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La mochila del JNE, por Juan Paredes Castro

Del JNE depende que Acuña y Guzmán sigan en la contienda electoral o salgan de ella, legalmente

La mochila del JNE, por Juan Paredes Castro

La mochila del JNE, por Juan Paredes Castro

El Jurado Nacional de Elecciones carga hoy en día una mochila liviana y transparente. Nada que nos recuerde a aquella otra pesada del 90 al 2000, cuando era pieza clave de los intereses autoritarios reeleccionistas, con toda la vista gorda y todas las mañas que se le descubrieron.

Recuerdo ahora, como si fuera ayer, que el actual presidente del JNE, el respetable magistrado Francisco Távara, rectificó a tiempo una opinión suya de la que quiso servirse la primera dama, Nadine Heredia, para madurar, al segundo año del actual gobierno, todavía en olor a popularidad y primavera, su proyecto de postulación presidencial.

Távara dijo entonces que una ley es una norma de menor jerarquía respecto de la Constitución. Nada del otro mundo. La pareja presidencial consideró, ni corta ni perezosa, que esa ley a la que aludía Távara y que expresamente prohíbe la postulación inmediata de los parientes directos del mandatario en funciones, podía revertirse por la vía constitucional. Así operaba la tentación continuista.

De no haber puesto Távara ese parche, hoy tendríamos, en medio de una trifulca de “marca mayor”, a una desgastada primera dama pretendiendo impulsar la “reelección conyugal”. Su tenacidad para hacerlo habría sido tanto o mayor que la empleada para impedir que sus agendas sean investigadas. Veríamos hoy al Partido Nacionalista exigiendo a empellones la inscripción de la señora Heredia, no importa si con 10% de aprobación y menos de 2% de intención de voto.

El JNE debe ahora revisar las mochilas de los candidatos presidenciales César Acuña y Julio Guzmán, en el grado de las faltas e infracciones que estos y/o  sus partidos hayan incurrido. Del JNE depende que Acuña y Guzmán sigan en la contienda electoral o salgan de ella, legalmente. No tendrá que fallar, eso sí, según la tribuna que más condene a uno ni según la tribuna que más aplauda a otro. En el rol del JNE esta no es una cuestión de opinión pública, sino de administración de justicia electoral.

Por el momento sabemos más de la mochila que carga Acuña que de la desconocida que porta Guzmán, respecto de su presente y pasado. Su sorpresivo salto al segundo lugar sobre Kuczynski  y  Acuña, no es cualquier cosa. Si un impredecible Guzmán llegara a ser gobierno, gracias a un imprevisible electorado, no quisiéramos encontrarnos con una jabalina lanzada al aire, como lo fue Humala el 2011, para cuyo gobierno él trabajó durante dos años en altos cargos de confianza.

 Le toca también al JNE poner su propia mochila sobre la mesa para probar no solo cuán liviana la tiene, sino cuán pesada puede volverse a partir de sus próximos fallos, que deberán sellar electoralmente la suerte de Acuña y Guzmán. No tiene que hacerlo respondiendo a los juicios de aquí y de allá, que los hay de todo, acertados y equivocados, sino a los juicios propios, a aquellos que nos hagan confiar en un JNE digno y respetable durante el largo y tenso tramo electoral que queda.

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