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Humala y el sadomasoquismo peruano, por Juan Paredes Castro

Su mayor frustración es que Nadine Heredia no lograra la postulación presidencial inmediata que tanto quiso

Humala y el sadomasoquismo peruano, por Juan Paredes Castro

Humala y el sadomasoquismo peruano, por Juan Paredes Castro

Las votaciones presidenciales y parlamentarias en el Perú encierran tal grado de sadomasoquismo que los electores terminamos viviendo, por cinco años, la orgía de la incertidumbre.

Todo queda librado al azar, a la improvisación, a la informalidad y a la huachafería de un presidente, como Humala, que juró por una Constitución inexistente y de parlamentarios que hacen el ridículo jurando por todo, menos por lo que deben.

Hasta en las pocas veces en que asoma una fresca brisa de confianza y de sentido de futuro, como la que promete la presidencia de Pedro Pablo Kuczynski, no podemos dejar de hacernos la señal de la cruz.

No en vano Kuczynski preferiría despachar momentáneamente desde su casa que desde Palacio de Gobierno. Sabemos, como él, que este se ha vuelto por dentro, en sus lóbregos ambientes burocráticos, lo menos funcional para una gestión moderna. Salvo unos pocos salones de uso protocolar, lo demás es lo más cercano a una casa militar y lo más lejano a una real y respetable sede de Gobierno.

De este palacio echado al abandono que le da lo mismo que un cuartel saldrá Ollanta Humala en 96 horas más, después de vivir allí mil ochocientos días sin haber podido ser el Hugo Chávez de reelecciones continuas ni el Néstor Kirchner que sirviera en bandeja la siguiente presidencia a su mujer ni el héroe de la gran transformación que cambió por una hoja de ruta democrática que nunca entendió.

¿Por qué se sentiría frustrado Humala? ¿Quizá por liquidar la casi mágica oportunidad de devolvernos el país seguro, reconciliado y sin corrupción que prometió en sus campañas del 2006 y el 2011? ¡¡¡Nooo!!! Su mayor frustración es que Nadine Heredia no lograra la postulación presidencial inmediata que tanto quiso y que como cogobernante de facto ella haya acabado investigada por lavado de activos. Humala hubiera deseado, además, no tener que tolerar a la prensa independiente y a todas las formas democráticas que siempre le parecieron insoportables.

Los escasos saldos buenos de su gobierno en educación y en infraestructura no son golondrinas que hagan verano en el pesado azote invernal de desaprobación y desencanto que nos deja la gestión de Humala.

El mismo recurrente sadomasoquismo electoral, creador de incertidumbres quinquenales, que llevó precisamente a Humala al poder, podría, de aquí a un nuevo tiempo, arrastrarnos a una aventura política similar, si desde ahora no emprendemos una decisiva reforma política, incluida la electoral.

Necesitamos el compromiso serio de la Presidencia de la República y del Congreso, de los partidos que son y no son, y por supuesto de los demás poderes y de la sociedad civil, en la construcción de una agenda de puntos mínimos comunes capaces de hacer dignamente representables a nuestros elegidos y realmente civilizado, antes que domesticado, nuestro sistema democrático e institucional.

Propongámonos alguna vez hacer Estado, que es muy difícil, pero no imposible.

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