnico y se vista con el de estadista.

Preocupa su declaración “No estoy acá para hacer política”. Lamentamos decirle, señor primer ministro, que precisamente lo que tiene que hacer ahora es política. Si no sujeta bien el timón durante la tormenta Odebrecht, el barco puede zozobrar y nadie en su sano juicio quiere que esto ocurra.

No basta con apoyar las indagaciones, se tiene que tener una posición clara y sólida y sostener a un gobierno y a un presidente que se verán tocados por el escándalo.

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