Con los pantalones abajo, por Cecilia Valenzuela
Con los pantalones abajo, por Cecilia Valenzuela

Todavía era de noche cuando la columna senderista que atacó la víspera de las elecciones en el detuvo a tiros al vehículo que encabezaba la caravana militar que transportaba material electoral en las lejanías de la provincia de Huancayo, en Junín. En un abrir y cerrar de ojos, el chofer del primero de los cuatro automóviles que viajaban entre los pueblos de Santo Domingo de Acobamba y Matichacra fue acribillado; y antes de que los soldados que venían detrás atinaran a disparar, una carga explosiva hizo volar el segundo vehículo.

La célula terrorista que emboscó y asesinó a dos civiles y nueve militares el último 9 de abril esperó a la patrulla del Ejército que había partido en caravana, con una carga explosiva enterrada en el camino. Eso indica que conocía el día y la hora aproximada  de su desplazamiento.

En medio de la oscuridad: la de la noche, y aquella en la que se mueven, a tientas, a falta de información de inteligencia, los soldados que patrullan bajo las órdenes del actual Comando Especial Vraem; los senderistas abrieron fuego e hirieron a un teniente y a cuatro suboficiales del EP. Los soldados que habían buscado refugio entre la maleza corrieron peor suerte, cuando los terroristas los encontraron, los mataron y les quitaron sus armas.

En este momento, la columna senderista que atacó a nuestras Fuerzas Armadas y que comanda el terrorista ‘Julio Pucañahui’ está ilesa y tiene en su poder seis fusiles de largo alcance arrebatados a nuestros soldados.

A pesar de todo el presupuesto que este gobierno ha invertido e invierte, sin que se audite, en el Comando Especial Vraem, el 9 de abril Sendero Luminoso cumplió con su tradición de atentar contra el Estado Peruano los días previos a las elecciones generales y con el objetivo de quitarle armamento de última generación al Ejército del Perú.

En esa zona de guerra se ha dejado de producir inteligencia de alta calidad. El Comando Especial Vraem cayó en el triunfalismo: ese mismo 9 de abril hubo otro atentado en Llochegua, en Huanta, Ayacucho, en el que SL atacó dos Hovercraft de la Marina de Guerra que transportaban personal, dejando herido a un suboficial de la Armada Peruana y causando daños, alrededor de 30 impactos de bala, en la popa de uno de los Hovercraft.

Seguridad del Estado y el Frente Policial Vraem se han lavado las manos filtrando una nota de inteligencia que ellos entregaron al Comando Conjunto en marzo, y en la que se abunda en generalidades: la nota advierte de un “posible accionar violentista en las jurisdicciones del Vraem y del Huallaga”. ¡Eso implica cinco regiones del país! Y describe las rutas de todos los caminos que cruzan ambos valles.

Es inaceptable, los terroristas han retomado la iniciativa, y son los que están produciendo mejor inteligencia, precisa y predictiva, en la zona más convulsionada de nuestro país: el terrorista ‘Pucañahui’ tenía información, conocía el itinerario de la patrulla que atacó y ejecutó un plan porque la estaba esperando; de lo contrario, no hubiera sabido dónde enterrar la dinamita con la que voló en pedazos uno de sus vehículos. 

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